Deslumbró con su ópera prima, 15 días contigo, protagonizada por dos marginales. Desconcertó con la siguiente, Skizo, que era una curiosa incursión en el cine de género. Jesús Ponce (Sevilla, 1971) forma parte de esa nueva generación de cineastas andaluces, que tienen en la realidad su máximo referente, aunque también ha demostrado que le gusta moverse por otros terrenos. Con enorme sencillez y honestidad, el director nos habla de Déjate caer, película que ahora se estrena, con la que vuelve a los lugares y gentes que mejor conoce. En esta ocasión, se adentra en el complicado terreno de la comedia. Aunque, siempre, con un fondo trascendente detrás.
Por Manuel Barrero.

—Tras Skizo, vuelves a un tipo de cine más realista, de la calle. ¿Te sientes más cómodo en este terreno?
—Siento que es más mío, desde el origen. Pero Skizo no es una película de la que reniegue, para nada. Fue de encargo y con un guión ajeno, pero está hecha con mucho cariño. Y la productora me trató muy, muy bien. Pero sí que vuelvo al origen, a lo que me sale de dentro, a los personajes que conozco, y a rodar en el sur. Pero también a deslocalizarme.
—En esta ocasión has optado por un tono mucho más cómico que en 15 días contigo. ¿Qué puede aportar la comedia a este tipo de historias?
—La comedia puede aportar, básicamente, drama. Lo que para nosotros es comedia, es el drama de los personajes. La comedia despierta los sentidos y la inteligencia, se convierte en una forma de reivindicar y conmover. Aunque la película esté en clave cómica, hay un fondo que refleja unos parámetros de la sociedad. Pero, además, es muy accesible, y muy fácil de ver. Yo hago cine para que se entienda. No lo hago para mí, para verlo en el salón de mi casa; ni para cuatro intelectuales. El humor inteligente no debe resultar insultante o zafio, pero tampoco elitista..

—¿Por qué un final feliz?
—¿Tú crees que es feliz? No sé, si ese es el futuro que les espera...
—Relativamente feliz... ellos han evolucionado, han madurado.
—O han pasado por el aro. Yo siempre hago de abogado del diablo. Si me dijeras que han pasado por el aro, te diría que tampoco están tan mal. Hay un final, que cada uno ve de una manera, según las circunstancias. Por ejemplo, en el pase del Festival de Sevilla, hubo un debate entre varios actores sobre si el final era feliz o no... y yo me lo pasaba pipa.
—¿Cómo se te ocurrió utilizar el banco cómo símbolo?
—Porque creo que es universal. Cuando vivía en Madrid, en la plaza de Oporto de Carabanchel, estaban ahí en el banco. Y cuando vivía en Sevilla (ya fuera en Pio XII o en la Puerta Osario), igual. Y cuando estuve en Buenos Aires, alojado en un hotel en frente del Obelisco, lo mismo. Creo que son personajes universales, y el banco siempre está ahí. Es un punto en el que sentarse, y ver la vida pasar. Una casita gratis en la calle, como los personajes de 15 días contigo.
"La comedia despierta los sentidos y la inteligencia, se convierte en una forma de reivindicar y conmover. Aunque la película esté en clave cómica, hay un fondo que refleja unos parámetros de la sociedad"
—Hay un detalle, que no se suele dar mucho en este tipo de películas. Y es que responsabilizas mucho más a los sujetos, que a los factores externos.
—Pero tampoco los juzgo. Yo no sé si es una suma de elementos. A lo mejor, si a estos chavales se les incentivaran un poco sus inquietudes, hubieran llegado a más. O no, puede que hubieran llegado a menos. Siempre están los dos factores: el externo, y uno mismo. Incluso gente que ha sufrido multitud de vicisitudes desde su infancia, después tiene la oportunidad de levantarse del banco, y andar (salvo excepciones). Hay una edad, por la que todos hemos pasado, en la que está muy bien estar en el banco con la cerveza, mirando la vida, y estando en contra del mundo. Pero, al final, todo el mundo emprende su camino. Pero aquí hay tres que se quedan en el banco.

—¿Fue tuya la decisión de que no todos los intérpretes fueran andaluces? Y si fue así, ¿por qué?
—Lo que se plantea es desfocalizar la película. Y es que el germen de esta historia surge en Buenos Aires, aunque luego los personajes me recuerdan a los de mi barrio. Y después me los reencuentro en Madrid. Y también hay una serie de películas con las que me voy reencontrando poco a poco, como Malas Calles, Los inútiles... Que sean andaluces o no, da igual. Sería difícil determinar cuál de los tres es de Jaén. Es fácil saber que Iván (Massagué), por su apellido, es catalán. Y que Darío (Paso) es madrileño, porque llevamos viéndolo toda la vida. Pero si no los conocieras, sería difícil determinar de dónde es cada uno.
—Has vuelto a contar con Isabel Ampudia, una vez más. No te voy a preguntar lo de actriz fetiche o lo de musa, pero si me gustaría saber cómo se inició vuestra relación.
—La conocí hace muchísimos años, en una fiesta de homenaje a Pilar Bardem, en Andalucía. Allí, me la presentó una amiga. Tiempo después, la Filmoteca de Andalucía me llamó para dar un curso de interpretación, y yo me encargaba de la parte técnica ante la cámara. E Isabel se encargaba de la parte actoral. Con aquellos alumnos surgió la posibilidad de hacer un corto, y a partir de entonces... hasta he hecho publicidad con ella. Siempre me dicen lo de actriz fetiche, o musa... pero la razón por la que trabajo con ella es porque es muy buena actriz, es muy fácil de tratar, y somos muy amigos. No tengo razones para no llamarla: es disciplinada, trabajadora, fácil en el trato, y tiene un físico muy fuerte ante la cámara.

—Para el personaje de Chica, ¿hubo alguien que te asesorara?
—Es un personaje directamente inspirado en la hermana de una amiga, porque me resultaba muy representativo de una generación de mujeres que viene ahora. No sabemos si son una descerebradas o unas filósofas profundas. Tienen esa dualidad de decir la barbaridad más grande, y acto seguido, una verdad como un puño. Es algo muy común en esa franja de edad, pero parece que esta generación viene empujando fuerte, un poco más vehemente. Tienen esa cantidad de ambigüedades, y me resulta muy divertido. Son niñas, adultas, inocentes, exuberantes, tontas del culo, tremendamente inteligentes... La mayor parte de las frases existen, yo lo único que he hecho es limar, porque me hubieran dicho que me pasaba. Pero te aseguro que tiene expresiones muchos mejores aún.
"Creo que no hay que tirar piedras contra los productores, hay que tirar piedras a favor de la cultura. Hay que financiarla. No digo que tenga que estar subvencionada, pero debe tener una protección como la tiene Francia"
—Desde fuera, da la impresión de que Alta Films se está volcando bastante en la promoción de la película, ¿estás satisfecho con este aspecto?
—La verdad es que sí. Una semana antes del estreno ya había carteles en Madrid, y hay bastantes anuncios en prensa. La gente ha visto el tráiler, y parece que se ha ido extendiendo el boca a boca. Yo, por mi cuenta, he colgado el tráiler en youtube. Y hay miles de visitas. También está la página de Alta, que ha hecho un diseño muy bonito. Ha habido dos tipos de carteles...

—Parece que, de tus películas, ésta es la que más se ha promocionado. Sin embargo, Skizo, que parecía una película hecha más para atraer al público, fue un completo fracaso en taquilla, ¿cuál fue el problema?
—Que jugaba en una liga en la que es muy difícil competir. Una semana después de Alatriste, el mismo día que Corrupción en Miami, y después de haber esquivado los Piratas del Caribe y Superman. Además, la película no creo que fuera tan comercial. Tenía muchos guiños a la serie B, era muy artesana, y con un trabajo actoral serio. Se quiso englobar dentro de un registro absolutamente comercial. Quizás si no se hubiese vendido así, hubiera tenido una vida más larga.
—¿Te gustaría repetir una película de encargo? ¿Qué géneros te gustaría probar?
—Sí, ¿por qué no? Me gusta bastante el terror, el suspense, la serie B. Aunque no me gustaría hacerme cargo de una película que fuera un rompecabezas. Ni hacer una gran producción técnica... o sí. Como desafío. Pero que tenga guión y actores, eso sería crucial. El terror me gusta especialmente, y me parece muy divertido para asumirlo como encargo.
—¿Qué opinas sobre el terror que se hace ahora en España?
—Es un poco complicado generalizar. Se está haciendo un terror con una gran factura técnica. A veces, incluso superior a la americana, a pesar de tener menos medios. La pena es que se ha perdido nuestro terror artesano, el setentero. Me dirán que, visto ahora, tiene una factura que echa para atrás. Pero se ha perdido la vena artesanal, y creo que ésa es una de las bases del cine.

—En los últimos años han aparecido multitud de cineastas andaluces, algo que antes no existía. ¿De dónde crees que surge este movimiento?
—En el arte, por lo general, la única herramienta que necesitas, es tu cuerpo y poco más. Hay muchos escritores andaluces, pintores, fotógrafos, actores... Pero para hacer una película pequeña, necesitas un millón de euros. Había hambre de cine. Y lo que se está viendo ahora es lo que siempre ha habido. Es nuestra filosofía, decir las verdades con humor, ser reivindicativo sin tener porqué ser dramático. Se está viendo el carácter andaluz, muy tergiversado fuera. Se piensa que somos informales, zánganos, tontos y analfabetos... pues no. El humor, insisto, es síntoma de inteligencia. Ahora se ve lo que ha habido siempre, pero es que el cine es una herramienta muy cara.
—Entonces, que haya habido esta explosión ahora, ¿puede ser porque hay más apoyo institucional?
—Bueno, apoyos en este caso... ¿cuántos logotipos has visto tú al principio? Surge de la necesidad, y de que hay unos profesionales capaces de hacer una película en 24 días.
—Te quería preguntar por la situación de los guionistas, ya que tú también lo eres. Parece que España está empezando a haber algunos movimientos para mejorar las condiciones, como se está haciendo en Hollywood, ¿crees que se puede conseguir esa misma unidad para luchar por ello?
—Supongo que sí. Aunque el problema es que el guión es un trabajo tan individual y solitario... lo que pasa es que hay un problema en arrojarse contra el productor. Si pudieran pagar, lo harían. Hacer un guión es un esfuerzo grande, pero no se pagan hasta que la película está en marcha. Yo comprendo que no te den el dinero antes, porque producir depende de muchos elementos externos. Creo que no hay que tirar piedras contra los productores, hay que tirar piedras a favor de la cultura. Hay que financiarla. No digo que tenga que estar subvencionada, pero debe tener una protección como la tiene Francia. Si no, sólo se hará la cultura que sea rentable, lo que no garantiza que sea buena.

—¿Qué te parece la nueva Ley de Cine?
—Vamos a esperar los resultados. Yo, insisto, hay que financiar la cultura. Porque además, hay un componente que nunca se observa. Yo compro un libro, me gasto el dinero... y si el libro no tiene calidad, no lo puedo devolver. La cultura no es barata, ni para el consumidor. Un adolescente que va al cine se gasta, entre unas cosas y otras, 20 o 30 euros. Y si ve dos porquerías, no se le devuelve el dinero. Al final, deja de ir al cine. La cultura debe tener un apoyo estatal, fomentando la calidad. Pero no puedes pedir al espectador que le guste todo, ni a las películas que se autosustenten. O habrá que buscar vías alternativas. Igual la solución está en el digital, o en Internet, al que todo el mundo ve como enemigo. Pero se están tirando piedras en la dirección equivocada. Ni contra el que se baja películas, ni contra el productor.
—¿Tienes algún proyecto a la vista?
—Pues ahí dos guiones pululando por ahí. Y parece que este año se rueda una película, dirigida por una directora, y coescrita por mí.
—¿Es la primera vez que dirigen un guión tuyo?
—Sí. Aunque no es total mente mío. Yo he sido el último en entrar a escribir.
—¿Tienes curiosidad por ver un guión tuyo dirigido por otra persona?
—Sí que tengo curiosidad. Aunque, ante todo, asumo que va a ser su película, y no la mía.
01/02/2008
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