Medio centenar de producciones entre cortometrajes, películas y documentales se cruzan en la trayectoria de José Mª Lara, un productor que lleva más de dos décadas contando el cine que quiere contar, el que le gusta e interesa. La fabulosa historia de Diego Marín, A ciegas, Pecata minuta, Asfalto, El coche de pedales, 25 grados en invierno,... llevan su sello, el sello de un cine sin palomitas, que si tuviese una promoción mínimamente coherente con lo que desde algunos púlpitos se intenta vender, llegaría tal vez a más de las 7 salas donde se proyecta Cosmos, su decimoquinto largometraje. Y mientras la taquilla le hace un hueco, más testimonial que objetivo, en un fin de semana orquestado por un macro estreno norteamericano, el productor navarro nos ofrece la visión de una cinematografía, la nuestra, que lleva años pereciendo en esa unidad de cuidados intensivos a la que nos empeñamos en llamar industria.
Por Nuria Dufour.

—Acabas de estrenar Cosmos, el primer largometraje de Diego Fandos que protagonizan Xabier Elorriaga, Ramón Barea y una de las jóvenes promesas del cine vasco Oihana Maritorena, donde, entre miradas y silencios, se entrecruzan una serie de historias en aparente desconexión. ¿Definirías como arriesgado el cine que produces? (Cosmos se proyectó en la Sección Zabaltegi durante la pasada edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián)
—El riesgo lo corren los que hacen películas comerciales. Eso sí que es un riesgo porque se hacen fuertes inversiones pensando que porque funcionó una vez bien una película tienen que funcionar todas. Se invierten grandes cantidades de dinero, no se tiene ningún interés en comunicar algo y, al final, ni siquiera consiguen recuperar el dinero. Aunque a mí me gustaría algún día hacer una película que diera dinero y fuera comercial.
—Pero, ¿no tuviste esa experiencia con Justino, un asesino de la tercera edad (La Cuadrilla, 1994) y después con Asfalto (Daniel Calparsoro, 2000)?
—No, Justino es una película en blanco y negro. Sí, tuvo éxito de crítica, aunque estoy en cierta forma un poco aburrido de ir a festivales y de tener buenas críticas. De eso no como. Justino no tuvo tanta repercusión. Algo más de cien mil espectadores, los 2 Goya y que ha tenido distribución en video. El dinero que ha podido dar ha sido gracias a que se hizo con poco dinero. En el 94, se rodaron 34 películas y nosotros hicimos Justino porque el guión le gustó a Canal Plus que nos ofreció 13 millones de pesetas. Entonces convencimos a la gente para hacer una película con ese dinero, aunque luego nos costara alrededor de cincuenta. Conseguimos más dinero, pudimos pagar a la gente, pero no se ha vendido a ninguna cadena en abierto y los ingresos de las películas vienen fundamentalmente de los derechos de antena. Asfalto quizá hiciera algún espectador más, pero tampoco muchos más.
—¿De dónde nace la idea de producir una película?
—Que me guste la historia y que me caiga bien la persona que está detrás del proyecto. Tengo que tener cierta empatía con quien me presenta el proyecto.

—¿Suele cambiar mucho un proyecto desde que lo recibes hasta que se realiza?
—No, mucho no cambia. Se pone al director en contacto con un analista de guiones, trabajan el guión, sacan lo que quieren y, durante el rodaje, van saliendo ideas nuevas. Y luego, lo fundamental es el montaje. Hay directores que en el montaje se dejan aconsejar y trabajan con el montador o montadora y hay otros que van ya con la idea preconcebida. Pero yo creo que en el momento en que tú ves la historia en un guión, más o menos eso es lo que vas a tener después. Podrá estar mejor o podrá estar peor, pero es eso.
—¿Participas como productor en la selección de los repartos?
—A veces lo intento, pero mis experiencias son negativas. No han sido buenas. Las veces que he propuesto a una persona, porque me parecía bien, generalmente no se ha tenido en cuenta.
"Desde el momento en que no se tiene el dinero en el presupuesto para poder promocionar las películas tal como promociona la industria norteamericana obviamente no puedes competir en igualdad de condiciones"
—¿Qué percepción tienes de la situación actual del cine español?
—Como productor, la situación del cine español la veo difícil. Hay más dinero, pero es más difícil llegar a ese dinero. Hoy es mucho más fácil hacer una película porque hay elementos a los que puede acceder cualquiera. Cualquiera puede comprarse una cámara o alquilarse una cámara, hacer la película en vídeo, montarla en casa en el ordenador. De hecho, cuando se habla de que se han hecho 170 películas en un año, no se dice cuántas han sido con bajo presupuesto, con la voluntad que tiene la gente de sacar proyectos adelante, que a mí me parece que es una voluntad que hay que respetar, que hay que aplaudir y que hay que incentivar. Porque una cosa es la cultura cinematográfica y otra la industria cinematográfica. A nivel de producción me parece que está muy difícil. Por un lado es difícil llegar al dinero y además la gente no va al cine. Se ve cine, pero no en las salas de cine. La gente ha perdido el respeto a la imagen. La industria, me refiero con industria a lo que son las televisiones y a determinados sectores de inversión, está intentando que se hagan películas con mucho dinero porque piensan que se puede recuperar la inversión realizada, pero eso tiene sus peligros. Es una apuesta muy arriesgada.

—En los últimos días se ha anunciado, a la luz de la nueva ley del cine, que el Ministerio de Cultura establecerá ayudas a partir de 2009 para financiar telefilmes. Se ha dicho incluso que habría que rodar no más de 60 películas con destino a la gran pantalla y más de 100 para la televisión. ¿Qué opinión te merece?
—Antes había menos dinero, pero al final, la película, en un gran porcentaje era tuya. Hoy en día entran Tele 5, Antena 3 o las autonómicas y se llevan el 50 por ciento o más de la película. Con los telefilmes va a ocurrir lo mismo. Uno de los problemas, para mí importantes, que hay en España es que el dinero que va para la cinematografía sale fundamentalmente de los presupuestos de cultura, son los departamentos de cultura los que están dando el dinero a la industria. Y el Ministerio de Cultura que, me da la impresión, está muy desvalorado por parte de los otros Ministerios, no recibe un duro de Industria para participar en la industria cinematográfica. La industria cinematográfica, por otro lado, es la que tiene peor imagen a nivel del público en general porque somos unos llorones, porque somos unos ladrones,... y, sin embargo, cualquier otra industria del estado está recibiendo mayores dineros de subvenciones del que recibe la cinematográfica. Estoy hablando de industria, no de cultura cinematográfica. A ver si ahora cuando se cree la Agencia Estatal de Cinematografía el dinero que se destine a las películas no viene solo del Ministerio de Cultura sino del Ministerio de Industria, de Hacienda o de donde sea.
—¿Crees que el cine español peca un poco de victimismo?
—Yo creo que el mundo del cine ha fracasado. Dentro de la industria audiovisual, las series funcionan bien y si funcionan bien es porque se sabe hacer bien el trabajo. En el mundo del cine, hay un problema. Desde el momento en que no se tiene el dinero en el presupuesto para poder promocionar las películas tal como promociona la industria norteamericana obviamente no puedes competir en igualdad de condiciones. Dentro de la industria cinematográfica, el sector más rentable es el de la exhibición. Si no les va bien, en lugar de poner cine ponen combates de boxeo o conciertos. El espacio lo tienen, el edificio lo tienen, el suelo lo tienen.
"Se hacen muchas películas que no se tendrían que hacer y eso hace que se queden muchas otras en los cajones"
—¿Es la coproducción el salvavidas para el cine español, para el europeo, o quizás puede forzar la historia?
—Por intentar conseguir más dinero, más mercado se hacen coproducciones. La vida misma es rara. Hay historias que pueden parecer forzadas y ser reales y hay historias que no son reales y están bien contadas. A mí cuando me dicen que una película española tiene un presupuesto de un millón y medio de euros veo difícil cómo se puede financiar eso o cómo puedes amortizar todo ese gasto. Los números no me salen. Atilano, presidente (La Cuadrilla, 1998) la hicimos con ese dinero y nos salió más o menos bien, pero teníamos una productora francesa, otra portuguesa. A mí el cine hasta ahora me ha permitido subsistir.

—¿Qué es lo que te llevó a meterte a productor, porque tú iniciaste tu relación con el cine trabajando desde la fotografía? De hecho te graduaste en la Escuela Estatal de Colonia como ingeniero en fotografía.
—Estudié fotografía en Alemania, mi padre era fotógrafo, me gustaba el mundo de la imagen. Empecé en el cine muy tarde, con 37 años, como auxiliar de cámara, fotofija, llevando la furgoneta de cámara, y a los dos años de estar ahí ya había producido cuatro cortos. Dejé la fotografía porque no me llamaban, aunque era un buen fotógrafo, o porque yo no tenía la paciencia o la edad para aguantar y por eso empecé a producir cortos. Luego, la primera película que produje fue en 1989, El anónimo, vaya papelón (Alfonso Arandia).
—¿Cuál es tu balance?
—El cine ha evolucionado a peor. Antes se podían hacer películas. Yo no se porqué razón lo tenía fácil. Ahora lo tengo muy difícil. No sé si porque hay más gente. Se hacen muchas películas que no se tendrían que hacer y eso hace que se queden muchas otras en los cajones. Y eso porque los responsables que están en las cadenas de televisión o en las comisiones del Ministerio de Cultura o en las Consejerías de Cultura de las diferentes Comunidades tienen mucha presión de la industria. Desde que entraron las televisiones privadas ha cambiado la historia, pero los productores no hicieron la suficiente presión al Gobierno para que creara otras formas de trabajar, obligara realmente a que las televisiones apoyaran este sector, se pudieran hacer películas y que esos negativos fueran en un porcentaje x de los productores. Y yo creo que en las comisiones debería haber analistas de guiones y los que deciden no sean los representantes del mundo de la dirección, de los guionistas, de los actores, de la comunidad valenciana, de la comunidad vasca,... que parece que estén ahí cambiándose cromos. Que eso pasa a veces, no estoy diciendo que pase siempre. En el caso de Cosmos, yo no hablé con nadie de nada. Presenté el proyecto y me dieron la ayuda, lo que habla también un poco de la imparcialidad de la gente.

—¿Qué nos dirías de Cosmos?
—Es una película interesante que ha merecido la pena que se haga, aunque tal como ha sido el tema de su financiación, igual no tendríamos que haberla hecho. Estamos haciendo una promoción de guerrilla, quemando globos para llamar la atención, intentando que la industria nos vea, pero va a ser difícil. Un problema fundamental que existe en España es la falta de educación cinematográfica. No educamos a los niños, no hacemos películas para los niños. Los tenemos abandonamos y los niños se están acostumbrando a ver un tipo de cine que nosotros nunca vamos a poder hacer.
—Háblanos del FICI, el Festival Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud del que lleváis ya cuatro ediciones y tú diriges.
—En casi todos los países del mundo se hacen películas para los menores y para los jóvenes. En España no y la nueva ley de cine hace casi nula mención. Se hacen algunas películas para los jóvenes, casi ninguna para los menores y unas cuantas de animación. Se tiende a confundir cine familiar con cine para niños. En los países nórdicos, por ejemplo, hay campañas escolares para que los niños aprendan a ver cine. Se gastan dinero, se compran películas. En España, quizá, como proveníamos de una dictadura, de una censura, pues se hizo una calificación de películas por edades que permite ahora que cualquier menor pueda ver cualquier película. Mientras en otros países hay prohibiciones o recomendaciones, aquí un niño puede ver una película súper violenta, donde se insulta, se pega y se maltrata y nadie dice nada. Esa dejadez, permitida por las razones que sean, no deja que se desarrolle un cine para menores. Desde hace cuatro años organizamos, con poco dinero, el FICI, donde se traen películas juveniles, infantiles y cada año se hace la retrospectiva de un país, en la edición pasada el país invitado fue Irán. Se proyectan también documentales, cine de animación y cortos. Se hacen talleres, donde los niños pueden rodar cortos. Un mes antes del festival, previo a un concurso de ideas, elegimos aquellas que vemos que son más factibles de hacer y les ayudamos a realizarlas poniéndoles todos los medios. Ruedan la historia en un día, la montan en un día y la sonorizan en un día. Entonces durante la clausura, cuando se entregan los premios a las películas grandes, los niños ven proyectadas, entre premio y premio, su película.

—¿Qué proyectos tienes?
—Estoy intentando producir la nueva película de Daniel Calparsoro. Es muy violenta y como habla de cosas de las que la gente hipócritamente te dice que no hay que hablar, que no hay que saber, aunque estén todos los días en los periódicos, y aunque eso no nos lo planteemos cuando vamos a ver una película de Tarantino, no se qué pasará. Y, precisamente, el valor que pueda tener este proyecto, es la violencia que está desarrollando. Yo a lo largo de mi vida intento entrar en proyectos diferentes que aporten cosas. Ahora he presentado un proyecto de largometraje al Ministerio [de Cultura] para niños, sobre el bulling, en plan divertido, en euskera y dirigido por una mujer, a ver qué dicen.
22/05/2008
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