Julia (Tilda Swinton) tiene 40 años y es alcohólica, manipuladora, mentirosa e insegura a pesar de su flamante apariencia. Entre tragos de vodka y citas nocturnas, Julia sobrevive a base de pequeños trabajos, pero cada vez está más sola y las únicas atenciones que recibe provienen de su amigo Mitch (Saul Rubinek), que trata de ayudarla aunque ella lo evite.
Mientras, el alcohol va reforzando su idea de que la vida le ha repartido malas cartas y que ella no tiene la culpa de su desastre. Previendo una perdición inminente y tras un encuentro casual con Elena (Kate del Castillo), una mujer mexicana, Julia se convence, movida por el pánico y su delicada situación económica, para cometer un acto violento. La historia conducirá a Julia en un vuelo hacia el desastre, aunque de alguna manera eligiendo la vida sobre la muerte.
| Tilda Swinton | Julia |
| Saul Rubinek | Mitch |
| Aidan Gould | Tom |
| Kate del Castillo | Elena |
| Jude Ciccolella | Nick |
| Bruno Bichir | Diego |
| Dirección | Erick Zonca |
| Guión | Erick Zonca y Aude Py |
| Adaptación | Michael Collins y Roger Bohbot |
| Fotografía | Yorick Le Saux |
| Montaje | Philippe Kotlarski |
| Diseño de Producción | François Renaud Labarthe |
| Producción | François Marquis y Bertrand Faivre |

Manuel Barrero
En 1993, Clint Eastwood rodó una de sus mejores (por no decir la mejor) película. No tan mencionada (injustamente) como Mystic River (2003) o Million Dollar Baby (2004); Un mundo perfecto desprende un inequívoco aroma a pequeño gran clásico reciente. Una excelente obra que exprimía hasta el máximo de sus posibilidades la premisa adulto-secuestra-niño, explorando con maestría las relaciones entre ambos.

Aquel taciturno delincuente que encarnaba Kevin Costner, deja paso aquí a una versión femenina, alcoholizada y poco glamourosa. De hecho, Julia comienza como una especie de retrato sucio y vibrante de una mujer de gran capacidad carismática, pero con graves problemas de adicción. Brutal cambio de registro el de una Tilda Swinton que nos tiene acostumbrado a papeles de mujer-témpano. Sin embargo, aquí demuestra que también es capaz de poner toda la carne en el asador para convertirse en una mujer arrolladora.
Es en este primer tramo donde más se nota la mano del francés Erick Zonca, director de una breve e intensa filmografía. La vida soñada de los ángeles (La vie rêvée des anges, 1998) y El pequeño ladrón (Le Petit voleur, 1999) hacían presagiar un halagüeño futuro que se vió misteriosamente cortado. Casi diez años después, vuelve a la dirección con esta extraña coproducción; y decíamos que su sello se deja sentir en el crudo relato que hace de su protagonista durante unos magníficos primeros minutos.
"Julia comienza como una especie de retrato sucio y vibrante de una mujer de gran capacidad carismática, pero con graves problemas de adicción. Brutal cambio de registro el de una Tilda Swinton que nos tiene acostumbrado a papeles de mujer-témpano"

Pero en cuanto los derroteros se vuelven hacia el thriller, Zonca se va perdiendo poco a poco. Empezando por ese secuestro tan directamente influenciado por los hermanos Coen. Todo lo que rodea al asunto de la preparación del rapto es inverosímil. Y lo que es peor, no funciona. Tampoco ayuda, desde luego, la muy desafortunada creación de Kate del Castillo como madre de la criatura a secuestrar.
En lo que se refiere a la relación entre adulta secuestradora y niño cautivo, es complicado aportar alguna novedad a lo ya conocido. Sabemos desde el principio que el contacto continuado con el pequeño va a provocar, sí o sí, una transformación en la descarriada protagonista. Lo que sí hay que agradecer al director que alargue lo más posible la tensión entre ambos. Asimismo, hay otro par de detalles dignos de reseñar en la construcción del personaje infantil. Por un lado, la incomodidad que provoca su indefensión, acentuada con su casi desnudez (un bañador es su única cubierta) durante un tiempo bastante prolongado. Por otro, la poca simpatía que provoca un niño absolutamente anodino, evitando la fácil tentación de buscar la complicidad del espectador a través de un adorable infante.

Sin embargo, cuando el thriller se apodera definitivamente del film, el director es incapaz de encontrar el tono adecuado. El drástico cambio en el escenario beneficia en muy poco, ya que el retrato de México no escapa jamás al más simplista tópico. Recordando a Cometas en el cielo (Marc Forster, 2007) la película comienza con certero tono intimista, para desembocar en desquiciado suspense. El director francés pierde los papeles en un último tramo en el que apenas aparecen detalles de su calidad.
Siempre con el obvio referente de Gloria (John Cassavetes, 1980) en el altar, Julia (homenaje hasta titulando) nos deja varios destellos de la fuerza de un director del que nos gustaría disfrutar más a menudo. Esas pinceladas (y el enorme trabajo de Swinton) son las que hacen la diferencia; y rescatan de la más triste mediocridad a un producto que, de todas formas, no va a pasar a la historia. Si acaso, como parte de una lista de títulos inspirados en otro que sí resulta emblemático e histórico.
27/02/2009
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