King Kong

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Sinopsis

En los años 30 una expedición de exploradores y realizadores de documentales llegan a la Isla Calavera para investigar las criaturas prehistóricas que dice la leyenda habitan allí. Se encuentran con Kong, un simio de grandes dimensiones que todos tenemos en la cabeza, que terminará enamorándose de Ann Darrow, (Naomi Watts en esta ocasión y Fray Wray en la cinta original). Gracias a ella pueden apresarlo y llevarlo a Nueva York, donde conseguirá liberarse.


Una de las producciones más caras de la historia del cine que permite volver a visionar secuencias que forman parte de nuestros recuerdos cinematográficos, eso sí, con el último grito en efectos especiales.

  • País:Nueva Zelanda / EE.UU.
  • Año:2005
  • Estreno:12 de diciembre 2005
  • Duración:3h.7 min.
  • Distribuidora:UIP
  • Web oficial: www.kingkongmovie.com

Intérpretes

Naomi Watts Ann Darrow
Jack Black Carl Denham
Adrien Brody Jack Driscol
Thomas Kretschmann Capitán Englehorn
Colin Hanks Preston
Jamie Bell Jimmy
Evan Parke Hayes
Kyle Chandler Bruce Baxter
Andy Serkis King Kong/ Lumpy

Ficha Técnica

Dirección Peter Jackson
Guión (basado en la historia original de Merian C. Cooper y Edgar Wallace) Fran Walsh y Philippa Boyens
Fotografía Andrew Lesnie
Música James Newton Howard
Montaje Jamie Selkirk

Crítica

Una antigua historia de amor

Antonio Santamarina

La octava maravilla del mundo. Con este subtítulo se presentaba, en 1933, King Kong, la célebre película de Cooper y Schoedsack, de la que Peter Jackson se enamoraría a los nueve años hasta el punto de impulsarle a convertirse en cineasta y de llevar su historia a las pantallas nada más culminar la colosal saga de El señor de los anillos. Mezcla de temores colectivos e instintos atávicos, la obra original fue entendida desde muy pronto como una visualización, a través de la figura monstruosa de King Kong, de los miedos sociales que atenazaban a Estados Unidos durante la Depresión económica y como una reflexión sobre la atracción sexual en estado puro, que culmina en la conocida escena en la que el simio desnuda a Ann Darrow, interpretada por la mítica Fay Wray.

Sin embargo, la película era algo más que eso, era también -gracias, entre otros, a Willis O’Brien, el creador de sus efectos especiales-, un grandioso espectáculo de masas, en el que el público disfrutaba con sus transparencias, sus animaciones, su mezcla de escenarios selváticos y urbanos y con ese gorila gigante construido a tamaño real que daba vida a sus temores. Y éste es precisamente el objetivo buscado por Jackson en su apabullante, conmovedora reconstrucción del filme, deslumbrar a los espectadores con un espectáculo sin precedentes, en el que juega con toda la tecnología a su alcance, tanto digital como no digital, incluida la animación por motion capture, para recrear la antigua historia de amor de Ann Darrow
y King Kong, y de él mismo con ambos.

"El cineasta se muestra muy recatado y muy correcto políticamente, de forma que ni es capaz de jugar la baza del sexo, ni concretar su punto de vista sobre la Depresión, ni avanzar en su crítica al cine de Hollywood esbozada al principio del filme"


Desde este punto de vista, el trabajo del cineasta sobrepasa con creces sus pretensiones y deja secuencias inolvidables en la retina de los espectadores (la llegada de los expedicionarios a la isla, la estampida de los dinosaurios, la huida final de King Kong), que se completan con la brillante recreación de dos mundos antitéticos: el de la isla (situado en la noche de los tiempos y voluntariamente exagerado) y el del Nueva York de los años treinta (decididamente racionalista y realista). En esta lucha y encuentro, entre civilización y barbarie, Jackson reconstruye, a manera de hitos, secuencias enteras de la película primitiva y sigue al pie de la letra su estructura narrativa con sus tres partes casi simétricas (los preparativos y la travesía en barco; la aventura en la isla y la muerte del simio en Nueva York), si bien opta desde un principio por la exageración en todos los aspectos, incluida la larguísima duración del filme.

Y, así, no sólo King Kong se enfrenta a tres dinosaurios y pelea con una bandada de murciélagos en vez de con un pterodáctilo, sino que la película inserta largas secuencias (la del ataque de los insectos en la isla, la de patinaje en Central Park) que no contribuyen en nada al desarrollo de la acción, estira hasta el límite la relación entre Ann Darrow (interpretada por Naomi Watts) y King Kong. Dentro de esta tendencia a la amplificación, Jackson incrementa, con éxito, la galería de personajes secundarios para hacer más densa la trama y desdobla la figura del enamorado de Ann, haciendo que éste sea ahora un escritor con lo que logra nuevos efectos dramáticos.

Por debajo, no obstante, de este brillante, brillantísimo, envoltorio apenas se esconde nada dentro, ya que el cineasta se muestra muy recatado y muy correcto políticamente, de forma que ni es capaz de jugar la baza del sexo (ausente del filme), ni concretar su punto de vista sobre la Depresión (que la película original describe en tres planos sin desperdicio y ésta desperdicia en una larga serie de ellos), ni avanzar en su crítica al cine de Hollywood esbozada al principio del filme.

Consciente de estas carencias, Jackson introduce varias referencias a El corazón de las tinieblas, la novela de Conrad, para adornar intelectualmente la ficción, pero éstas se diluyen sin dejar huella porque su película es, sobre todo (y no es poco), espectáculo y emoción.

Crítica publicada en el número 4 de Kane3 (enero 2006)

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