Gracia (Cristina Marcos), Martín (Alberto San Juan) y Coral (Candela Peña) son tres hermanos con vidas muy diferentes que luchan por salir adelante. Tres náufragos de sí mismos. Aunque saben que se necesitan, siempre acaban dándose la espalda y sin poder ayudarse unos a otros porque, quizá, sus problemas se parecen demasiado.
Martín quiere dejar la casa de sus padres para escribir en París. Gracia quiere separar la realidad de la ficción en la que se ha convertido su vida. Coral tan sólo quiere que la quieran.
En esta situación de huida y miedo se encuentran los tres hermanos cuando son informados de la inminente muerte de su padre. Este hecho les obligará a enfrentarse entre ellos, pero también a sí mismos.
| Candela Peña | Coral |
| Alberto San Juan | Martín |
| Cristina Marcos | Gracia |
| Geraldine Chaplin | Victoria |
| Celso Bugallo | Juan |
| Antonio de la Torre | Iván |
| Emi Cazorla | Sara |
| Paola Bontempi | Ana |
| Dirección y Guión | Dunia Ayaso y Félix Sabroso |
| Producción | Juan Romero y José Herrero de Egaña |
| Coproducción | Félix Sabroso, Dunia Ayaso, Ana Sánchez-Gijón y Antonio Chavarrías |
| Producción Ejecutiva | Elvira Morales Sales y Ana Sánchez Gijón |
| Fotografía | Juan A. Castaño (AEC) |
| Montaje | Ascen Marchena |
| Música | Lucas Vidal |
| Dirección de Arte | Javier Fernández |

Nacho Cabana
Siguiendo los pasos de su amigo y mentor, Pedro Almodóvar, Sabroso y Ayaso se pasan al melodrama con La isla interior y logran la que sin duda es la mejor película de su filmografía. Rodada inmediatamente después de Los años desnudos y guardada durante más de un año a la espera de fecha propicia para su estreno, La isla interior se diferencia de su antecesora en que, contando a priori con un material mucho menos atractivo y original llega mucho, pero mucho más lejos.

En Los años desnudos Ayaso y Sabroso desaprovecharon (daba la impresión que por simple pereza) las posibilidades que les brindaba el retrato cómico-nostálgico-patético de las películas clasificadas ""S". En La isla interior parten del reencuentro de una familia con tendencia a la esquizofrenia para hacer una contundente reflexión acerca de hasta qué punto la influencia paterna puede hacer de las vidas de sus descendientes una simple representación.
Planteada como un cruce entre Tres días con la familia y Los abrazos rotos, La isla interior es el melodrama que Almodóvar lleva años queriendo hacer y nunca consigue del todo. O como si Mar Coll hubiera añadido conflictos al argumento de su ópera prima. Y lo es, en parte, porque sus directores han sabido controlar la tendencia al esperpento sainetesco que película tras película heredaban de Almodóvar para sustituirlo por una estructura dramática que potencia la definición de personajes primero y sus conflictos después.
"Alberto San Juan se mete con naturalidad en su personaje y lo hace creíble sin recurrir a la sobreactuación ni a los tópicos en que suelen caer los actores cuando interpretan a personajes con problemas mentales."

Los caracteres principales, muy rigurosamente presentados en el primer acto de la película, basculan desde Martín (Alberto San Juan) el más claramente afectado por la esquizofrenia, a Coral (Candela Peña) quien sin sufrir la enfermedad, resultará la más traumatizada de la familia. Entre medias se sitúa Gracia (Cristina Marcos) una triunfadora actriz de televisión cuyos deseos de maternidad se ven alterados por culpa de los brotes psicóticos. Todos ellos se mueven bajo la mirada de sus padres: Victoria (Geraldine Chaplin) ha sido durante demasiado tiempo incapaz de gritar su dolor mientras que Juan (Celso Bugallo) se irá de este mundo dejando a su familia a la deriva en un contundente y espléndido plano final.
Alberto San Juan se mete con naturalidad en su personaje y lo hace creíble sin recurrir a la sobreactuación ni a los tópicos en que suelen caer los actores cuando interpretan a personajes con problemas mentales. Candela Peña y Cristina Marcos tiran de sus registros habituales, a saber la primera dice su texto con permanente mala hostia y la segunda hace gala de una sobriedad tan calculada como el alisado de su pelo.

Lamentablemente, los dos personajes ancianos no están a la altura del resto del elenco protagonista. Geraldine Chaplin sólo en su desgarro final comunica lo que le pasa por la cabeza y el corazón a esa madre que ve a sus hijos marcados para siempre por los genes, la educación y la infancia que ella y su marido les han dado. Celso Bugallo, por su lado, no tiene ni la presencia ni el peso actoral que el personaje de Juan demandaba. Pone el pelo de punta pensar lo que Fernando Fernán Gómez pudiera haber hecho con semejante rol. Aunque el autor de El extraño viaje probablemente no habría aceptado aparecer en pantalla llevando un pañal de pérdidas de orina, lamentable imagen de Bugallo que sus directores nos podían haber evitado sin que la pretensión realista de su dirección se resintiera.
07/12/2009
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