Mayo del 68: el comienzo de una época (CON Y CONTRA EL CINE)

1. La ideología está en la radicalidad de las formas
No le falta razón al título de la película de Pierre Clémenti, La Révolution n´est qu´un début. La cuestión se aclara rápidamente en el segundo título que sigue, Continuons le combat (Continuemos el combate). No basta con hacer la revolución, ésta debe continuar. La película de Clémenti es una de las piezas más precisas y preciosas que dio fruto el 1968. Un objeto estético de bellas filigranas, superposiciones, veladuras, y filtros coloreados en tonos rosados. En ella, convive el mundo del cineasta: los conciertos de su grupo musical, el retrato íntimo y el combate callejero. Otra de las grandes piezas en formato reducido, Le soulèvement de la jeunesse en mai 68, de Maurice Lemaître, establece un intenso diálogo entre los materiales con los que ha sido realizada, si bien su tono es mucho más psicodélico, alternando una cancioncilla repetitiva hasta el colapso con una estética de continuos quiebres y efectos de montaje. Un cine bello y político cargado de ideas que poner sobre la mesa.

Dos pequeñas obras maestras, exquisitas y elegantes, políticas en la sutilidad más perfecta, pero sin embargo combativas, si se quiere hasta de denuncia, son las películas de pequeño formato Sur le passage de quelques personnes à travers une assez courte unité de temps y Critique de la séparation de Guy Debord. Conflictos entre la banda de sonido y las imágenes, complejas interrelaciones, planteamiento de las cuestiones del situacionismo, crítica mordaz al cine como espectáculo, recuerdo ideológico... Critique de la séparation es una película abierta, sin terminar, "todas las conclusiones están por sacar, todos los cálculos están por rehacer", se escucha al comienzo de la película.
Probablemente éstas sean las películas más complejas sobre el 68, sobre el retrato de una sociedad complicada, sus situaciones y sus circunstancias. El caso más perfecto de exploración de microcosmos ejemplificado a través del vino derramado de una botella sobre una mesa.
Una de las grandes películas -puede que la mejor- realizada en 1968, es Un film comme les autres, de Jean-Luc Godard y el Grupo Dziga Vertov. Aquello que escribiría su mano en un cuaderno años después en Vent d´Est, propugnando no un cine político, sino realizado políticamente, lo había llevado a cabo con insistencia y obstinación una y otra vez. En esta ocasión la película alcanza altísimas cotas de radicalidad, quedando perfectamente expuesto que la ideología nace en las formas. Por eso, en la mayor parte del metraje Godard no muestra los rostros de los jóvenes parlantes al pie de Nanterre, como se sabe origen del 68, sino solo sus cuerpos, o caras tapadas por el pelo.

Esta es la idea de rechazo que Godard propone: lo que interesa son las palabras, no las facciones o la expresión. Una película concebida para suscitar debate que toca todo los palos de la actualidad política francesa. Sentir nostalgia al ver este gran bloque dialéctico, en el que como dijo Serge Daney de La mamá y la puta de Jean Eustache, "se habla hasta el vómito", es casi inevitable. Primero, porque estas cuestiones siguen siendo aplicables a la sociedad de hoy en día. Segundo, porque siguen sin tener respuesta. Tercero, porque se hace impensable una postura dialógica tan potente como la de esos jóvenes y sus discursos en la pasividad del presente.

Junto a los rechazos a las formas dominantes de representación, se ponen sobre la mesa también una serie de cuestiones. La principal, la que atraviesa los films del 68, es la relación y el conflicto existente entre los estudiantes y la clase obrera. ¿Solidaridad? ¿Oportunismo? En apariencia, nunca antes -ni después- han estado más cerca los estudiantes y los obreros para compartir sus intereses y su problemática. Sin embargo, en algunos instantes se aprecian ciertas muecas, se escuchan ciertas frases veladas que abre una cadena de interrogantes.
Esta es la cuestión central de los films del 68, entre los que destacan Le droit à la parole, de Michel Andrieu y Jacques Kébadian, integrantes del Grupo ARC, película que funciona bien como documento de urgencia, como testimonio de una época, pero que no es capaz de encontrar una forma concreta. Caso evidente de cine político, pero no realizado políticamente, de acusada convencionalidad. La película plantea una serie de cuestiones de primera mano, pero no es capaz de trascenderse a sí mismo.
"Junto a los rechazos a las formas dominantes de representación, se ponen sobre la mesa también una serie de cuestiones. La principal, la que atraviesa los films del 68, es la relación y el conflicto existente entre los estudiantes y la clase obrera. ¿Solidaridad? ¿Oportunismo?"
Mucho más interesante resulta en esta línea la monumental película de William Klein, Grands soirs et petits matins, filmada a pie de calle en pleno mayo francés, con una excepcional energía y rabia. Klein parece estar en todas partes, y concibe su película como un diario: manifestaciones, enfrentamientos, asambleas en las zonas universitarias ocupadas. Klein encuadra y reencuadra la realidad que circunda los bordes del plano, que entra y sale de él en asombrosa velocidad. Klein encuentra una forma, y consiste en la distancia a la que debe filmar los rostros: en ellos se ve la furia y la impotencia. Y con todo ello, el derecho a la palabra queda intacto. La ventaja con la que cuenta Klein, todo sea dicho, es que el material no fue montado hasta 10 años después, con lo que los hechos se veían con toda la perspectiva necesaria.

Despareja resulta la película colectiva Loin du Vietnam, integrada por Jean-Luc Godard, Chris Marker, Angès Vardá, Alain Resnais, Joris Ivens, Claude Lelouch y, de nuevo, William Klein. Indudablemente, hay fragmentos bellísimos, como el pasaje de Godard, frente a su cámara, explicando con toda honestidad por qué no puede viajar hasta Vietnam para filmar su película. Una cuestión de moral, como el travelling, pero de una emocionante lucidez en sus explicaciones, porque afirma Godard que si hiciera una película allí, probablemente no le haría ningún bien.
Vietnam es el precedente directo de mayo del 68, y el inconformismo queda presente en las piezas de todos los cineastas implicados. Recorrer esta película, con sus altos y sus bajos, la heterogeneidad formal -desde una entrevista con Fidel Castro hasta las violentas y veloces imágenes de los despegues de varios aviones en un barco- resulta una experiencia ardua y necesaria, porque si algo preocupa, es la necesidad de restituir a la memoria de la contaminación de imágenes sobre la Guerra de Vietnam en 1967.

Al final del cortometraje La reprise du travail aux usines Wonder, se lee: "Este documento forma parte de un film filmado bajo la dirección de Jacques Willemont en mayo y junio de 1968, sobre los movimientos obreros y estudiantiles de la Organización comunista internacional. La reprise du travail aux usines Wonder es la única secuencia que no a desaparecido". En pocos planos, Willemont capta el espíritu de una época introduciéndose entre la gente, registrando las discusiones que surgen aquí o allá en un acto de verdadera urgencia. Quizá incurre en el mismo problema que la película del Grupo ARC, le falta algo más de disposición formal, pero funciona bien como documento de un hecho puntual a la par que significativo.
Y de aquí es de donde nace la secuela, Reprise, filmada 30 años después por Hervé Le Roux, en la que vuelve al mismo lugar y a la misma gente. En la película de Willemont, una mujer grita a cámara, con rabia, desconsolada, que el combate debe continuar.
Con y contra el cine. En torno a Mayo del 68. Museo Reina Sofía, del 28 de mayo al 20 de junio a las 19:30h. Entrada gratuita hasta completar aforo (140 localidades). Consulta la programación aquí.
Este ciclo se ha proyectado también del 6 al 21 de mayo en Sevilla (Salón de actos de Las Reales Atarazanas) y del 14 al 29 de mayo de 2008 en el Instituto Francés de Barcelona.
Francisco Algarín Navarro
28/05/2008
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