Stanley Phillips (John Cusack) soñaba con alistarse en el ejército, pero no fue posible por su miopía. Ahora atiende a los clientes de una tienda de productos del hogar mientras que su mujer, sargento, combate en la guerra. Igual de torpe en casa que en el trabajo, Stanley se encarga de sus hijas, Heidi y Dawn, de 12 y 8 años. Aunque las quiere, es incapaz de asumir un papel más afectivo y las niñas echan de menos a su madre.
Mientras soporta su trabajo y se pelea con la paternidad, recibe la noticia de la muerte de su mujer. Él mismo no sabe cómo afrontarlo y se ve incapaz de contárselo a sus hijas. Desesperado por retrasar el momento de decírselo, se embarca con ellas en un viaje improvisado por carretera para darles sus últimos momentos de inocencia.
| John Cusack | Stanley Philipps |
| Shélan O´Keefe | Heidi |
| Gracie Bednarczyk | Dawn |
| Alessandro Nivola | John Phillips |
| Dirección y guión | James C. Strouse |
| Producción | John Cusack, Grace Loh, Daniela Taplin Lundberg, Galt Niederhoffer, Celine Rattray |
| Producción ejecutiva | Stephen Benedek, Paul Bernstein, Mario Fallone, Ed Haft, Wes Jones, Bruce Lunsford, Reagan Silber, Jai Stefan, Todd Traina |
| Fotografía | Jean-Louis Bompoint |
| Montaje | Joe Klotz |
| Música | Clint Eastwood |

La guerra de Irak, abordada desde el devenir cotidiano de una familia corriente en cualquier lugar de la geografía norteamericana, es un argumento todavía poco trillado. Hace unos meses pudimos ver en formato de gran producción En el valle de Elah (Paul Haggis, 2007), el relato de la descomposición de unos padres en su lucha por encontrar al hijo desaparecido al regresar de Irak. Otra realidad, la de los que vuelven, escasamente tratada. Y ahora se estrena, tras su paso por un puñado de salas en Estados Unidos, una película independiente y sencilla, sin pretensiones ni campañas orquestadas por grandes compañías publicitarias. La vida sin Grace (Grace is Gone) es el primer largometraje del guionista James C. Strouse (Lonesome Jim, Steve Buscemi, 2005), quien ha contado para su debut tras la cámara con dos padrinos de excepción: Clint Eastwood, autor de una precisa partitura musical, y John Cusack, protagonista y productor de una historia fatalmente frecuente, pero de la que rara vez se oye decir algo.

La otra cara de la tragedia no interesa. Incomoda observar, inerte en la butaca, la angustiosa objetividad de los que esperan, escrutar en sus miradas la búsqueda de respuestas. Mejor no sacudir conciencias. Padres, mujeres, esposos, hijos, hermanos, amigos de soldados que se embarcan en guerras que ni siquiera entienden, conflictos bélicos sin sentido de efectos irreparables, como el que recrea esta película, un retrato mordiente sobre unos hechos que a diario (re)claman nuestra atención desde las portadas de los periódicos y las cabeceras de los informativos. Pero, la vida sigue.
Hollywood, promiscuo a veces en sus producciones bélicas (Corea, Vietnam, Afganistán), empieza ahora a dar cobertura a uno de los episodios más sangrientos de la historia norteamericana. A títulos como el referido más arriba, se suman algunos otros. The Situation (Philip Haas, 2006), Redacted (Brian de Palma, 2007), La batalla de Hadiza (Nick Broomfield, 2007) o Expediente Anwar (Gavin Hood, 2007) son las primeras ficciones de una veda que tal vez se abra cuando la Administración USA reconozca haber perdido la contienda el mismo día en que decidió iniciarla.
"La interpretación de John Cusack, contundente y contenida desde que aparece en escena, alcanza aquí la excelencia"

La sargento Grace Anne Phillips partió a Irak "a cumplir con su deber". Al menos eso es lo que su esposo, Stanley Phillips (John Cusack), explica a sus hijas. Stanley también quiso una carrera militar, pero problemas en la visión se lo impidieron y, desde que Grace se fue, reparte su silente existencia entre el trabajo en un supermercado de bricolaje y el cuidado de las niñas, de doce y ocho años, que lloran mudas igual que el padre, la prolongada ausencia de la madre. Stanley es introvertido y estricto, le cuesta manifestar afecto y oculta su ahogo tras una mirada triste, que en la mañana de un día cualquiera se pierde. Dos miembros del ejército se personan en la residencia de los Phillips para comunicar la muerte, "en acto de servicio", de la sargento Grace. El tiempo se detiene. Stanley se paraliza. No sabe cómo hacer frente al dolor. Finge ante Heidi y Dawn (Shelan O’Keefe y Gracie Bednarczyk sorprenden por la certeza de sus interpretaciones) que todo continúa igual que siempre e inician un viaje inesperado a un parque temático en Florida.
La historia evoluciona hacia el duelo y en su camino se llena de pequeños detalles (el reloj sincronizado de Dawn, la redacción que escribe Heidi sobre su madre, el grito de ayuda de Stanley a su mujer muerta, cuya voz ha quedado grabada en el contestador telefónico, preguntándole cómo contar a las niñas lo ocurrido), que muestran el vínculo de cada uno de ellos con la ausencia. La crítica a la intervención armada se cuela en la trama sin tocarla, con el discurso de John Phillips (Alessandro Nivola), el hermano menor del protagonista, cuyo punto de vista les enfrenta.

El director construye entre el bullicio desangelado de unos grandes almacenes una secuencia sobrecogedora cuando funde en un abrazo a los tres personajes en el interior de una pequeña caseta de juegos, valiéndose de planos sin artificios que los empañen, metáfora de la vida de los Phillips a partir de ese instante. La interpretación de John Cusack, contundente y contenida desde que aparece en escena, alcanza aquí la excelencia. Una película incómoda de digerir, cuyo desarrollo directo, sin sentimentalismos lacrimógenos ni alegatos demagogos, la convierte en un digno obituario.
Nuria Dufour
Enlaces relacionados¿Quieres recibir gratis nuestro boletín?
Crítica, tráiler, sinopsis, intérpretes, ficha técnica ... CINE y DVD
Ver todas las películas