Luis Buñuel: "El misterio es el elemento clave de toda obra de arte" - cine | Kane 3

Luis Buñuel: "El misterio es el elemento clave de toda obra de arte"

"Un perro andaluz" (1929)

Noche brumosa. Un hombre asomado a una ventana afila su navaja. Parece que va a afeitarse. Lleva la hoja a su cara y lenta, pero concienzudamente, secciona un globo ocular. La luna espera entre las nubes y una de ellas, con sospechosa forma de filo, cruza al satélite por su hemisferio.

Un hombre elegantemente vestido camina por la calle abstraído o distraído, no se sabe bien. Va dándole patadas a algo, pero no se trata de una lata vieja, sino de un violín que queda destrozado bajo el charol de sus lucidos botines.

En un fondo de calles lóbregas y basureros, un hombre sin piernas se mueve con agilidad apoyando sus muñones sobre una tabla con cuatro ruedas, teniendo sus propias manos, intuimos que agrietadas ya de tanto contacto con el pavimento, como única tracción.

En una fiesta de la alta sociedad, algunos de los invitados deciden retirarse, pero cuando se disponen a hacerlo, algo les para, no saben qué, nadie lo sabe. El hecho es que se quedan encerrados, prisioneros en una celda de oro.

"El ángel exterminador" (1962)

No se trata de adivinanzas, es... Mundo Buñuel. Más que mundo, Universo. La amplitud de la metáfora, ya lo insinuaba [Umberto] Eco, carece de límites, de fronteras. Como todos los de su generación, quiso revolucionar, provocar, romper, quizá sólo para ser echado de menos en su ausencia. Lo consiguió. Han pasado 25 años de su muerte y sigue vivo, oculto eso sí, en las catacumbas que hacen sobrevivir el cine arte de otras cosas.

En sus memorias dialogadas que su guionista de cabecera, Jean Claude Carrière, se ocupara pacientemente en transcribir, Buñuel defiende su derecho a no ser interpretado. Le tenía particular antipatía a los semiólogos. Hace balance de lo bueno y de lo malo. Ese hombre que se avergüenza de haber acosado a homosexuales de urinario, para demostrar su masculinidad en la adolescencia, es el mismo que no faltó con Cavalcanti y René Clair a la última cita con Georges Méliès, "el mago de Montreuil", el inventor de los efectos especiales de cámara. Meliès murió arruinado, acosado por las deudas y vendiendo juguetes para niños en un puesto ambulante a la entrada de una estación. Y todo por haber soñado demasiado. Un surrealista como Buñuel no podía faltar a aquella cita. Y no faltó.

Buñuel se confesó en sus últimos años conmocionado por el terrorismo, circunstancia histórica cuya brutalidad le llevó a querer rodar algo sobre el tema. No le dio tiempo, estaba en ello pero tan solo dejó un primer borrador escrito (Agón).

"Un perro andaluz" (1929)

Admitió también su admiración por las cámaras domésticas de vídeo, que empezaban a permitir que cualquiera pudiera rodar imágenes en color y con sonido a un coste más que razonable, aunque de la calidad mejor no hablar. No era algo que le importara mucho. Él, que montó Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929) con sus propias manos en la cocina de su casa, utilizando como visor una simple lupa, mientras enredaba a su madre para que le mandara más dinero, fue un poeta de la sustancia, más que de la forma. Entonces ya vivía en Paris.

Español, mexicano, francés y cuando se lo permitieron, nuevamente español, de Calanda, pero sobre todo, cineasta de un siglo, de un mundo que se le quedó pequeño. Luis Buñuel: In Memoriam.

Pedro Gómez



29/07/2008 - 25 aniversario de la muerte de Luis Buñuel.

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