Luna caliente

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Sinopsis

Juan (Eduard Fernández) cree haber observado en Ramona cierto tipo de insinuaciones, de forma que se atreve a entrar en su habitación en mitad de la noche. Ramona ha imaginado una relación romántica pero, instintivamente, sin poderlo remediar, él procede a una violación que nada tiene de romántico.


El resultado es un cambio radical en ambos, de tal magnitud que los dos dejan de ser lo que han sido hasta el momento para entrar en una zona irracional donde los instintos son el eje de la conducta.
Adaptación cinematográfica de la novela del escritor argentino Mempo Giardinelli, Luna caliente (1983), que Vicente Aranda traslada al Proceso de Burgos.

  • País:España
  • Año:2009
  • Estreno:5 de febrero 2010
  • Duración:1h.31min.
  • Distribuidora:Paramount Pictures
  • Web oficial: www.lunacalientepelicula.es

Intérpretes

Eduard Fernández Juan
Thaïs Blume Ramona
José Coronado Inspector
Héctor Colomé Militar
Emilio Gutiérrez Caba Dr. Muniente
Carla Sánchez Cristina
Mary Carmen Ramírez Madre de Juan

Ficha Técnica

Dirección y Guión (basado en la novela homónima de Mempo Giardinelli) Vicente Aranda
Producción Vicente Aranda y Rodolfo Montero de Palacio
Fotografía Joaquín Manchado
Montaje Teresa Font
José Nieto José Nieto

Crítica

La literatura como coartada

Nacho Cabana

El proceso de Burgos tuvo lugar entre noviembre y diciembre de 1970. Aunque el cambio climático no había hecho aún su aparición, es de suponer que en la ciudad castellano-leonense durante esos meses de invierno hacía un frío de pelarse. Lo que no es óbice para que en Luna caliente, cuando el personaje de Eduard Fernández irrumpe en el dormitorio del interpretado (es un decir) por Thaïs Blume, ésta se encuentre completamente desnuda y con el pubis afeitado según la moda de 2009. Éste es sólo un ejemplo de cómo lo que guía las decisiones de Vicente Aranda en esta (y en la mayoría de las películas de su filmografía) no son dramáticas ni estéticas si no simple y llanamente eróticas.

Nada que objetar, desde luego, a esta cuestión que hermana al director de La mirada del otro con el cine de un clásico del erotismo como Tinto Brass. La gran diferencia entre ambos es que el italiano no enmascara los dictados de su bajo vientre con coartadas literarias y Aranda, víctima probablemente del complejo de culpa propio de la época a la que pertenece, sí que lo hace, película tras película.

Porque para mostrar chicas desnudas en situaciones bizarras recitando diálogos delirantes no hace falta adaptar a Giardinelli, ni a Martorell ni, por supuesto, a Marsé. Basta con tener un poco de gracia y el desparpajo exhibido por Brass en cintas como Los burdeles de Paprika o Giulia, la cochina.

Aranda monta alrededor de las cuatro o cinco secuencias eróticas que vertebran Luna caliente (impagable Coronado llevando su mano a la entrepierna cuando pilla a Eduard Fernandez y a Thaïs Blume empujando contra un árbol) un débil entramado dramático cercano al cine negro que muestra sus cartas involuntariamente pronto y que escamotea acontecimientos clave (los dos hechos que conducen a la liberación de Eduard Fernández de la cárcel) no se sabe bien si porque carecían de interés para el director o por la evidente escasez de presupuesto que sobrevuela la producción.

Estructurar un guión es algo más que encadenar una serie de situaciones. Hay que saber porqué los personajes hacen lo que hacen, qué es lo que lleva a Thaïs Blume a insinuarse descaradamente a Eduard Fernandez delante de sus padres sin que éstos se percaten de nada y por qué, tras rechazarle ella en la secuencia con la empieza este comentario, la Blume tiene la iniciativa de tirárselo durante el funeral de su padre. Y porqué Fernández, intelectual y exiliado, se comporta, apenas adivina el pezón de la chica bajo su blusa, sin que entre sus genitales y su cabeza medie razonamiento alguno. Aranda confunde mujer fatal con objeto sexual y atracción irrefrenable con instinto animal. Una tía buena y un salido con los que cree justificar toda la película.

"Aranda monta alrededor de las cuatro o cinco secuencias eróticas un débil entramado dramático cercano al cine negro que muestra sus cartas involuntariamente pronto y que escamotea acontecimientos clave no se sabe si porque carecían de interés para el director o por la evidente escasez de presupuesto que sobrevuela la producción".

Y es que cuando el tema central de tu largometraje es una violada que se "enamora" de su violador, tienes que tener mucho cuidado con cada uno de las decisiones que tomas, tanto en guión como en planificación como en dirección de actores. No basta con interrumpir cada dos por tres la acción, a modo de los carteles del cine mudo, con citas literarias que intentan explicar extradiegéticamente lo que el autor no ha sabido contar utilizando las herramientas de su oficio. Recurso no precisamente vanguardista que Aranda justificó en el pasado festival de Valladolid con esta joya: "Las citas literarias surgieron después de tener elaborado el guión porque me di cuenta de que era un largometraje demasiado entregado al público y quería darle un punto más intelectual".

Afortunadamente, a Aranda se le ha acabado (ya era hora) el crédito que hace 19 años consiguió con Amantes, la única película realmente buena de su filmografía. A estas alturas ya no engaña ni a la crítica (Luna caliente fue justamente pateada en el último festival de Valladolid) ni al público (las recaudaciones de sus últimas películas son tan exiguas como las de cualquier debutante medio).

Esperemos que, tras Luna caliente, deje de una vez de embaucar a los productores.

09/01/2010

Tráiler


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