José Luis Garci adapta un relato de Ramón Pérez de Ayala que contiene un duro alegato contra la injusticia, la vida política y el caciquismo de la España de principios del siglo XX.
En un pueblecito asturiano, Cenciella, la enconada lucha entre dos bandos políticos trae la desgracia a unos seres bondadosos e ingenuos: la pareja formada por Urbano (Alex González) y Estrella (Paula Echevarría). Aunque el secretario del Ayuntamiento es persona liberal e idealista, uno de los grupos políticos que lo consideran del bando enemigo decide vengarse de su neutralidad violando a su novia el domingo anterior a la boda. Momentos en los que Urbano meditaba sobre algo que le obsesiona: la luz del domingo es muy distinta a la de los demás días, en domingo parece que el sol mirara a la tierra cara a cara, en domingo es difícil que no se sienta al prójimo.
| Alfredo Landa | Joaco |
| Paula Echevarría | Estrella |
| Alex González | Urbano |
| Kiti Manver | Dª. Paredes |
| Manuel Galiana | Alpaca |
| Toni Acosta | Cova |
| Enrique Villén | Longinos |
| Andrea Tenuta | Parrula |
| Francisco Algora | Chanfaina |
| Carlos Larrañaga | D. Atila |
| Mapi Sagaseta | Regina |
| Jorge Roelas | Aldeano |
| Fernando Guillén Cuervo | D. Ramón |
| Dirección | José Luis Garci |
| Guión y diálogos (inspirado en un relato de Ramón Pérez de Ayala) | José Luis Garci, Horacio Valcárcel |
| Producción | José Luis Garci |
| Producción ejecutiva | Salvador Gómez Cuenca |
| Fotografía | Félix Monti |
| Montaje | José Luis Garci |
| Música | Pablo Cervantes |

Desde Canción de cuna (1994), su vuelta al cine tras un parón de siete años, José Luis Garci ha rodado un conjunto de siete películas -La herida luminosa (1997), El abuelo (1998), You're the One (una historia de entonces) (2000), Historia de un beso (2002), Tiovivo c.1950 (2004), Ninette (2005), y la presente Luz de domingo-, que conforman un sólido conjunto sobre lo que podría denominarse el mundo "garciano".

Muchas críticas le han llovido y le llueven a Garci sobre esa moda retro en la que se basa esta etapa de su filmografía (acentuada ahora, pero presente desde los años ochenta), y la necesidad que tiene de (de)mostrarlo en cada plano de cada una de sus películas. Muchas de ellas son adaptaciones de obras literarias representativas de un mundo añorado, todas ellas con una factura tan impecable como irreal, en donde los personajes se ven motivados a actuar en ocasiones "a la contra" de las disposiciones sociales, en donde los diálogos suenan arcaicos hoy, de demasiado recitativos. Todo ello emana un olor imitativo, como si todas y cada una de sus películas las hubiéramos visto no sé donde, probablemente en la televisión. Nada de eso es malo; ése y no otro es el mundo "garciano".
"Es un director que vive muy bien en el pasado, y por eso mismo sus películas son recuerdos de antaño"
Luz de domingo tienen una estructura bastante lineal, está narrada desde la voz en off de uno de los personajes, Chanfaina, interpretado por Paco Algora. Desde esa situación José Luis Garci narra con fluidez una pequeña historia, casi mínima pero de resonancias trágicas, y lo hace, con sus virtudes y sus defectos, sobre lo expuesto anteriormente.

Lo malo es que si uno trata de hacer la traslación de los conflictos que narra Luz de domingo y piensa que Garci pretende hablarnos del presente, el tortazo puede ser monumental. Por eso, a Garci lo que es de Garci. Es un director que vive muy bien en el pasado, y por eso mismo sus películas son recuerdos de antaño. Ahí está su mayor lastre. Cuando Garci, y lo hace en esta película, como lo hace también en El abuelo y en You're the One, por poner dos ejemplos, quiere reflexionar desde el pasado sobre el presente, el resultado peca de inocente. Y es ahí donde todo el entramado conceptual de Garci es el causante de que cualquier reflexión sobre el presente resulte anacrónica, debido a la excesiva limpidez de sus imágenes, lo inmaculado de sus personajes más positivos -Estrella y Urbano-, como del resultado de las situaciones planteadas bajo unos cánones éticos urdidos sobre situaciones ideales, pero cuya resolución es irreal si se plantea dentro de unas coordenadas diferentes de las apuntadas, es decir, dentro de un mundo no ideal, fuera del mundo "garciano".

¿Qué es lo que queda entonces? Disfrutar de una película de Garci es sumergirse en un mundo de antaño, de figuras maleables, de trajes limpios y colores vivos, de diálogos tan estructurados y bien recitados que amplifican la propia prosa del texto en que se basan, con una composición de imágenes equilibradas pero carentes de densidad dramática, de progresión, ancladas en la sucesión -casi siempre mediante fundidos- de escenas cuyo clímax es inexistente porque Garci no lo quiere, porque el mundo "garciano" busca la idealización de un pasado que nunca existió.
Por Rafael Arias Carrión
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