Un grupo de jóvenes buscan en sus relaciones la solución a sus problemas. Tres días de un caluroso comienzo de verano en Alicante con sus tres frenéticas noches, Paz, Carola, Carlos, Sonia, Nico, Toni, Marina y Leo descubrirán que su vida no puede seguir siendo la misma.
Paz no está gorda, solo es ancha de huesos, o al menos eso le dice para consolarla su amiga Carola. Paz es joven, trabaja en un bar de moda en el centro de Alicante y tiene un novio guapísimo llamado Carlos. Pero todo está a punto de cambiar. Carola oculta un enorme secreto y miente a su mejor amiga.
Toni y Nico sueñan con el verano perfecto mientras toman el sol en una playa solitaria. Han terminado el curso pero están sin trabajo y sin dinero. Son amigos inseparables pero a pesar de esto Toni esconde otro secreto. La única que sabe todo es Marina, su mejor amiga.
| Mario Casas | Tony |
| Ana de Armas | Carola |
| Yon González | Nico |
| Ana Polvorosa | Marina |
| Marieta Orozco | Sonia |
| Hugo Silva | Carlos |
| Alejo Sauras | Bubu |
| Duna Jové | Leo |
| Esmeralda Moya | Nuria |
| Miriam Giovanelli | Paz |
| Clara Pradas | Rosa |
| Maxi Iglesias | Pablo |
| Asier Etxeandia | Cristo |
| Dirección | Alfonso Albacete, David Menkes |
| Guión | Alfonso Albacete, David Menkes, Ángeles González-Sinde |
| Producción | Gerardo Herrero |
| Producción ejecutiva | Francisco Ramos |
| Fotografía | Alfredo Mayo |
| Montaje | Fernando Pardo |

Nuria Dufour
La ciudad de Alicante sirve de escenario para que nueve adolescentes y otros cuatro algo más creciditos sobrevivan a 36 horas al límite de abismos adulterados. Muchas drogas, mucho sexo y poco rock&roll. Sin caer (la que firma) en el error de pensar que todos los jóvenes se mueven en ambientes semejantes, la película que dirigen Alfonso Albacete y David Menkes no da opción a suponer lo contrario. La imagen, ligera y superficial, que el guión traza sobre cómo un grupo de chavales entretiene su tiempo libre, fuerza a llegar a esa terrible conclusión.

La historia, aunque pretenda ir de original y atrevida por lo desinhibido de su propuesta, no es la primera que aborda excesos juveniles. Lo hicieron hace años Historias del Kronen (Montxo Armendáriz, 1995) o Golpe al sueño americano (Marek Kanievska, 1987), entre muchas otras, y lo hacen frecuentemente insulsos dramas estudiantiles norteamericanos tan moralizantes como el que nos ocupa. Porque si hay algo que irrita de esta película es su final, apocalíptico y pedagógico en proporciones similares ("operístico", según los directores): tras la previsible tragedia a cámara lenta, una fiesta playera y melancólica con pequeñas hogueras ¿purificadoras? diseminadas entre los jóvenes allí concentrados (por alguna razón, el inspirador epílogo de Compañeros inseparables me vino a la memoria).
El guión, de frases hechas, con diálogos y situaciones que rotan sobre sí mismas, avanza sólo para mostrarnos un catálogo completo de estereotipos televisivos juveniles, vestidos de personajes desdibujados, puestos ahí para que destapen sus codiciados encantos. La crisis económica, además, sobrevuela en la trama, tocando de refilón a los protagonistas, pero sin ahondar en ella, como tampoco en los adultos, que han sido borrados de la historia. Aparece en off el padre de uno de los protagonistas, un hombre al que el paro figura haber empujado al alcohol. Superficial modo de justificar el comportamiento del hijo, en una secuencia que, por contenido y exposición, es engañosa.
"Una historia trágica, disfrazada de comedia juvenil, con el reclamo de los nuevos ídolos de la pequeña pantalla"

Los dos jóvenes que lideran la ficción, Tony, el gay cohibido, y Nico, el manipulador, hacen planes para pasar un verano que se presenta aburrido. Justitos de dinero, nada mejor, sugiere Nico, que vender pastillas en los afters. La idea de poder costearse el pase al Festival de Benicàssim y la atracción secreta que siente hacia su amigo, empujan igualmente a Tony a jugar con fuego. Sorprende la facilidad con que estos chicos se mezclan entre camellos y dealers, pero ese es otro tema, aunque subliminalmente el guión apunte, para compensar el caos que describe, las fatales consecuencias que se germinan en esos entornos. En paralelo, la gorda feliz a la que el novio (Hugo Silva levita entre fotogramas) abandona por oronda y pesada; la amiga desleal, que, mientras la consuela, se tira sin pudor al chico recién perdido; la lesbiana atrevida y la lesbiana reprimida, íntima del gay, y la traficante, una tipa extraña, que quiere empezar de cero.
Sexo por doquier y demasiado plano de torsos perfectamente esculpidos, que se justifican a partir de secuencias forzadas. Con esta película, los directores regresan al dislate de sus primeras propuestas (Atómica, I love you baby), colocándose en las antípodas de Sobreviviré, su producción más interesante y rentable hasta la fecha.

Si lo que se ha pretendido con Mentiras y gordas es generar polémica y con ella, entradas, es fácil que el objetivo se logre. Claro que el humo (y los humos) también crea (crean) mucha confusión. Lo que resulta grotesco es que sus responsables se hayan puesto la venda antes de hacernos la herida (a los espectadores y al cine español), calificando la película de "reflexión sobre la levedad e ingravidez en la que se desarrolla la vida durante la etapa de la juventud". Cuando en realidad se trata de una historia trágica, disfrazada de comedia juvenil, con el reclamo de los nuevos ídolos de la pequeña pantalla.
Caras bonitas y cuerpos espectaculares elevados a ese efímero olimpo de la popularidad, en el que pronto los mismos que ahora les aclaman, vitorearán a otras caras, igual de bonitas, y a otros cuerpos, igual de espectaculares. "Una arriesgada mirada sobre los jóvenes", anuncia el dossier promocional. Y oportunista, añadiría yo.
26/03/2009
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