Tensión sexual no resuelta está llamada a ser el éxito español de la temporada. Con una buena cantidad de estrellas televisivas, Miguel Ángel Lamata (Zaragoza, 1967) busca la complicidad de la audiencia más joven. Una de zombis (2004) e Isi/Disi: Alto voltaje (2006) completan una filmografía que combina la comercialidad, con el descaro y la desvergüenza. Después de muchos años de trabajo todoterreno (teatro, televisión, cortos...), Lamata parece que se asienta como director (y guionista) de largometrajes. Y ahí se convierte en una de las pocas esperanzas para dar al cine español aquello que tanto necesita: euros.

Manuel Barrero
—Siendo conscientes de que estamos ante una comedia que no se toma demasiado en serio, pienso que de tus tres películas, Tensión sexual no resuelta es la que más en serio se toma.
—Sí, se toma más en serio, porque habla de cosas más concretas. Todos estamos enamorados de alguien, o creemos estarlo, o deseamos a alguien. Ya sea una persona pública, o la vecinita de al lado. Como es una cosa tan universal, inevitablemente tienes que poner un punto de reflexión. Pero vamos, que la película es bastante loca y esquizoide. Esas ganas de rodar una comedia a ritmo de thriller de acción...
—Hablas de que es tu película más personal. La impresión, también, es de película hecha para gustar al gran público...
—Todas las mías lo son. Creo que tiene que haber cine de todos los palos. Tiene que haber cine de arte y ensayo más minoritario, y cine más orientado al gran público. Creo que como espectador soy muy básico, aunque me gustan mucho Bergman, Kieslowski, Haneke... pero si te digo cinco películas que me llevaría a una isla desierta, serían Tiburón, En busca del arca perdida, Alien, La jungla de cristal y The Blues Brothers. Son las películas que me ponen. Y todas tienen un fuerte componente humorístico, o claros detalles de humor. Estoy seguro que el 80 por ciento de las películas que me salgan van a ser orientadas al gran público. Pero porque tengo esa tendencia, las películas que más me apasionan cumplen ese cometido.

—Pero aun buscando al público, no sé si al ser una película más personal, buscas algo parecido a un sello de autor. Ya que entre tus referentes nombras a Woody Allen o Judd Apatow...
—Sí, pero son autores que han conseguido esa autoría sin esforzarse. Woody Allen se puso a hacer películas divertidas. Aunque luego haga Interiores, Septiembre o Another Woman. Pero, generalmente, hace comedias, más o menos dramatizadas a ratos. Y, además, estilísticamente hablando no tienen mucho que ver las que hizo con Gordon Willis con las que hizo con Di Palma. El sello de autor en Judd Apatow se lo da sus historias. Y el tema, que siempre es crecer. Tanto las que dirige y escribe, como las que solamente produce o pone en marcha; son películas que le dan vueltas al tema de que en algún momento se supone que deberíamos hacernos mayores. Yo no creo tener sello de autor de ningún tipo. Pienso las historias, y luego la forma más adecuada de rodarlas. Supongo que dentro de diez películas, a lo mejor alguien podrá hablar de sello de autor de Lamata. Pero no creo que lo tenga.
—La película está teniendo bastante suerte con la promoción, algo no muy común en el cine español.
—Cuando una película norteamericana tiene dos millones de euros para gastarse en promoción, y tú tienes mucho menos; tienes que hacer lo que puedas. Es verdad que se nos está haciendo caso, porque tenemos rostros muy queridos por el público. Pero no nos equivoquemos, este caso que se nos hace, no es garantía de triunfo. Es garantía de tener una posibilidad de que nos vaya bien. De ahí a que nos vaya bien, hay que esperar, tener mucha fe. Y rezar, rezar mucho. La semana que viene voy a concursar en Pasapalabra. Lo hago feliz, porque me gusta mucho mi peli. Y lo voy a hacer con la frente bien alta. Voy a hacer el payaso todo lo que haga falta, y más.
"Prefiero ser el peor director de cine del mundo, que el mejor crítico del mundo. Me lo paso muy bien haciendo películas. Tan bien que no podría importarme menos lo que digan los críticos. Y los respeto".
—Aseguras que has tenido total libertad para hacer la película.
—Santiago Segura te deja hacer lo que te da la gana, si el proyecto le gusta mínimamente, y hay gente interesada en él. Televisión Española se interesó, y con los actores ya había hablado antes de tenerle como productor. Santiago me ha dejado hacer lo que me ha dado la gana. Si te ha gustado o no, la culpa es totalmente mía. He hecho lo que me ha apetecido. Lo que sí te aseguro es que no he buscado a los actores por ser famosos. En el momento que vi a Amaia Salamanca en SMS, sin miedo a soñar, que no la conocía ni Dios, me pareció fantástica. Y no ha estudiado nada, pero mira y dice las cosas de una forma... Y Pilar no tiene ni puta idea de actuar a nivel de cursos y tal, pero también se deja la piel. En esa insensatez de película que es Isi/Disi: Alto voltaje, vi su pasión y me dije que tenía que hacer más cosas con esta tía.
—¿Cómo la escogiste para Isi/Disi: Alto voltaje?
—Me la presentó un amigo que quería que la conociese, porque era una película sobre el Heavy Metal, y ella sabe todo lo que hay que saber sobre el Heavy Metal, desde que tenía 13 años. Quedamos a tomar un café un día, y nos caímos de puta madre. Me pareció una tía super normal. Luego le han colgado la etiqueta de la mujer más deseada del planeta y tal, y tiene que vivir con esa carga; que por otra parte, le ayuda en el trabajo. Yo le hice un casting bastante cabrón, porque no quería ficharla sólo porque estuviera buenecilla. Y vino con un montón de folios sobre el personaje, con un montón de paranoias delirantes, pero muy divertidas. Es una máquina de currar. En Sé lo que hicisteis..., te aseguro que se ha dejado la piel. Es una curranta como pocas he conocido.

—Ahora, hasta le has dado diálogo.
—En Isi/Disi, cuando me empecé a entusiasmar con su trabajo, le dije que igual debería hablar, y me dijo que no. Decía que su personaje dejó de hablar una vez, porque tuvo un desengaño emocional muy grande, y no debería hablar. Y se moría de ganas. Pero no lo hizo su propio compromiso con su personaje, con todo lo que había urdido. Me dijo que ya hablaría en otra.
—Me gustaría que me hablaras de Adam Jeziersky, que me parece de lo mejor de la película ¿cuándo decidiste que él sería Nico?
—No tenía visto a Adam. Pensamos en varios nombres: Mario Casas, Yon González... el productor que estaba antes quería que fuera Juan José Ballesta. Pero no llegué a hablar con nadie. Lo que sí hice fue lo que hago siempre: ir al teatro, ver cortos, ver todas las series habidas y por haber. Meses antes de rodar, para asegurarme de no cagarla en el casting, que creo que es muy importante. Y, sobre todo, no darles el papel sólo porque son famosos. Me puse a ver Física o química, y me hablaron muy bien de Maxi Iglesias. Pero al que descubrí fue a éste. Me pareció acojonante. En la televisión se va a toda hostia, y dan los guiones, a lo mejor, el día antes. Y este tío se mueve muy bien, tiene mucho instinto. Y, sobre todo, le vi unas ganas tremendas de demostrar que podía ser lo contrario al Gorkita que hace en Física o Química.
—¿Y el pequeño papel de Joaquín Reyes?
—A Joaquín lo iba a tener en Isi/Disi: Alto voltaje, pero el tipo tuvo el mal gusto de casarse, y justo sus sesiones coincidían con los 15-20 días que estaba en San Francisco. Pero esta vez no lo iba a dejar escapar. Es un cameo largo que han querido hacer muchos actores, cuyos nombres no voy a decir. Actores más guapos o más mediáticos, pero tenía claro que tenía que ser este tío. Yo sabía que Joaquín iba a ser un manantial de descojono monumental, como efectivamente así ha sido.
—Hasta ahora, tus películas no han tenido muy buena acogida por la crítica...
—Tampoco ha sido tan letal. Por ejemplo en Alemania se vendió Una de zombis en una especie de circuito de arte y ensayo alternativo, y tuvo unas críticas brutales, muy buenas. Son esas cosas inauditas... nos dieron un premio en un festival. Pero es verdad que la crítica nos ha metido unas hostias monumentales. De momento con ésta no han sido muy atroces.
—¿Te preocupa?
—No, y te voy a decir por qué. La crítica puede tener influencia en películas como La cinta blanca, por ejemplo. Si hay un favorito de la crítica que es desprestigiado por la propia crítica que debería enaltecerlo, pues eso es preocupante para él. Incluso Lars von Trier ha sido masacrado por Anticristo, y hemos ido todo Dios a verla. Sinceramente, creo que la crítica cada vez tiene menos influencia, lo que no me parece bien. Pero tampoco me parece bien que, muchas veces, los críticos sean mejor valorados cuanto más duros son. Es tan legítimo hablar de las cosas malas de una película, como concentrarte en las buenas. Y también te diré que prefiero ser el peor director de cine del mundo, que el mejor crítico del mundo. Me lo paso muy bien haciendo películas. Tan bien que no podría importarme menos lo que digan los críticos. Y los respeto. Pero no puedes hacer películas para el público y para la crítica a la vez. Y, además, la crítica se equivoca mucho. Ciudadano Kane o a Blade Runner recibieron un montón de hostias cuando se estrenaron.

—En tus películas siempre ha habido mujeres muy guapas, y hombres que no lo son tanto. Aquí se iguala algo más la cosa.
—En mi primera película, conté con los que eran los protagonistas de mi compañía de teatro en Zaragoza. Isi/Disi era una segunda parte. Y en esta película veía a estas actrices y a estos actores. Y es verdad que están muy buenos. No oculto que me gusta el star system. Es una herramienta que utiliza muy bien el cine americano. Creo que nosotros también tenemos nuestro star system, y tenemos que utilizarlo. Sean guapos o feos. Mira Tarantino. Tú te crees que Brad Pitt, un actor al que idolatro, es la opción más adecuada para el sargento de Inglorius Basterds. No me jodas, hombre. Ahí tenías que poner a Paul Giamatti, o alguien así. Está Brad Pitt, y me parece de puta madre, pero nadie le dice nada a éste.
—Me gustaría que me hablaras sobre la colaboración con Los gandules.
—En mi anterior película ya me hicieron 15-20 canciones. Son maravillosos, me descojono con ellos. Me han hecho canciones muy bonitas, no sólo divertidas. Y ya les he dicho que me encantaría hacer Los gandules. The movie.
—Y tu coguionista, Miguel Ángel Aijón, ¿qué te aporta?
—Mucho. Aporta inocencia, aporta locura. Es la pareja perfecta para mí, y yo para él. Nos complementamos muy bien. Hemos hecho cuatro o cinco guiones, y da gusto escribir con él.
-Volviendo a la película, hablas de comedia irreverente, ¿en qué aspectos podemos encontrar esa irreverencia?
—El final de la película lo puedes interpretar como un final feliz, o como una parodia de final feliz. Lo que sí me interesaba era mostrar los defectos de los personajes. Muchas veces, en las películas románticas americanas nos venden un retablo de personajes moralmente irreprochables. A mí me apetecía que los míos fueran moralmente muy reprochables, porque así somos en la vida real.
21/03/2010
Enlaces relacionados¿Quieres recibir gratis nuestro boletín?
Crítica, tráiler, sinopsis, intérpretes, ficha técnica ... CINE y DVD
Ver todas las películas