Hace 40 años, Harriet Vanger desapareció de una reunión familiar en la isla que pertenece y es habitada por el poderoso clan Vanger. Su cuerpo nunca se encontró,
sin embargo su tío está convencido de que fue asesinada y de que el asesino es un miembro de su propia familia, una familia unida y a la vez disfuncional. Contrata entonces a Mikael Blomkvist, periodista caído en desgracia y a la tatuada y salvaje hacker informática Lisbeth Salander para investigar el caso.
Será cuando la pareja relaciona la desaparición con un número de grotescos asesinatos cuando comiencen a desentrañar una oscura y horrible historia familiar. Pero los Vanger son una familia reservada y están dispuestos a llegar lejos para protegerse.
Los hombres que no amaban a las mujeres es la primera parte de la trilogía de novelas Millennium, escrita por Stieg Larsson, y que ha vendido más de diez millones de ejemplares en todo el mundo. Larsson no vivió para ver el fenómeno en que se ha convertido su obra, murió repentinamente en 2004 poco después de entregar los manuscritos a su editor sueco.
| Michael Nyqvist | Mikael Blomkvist |
| Noomi Rapace | Lisbeth Salander |
| Lena Endre | Erika Berger |
| Sven-Bertil Taube | Henrik Vanger |
| Peter Haber | Martin Vanger |
| Peter Andersson | Nils Bjurman |
| Marika Lagercrantz | Cecilia Vanger |
| Dirección | Niels Arden Oplev |
| Guión ( basado en la primera parte de la trilogía "Millennium" de Stieg Larsson) | Nicolaj Arcell y Rasmus Heisterberg |
| Producción | Sören Staermose |
| Producción Ejecutiva | Mikael Walleìn y Ole Söndberg |
| Fotografía | Eric Kress |
| Montaje | Anne Osterud |
| Diseño de Producción | Niels Sejer |

Manuel Barrero
Inevitablemente, hay que hablar del enorme carisma que desprende su pareja protagonista (especialmente esa joven investigadora que tan bien conecta con el público), para explicar la expectación que este producto ha levantado. Nacida de un best seller sueco, desde ese mismo país nos llega la adaptación de la primera parte de Millennium. Una saga que se quedó en trilogía por culpa del repentino fallecimiento del autor. Y por lo que parece, la novela encierra una furibunda crítica a la aparente perfección sueca.

Algo así como lo que los estadounidenses llevan haciendo ya desde hace bastante tiempo. Desde luego, sus artistas llevan años mostrándonos lo que se esconde debajo de sus alfombras. Tanto se han autocriticado ya, que todos hemos asimilado lo corrupta y podrida que está su sociedad. Pero no hay tanta diferencia con el resto de sociedades occidentales, salvo las peculiaridades e idiosincracias de cada cual. Incluso, aquellas que nos parecen más admirables en la distancia, como las noreuropeas, esconden demasiada porquería en su interior.
Sin haber leído la novela de Larsson, me es imposible opinar sobre su ejercicio crítico; pero en su traslación a la pantalla grande podemos decir que no queda demasiado espacio para esa labor. La intriga y el suspense dominan en un thriller que, eso sí, mantiene la tensión durante sus casi dos horas y media. Cierto es que siempre está de fondo lo miserable que puede llegar a ser gente intachable de puertas hacia fuera. Pero da la impresión de que el director no va más allá de la superficie.
"Periodista íntegro y joven inadaptada, dos caracteres bien conocidos por el público. Lo que hace que esta pareja sea inusual es la habilidad de combinar ambos roles para crear una mezcla explosiva. Por mucho que sean arquetipos, no se puede negar la envidiable construcción de ambos, encarnados por dos intérpretes en estado de gracia"

Sí que se incide (el título ya lo anuncia) sobre la violencia ejercida sobre las mujeres. Una feroz denuncia que no se anda por las ramas. Sin contemplaciones, quizás con excesiva reincidencia y explicitud, pero con el firme propósito de constatar que aún hay mucha porquería que eliminar. Incluso en países supuestamente avanzados. Que no sea visible, no quiere decir que no exista.
Precisamente, es la nihilista heroína una de esas víctimas del desgraciado mundo en el que vivimos. A ella le ha tocado sufrir, y su respuesta es la falta de confianza en una humanidad que detesta. Por el contrario, el héroe representa la esperanza en el lado amable de las personas, esa minoría que lucha y se desvive por hacer del mundo un lugar mejor.
Periodista íntegro y joven inadaptada, dos caracteres bien conocidos por el público. Lo que hace que esta pareja sea inusual es la habilidad de combinar ambos roles para crear una mezcla explosiva. Incluso la inefable historia de amor que tanto suele estorbar en este tipo de films, aquí se ajusta perfectamente a la narración completando la ejemplar definición de personajes.

Porque, por mucho que sean arquetipos, no se puede negar la envidiable construcción de ambos, encarnados por dos intérpretes en estado de gracia. Es el gran acierto, pero no el único. Muy a tener en cuenta la capacidad para crear una inquietante atmósfera; en la que se mezclan el sello eminentemente europeo de su realización, con elementos tan americanos como una música con ecos del Badalamenti más lynchniano o los espeluznantes secreto de una familia que parece sacada de La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974).
El problema es que todo huele más a efectivo que a verdadero. Más parece que se ha diseñado un producto para el éxito, dándose prisa en hacerlo antes de que los americanos se apropiaran de la franquicia. Eso sí, al menos todo está decentemente cuidado. Con muchas de las virtudes del género, Los hombres que no amaban a las mujeres también tiene muchos de sus defectos. Incongruencias de guión, una detrás de otra. Y la supeditación del intenso contenido de fondo al efectismo de la tensión.
29/05/2009
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