My Blueberry Nights

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Sinopsis

Elizabeth (Norah Jones) es una joven que después de una difícil ruptura, se dispone a realizar un viaje cruzando América, dejando atrás una vida de recuerdos, un sueño y un nuevo amigo propietario de un café (Jude Law). En el camino (un mágico paisaje urbano de Nueva York y las espectaculares vistas de la legendaria Ruta 66) se encuentra con una serie de enigmáticos personajes.

Elizabeth entabla amistad con otros cuyos anhelos son mayores que los suyos, incluyendo un atormentado policía (David Strathaim), su mujer (Rachel Weisz) de la que está separado y un jugadora con gafe (Natalie Portman) con una cuenta que saldar.

A través de estas personas, Elizabeth es testigo de los verdaderos abismos de la soledad y el vacío, y empieza a comprender que su propio viaje es parte de una exploración interior.

  • País:Hong Kong/China/Francia
  • Año:2007
  • Estreno:12 de diciembre 2008
  • Duración:1h.50min.
  • Distribuidora:Vértigo
  • Web oficial: myblueberrynights.es

Intérpretes

Jude Law Jeremy
Norah Jones Elizabeth
Rachel Weisz Sue Lynne Copeland
Natalie Portman Leslie
David Strathairn Arnie Copeland

Ficha Técnica

Dirección Wong Kar Wai
Guión Wong Kar Wai y Lawrence Block
Producción Ejecutiva Chan Ye Cheng
Fotografía Darius Khondji
Diseño de Producción y montaje William Chang
Música Ry Cooder

Crítica

Imitatio cum variatione

Guillermo Grial Vega Rodríguez

"No conozco ninguna película rodada en América por un europeo que sea una obra maestra, aparte de los trabajos realizados por europeos establecidos allí definitivamente. Tengo muchas dudas con respecto a mi película. No veo por qué tendría que conseguirlo precisamente yo". Con estas palabras, Michelangelo Antonioni mostraba su gran preocupación justo antes de iniciar el rodaje de Zabriskie Point (1970), su primera y única aventura americana, que se saldaría con un estrepitoso fracaso comercial. 37 años después, otro cineasta admirador suyo, Wong Kar Wai, si bien asiático, debió reconocer la vigencia de las afirmaciones de Antonioni cuando decidió embarcarse en el proyecto transoceánico de filmar My Blueberry Nights (2007) en territorio yanqui, con grandes estrellas de Hollywood y capital norteamericano.

Como crítico y atento seguidor de la carrera del director hongkonés debo admitir las reservas y temores que albergaba antes del visionado de la cinta, su primera experiencia cinematográfica allende Asia. Happy Together (Hong Kong, 1997) fue otra cosa. Temía que su minimalismo narrativo se disolviera ante un ejercicio de gran aparato, que las emociones y sentimientos interrumpidos deviniesen vacuos discursos de grandilocuencia, temía, como siempre, una victoria de la industria sobre el arte. Pero mis temores, tras el visionado, resultaron afortunadamente infundados.

My Blueberry Nights es, lo digo ya, una obra menor en la filmografía de Wong Kar Wai, cierto, pero el director de Hong Kong ha sabido conservar intacto su inimitable estilo, y su autoría, su sello son perfectamente reconocibles, lo cual significa mucho, máxime tratándose de una película transnacional rodada en inglés. Durante el film, Wong Kar Wai ejecuta un ejercicio próximo a lo que los filósofos clásicos en sus tratados de retórica denominaban una imitatio cum variatione, es decir, toda la cinta se puede leer como una imitación con ciertas novedades del corpus de su director.

"La preocupación de Wong Kar Wai es explorar aquí el espacio y no el tiempo, como viene siendo habitual en sus películas. El paisaje norteamericano se presta a ello"

Muchos pasajes remiten a otros lugares conocidos de su obra. Así, la pequeña cafetería de Nueva York en la que comienza y termina la película y punto de encuentros y desencuentros amorosos entre los dos personajes principales, a saber, el dueño del local, Jeremy (Jude Law), y la chica de la que se enamora y verdadera protagonista del film, Elizabeth (un discreto debut de Norah Jones), esta ubicada junto a unas vías elevadas por las que pasa de vez en cuando un tren. Éste nos recuerda inevitablemente al del proemio de la película previa de Wong Kar Wai, la grandiosa 2046, en cuyo interior un pasajero japonés se enamoraba de una androide.

Por otra parte, el viaje de Elizabeth por la América profunda y la sucesiva aparición de otros personajes secundarios también será aprovechado por el realizador hongkonés para intertextualizar y mantener el diálogo con el resto de temas de su opus cinematográfico. Primero, en Memphis conoceremos a Arnie (David Strathairn), un policía (como Tony Leung en Chungking Express) alcohólico que sigue interesado en su mujer Sue Lynne (Rachel Weisz) a pesar de su crónica separación. Luego, en Nevada, está Leslie (Natalie Portman), cuyo padre agoniza en un hospital de Las Vegas sin ella saberlo.

Los sentimientos no correspondidos entre ambas parejas, la desincronización amorosa, es la misma que experimentan los personajes de todas las películas de Wong Kar Wai, si bien en esta película la falta de ese contacto físico acaba trágicamente sin que las dos mujeres sean muy conscientes de la parte importante que representan en sus relaciones maritales y filiales respectivamente. El personaje de Leslie, además, es el de una jugadora profesional de póquer, cuyas partidas traen a la memoria aquella que jugaban el señor Chow (otra vez Tony Leung) y el personaje de Gong Li en 2046, donde la derrota en la apuesta forzaba la separación de los amantes. Aquí sucede lo contrario. La (aparente) derrota de Leslie a las cartas, que apuesta con el dinero prestado de Elizabeth, les permitirá seguir juntas y realizar un largo viaje en coche hasta Las Vegas, momento en el que la película adquiere un cierto tono de road movie.

El automóvil, que tanto desea comprar Beth, es un descapotable último modelo. Los autos son también un gadget en el cine de Wong Kar Wai. En el año 2001 había rodado un cortometraje a modo de spot publicitario para la firma BMW titulado The Follow que formaba parte de un proyecto colectivo.

"A pesar de no dar muestras de fatiga, sus temas no dejan de repetirse desde Deseando amar y deben ser urgentemente renovados. Contra la imitación se impone, ineluctablemente, el cambio"

Pero las imitaciones van todavía mucho más lejos, cayendo el director en la autocita. En una de las mejores escenas de la película, Jeremy guarda en un bote las llaves de los apartamentos que le entregan temporalmente las parejas que se han separado. Pero decide no deshacerse nunca de ellas pues, según él, no le corresponde decidir la ruptura definitiva de la relación ajena. La memoria enlatada, otro de los temas favoritos de Wong Kar Wai, que nos remite al epílogo camboyano de In the Mood for Love (Deseando amar) (2000) donde el señor Chow susurra el secreto amoroso en el hueco de un árbol y después lo recubre con barro para que éste se conserve en el devenir de los tiempos.

Para terminar, Wong Kar Wai no tiene reparos en autoplagiarse y emplea el mismo tema musical que universalizó en Deseando amar, el Yumeyi´s Theme, aquí en un arreglo para armónica interpretado por Chikara Tsuzuki, con el mismo significado que en aquella. Los cuerpos de Jeremy y Elizabeth se juntan, él mesa suavemente su pelo y la mano se desliza hacia el abrazo. Equilibrio perfecto entre dos cuerpos que se tocan tímidamente en la cafetería de Nueva York. De repente, surge un sentimiento inefable que el director hongkonés expresa musicalmente.

My Blueberry Nights, sin embargo, comporta también algunas novedades significativas en el estilo de su director. La preocupación de Wong Kar Wai es explorar aquí el espacio y no el tiempo, como viene siendo habitual en sus películas. El paisaje norteamericano se presta a ello. La verticalidad de Nueva York es parecida a la de Hong Kong con sus rascacielos y sus luces de neón, que darán paso con el cambio de escenario a la horizontalidad de la América profunda y el desierto tejano.

Los intertítulos que en Deseando amar y en 2046 se referían a la memoria y al paso del tiempo, aquí ofrecen al espectador dos tipos de información: una temporal y otra espacial. Por un lado, señalan los días que transcurren desde el primer encuentro de los protagonistas (el relato ocupa casi un año) y, por otro, y esto es lo verdaderamente significativo, los kilómetros que separan a Elizabeth de la pequeña cafetería neoyorquina. Pero la principal variación y ruptura con la obra anterior de Wong Kar Wai radica en el hecho de querer cerrar el relato y darle un hollywoodiense happy end a la historia de los dos protagonistas. El beso final invertido de Jeremy y la réplica de Elizabeth en el diner permite, en efecto, clausurar circularmente la historia y poner la guinda al pastel de arándanos que tan vorazmente consume Norah Jones.

La migración de Wong Kar Wai se ha cumplido, pues, con relativo éxito. La permanencia del autor y de su mensaje siguen vigentes. El director asiático podrá volver a casa, tras su experiencia americana, con la cabeza alta, consciente de que el secreto de su cine sigue a salvo, si bien es evidente que, a pesar de no dar muestras de fatiga, sus temas no dejan de repetirse desde Deseando amar y deben ser urgentemente renovados. Contra la imitación se impone, ineluctablemente, el cambio.

15/09/2008

Tráiler


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