Nacho Vigalondo: "En España es muy difícil que alguien se interese por ti" - cine | Kane 3

Nacho Vigalondo: "En España es muy difícil que alguien se interese por ti"

Tres años después de la nominación al Oscar por su cortometraje 7:35 de la mañana, Nacho Vigalondo (Cabezón de la Sal, 1977) presenta su esperado debut en el largo. Avalada por su exitoso paso por festivales internacionales, Los Cronocrímenes llega a nuestras pantallas el 27 de junio apoyada por una novedosa campaña promocional: un concurso-juego en internet cuyo gran premio es un preestreno de la película a bordo de un avión rumbo a las Canarias. Ecléctico, simpático y locuaz, Vigalondo representa a una nueva generación de cineastas españoles que gozan de amplio reconocimiento internacional y que están abriendo nuevos caminos para el cine patrio.

Por Xavi Fortino. Fotografía: Miguel Balbuena.

© Miguel Balbuena. Kane 3
© Miguel Balbuena. Kane 3

—Después de tantas vueltas con la película, por fin has logrado estrenarla. ¿Han cambiado en algo tus expectativas hacia ella después de tanto tiempo desde que comenzó el recorrido de Los Cronocrímenes?

—El otro día hablaba con Mario Iglesias, un director gallego que ha hecho cinco largometrajes en vídeo (excelentes, por cierto) y que no termina de conseguir presencia en salas. Estábamos hablando en el Festival de Cans, en Galicia, y él me decía: "cuando me preguntan si he estrenado alguna película, digo que no lo sé". No lo sabes porque has vivido tanto tu película, has tenido tanto festival, tanta noticia buena y tanta noticia mala que realmente, para ti, tu película ya "ha sido". Esta película lleva siendo una carrera de fondo desde hace mucho tiempo, no me hago expectativas porque ha sido todo tan disparatado del comienzo al final, lo malo ha sido tan malo y lo bueno ha sido tan increíblemente bueno que ya he decidido retirarme como especulador. Pero quiero que vaya muy bien, no por mí sino por la gente involucrada en la película.

© Miguel Balbuena. Kane 3
© Miguel Balbuena. Kane 3

—La buena recepción de la película en su paso por los festivales tiene que tranquilizar.

—Sí, y te sirve como excusa barata para defenderte si a alguien no le gusta: "¡Pues a los de fuera les ha gustado!". Hablando en serio, mola que la película haya gustado mucho fuera, pero una vez que has leído lo mejor y lo peor que se puede decir de ella quedas un poco inmunizado, tanto para una cosa como para la otra. Creo que la crítica buena que me puede trastornar, o la crítica mala que me puede hundir en la miseria, ya las he tenido hace tiempo.



—Resulta paradójico que el debut de un cortometrajista español nominado al Oscar [Las 7:35 de la mañana] haya sufrido tanto para verse estrenado en su país de origen.

—Se trata de una serie de circunstancias y de mecanismos de los que yo estoy al margen. Pero el problema no es que esta película tarde tanto en distribuirse, es lo que pasa con la gran mayoría de las películas españolas. Nuestro caso ha sido muy relevante por esto que tú dices, el Oscar y tal. Pero el año pasado se rodaron 120 películas en España, y de esas, ¿cuántas ha habido en pantalla? Es un decir, pero igual cuesta llegar a la decena. ¿Y qué pasa con las otras? O no se estrenan, o se hace un estreno fantasma, o tienen exhibiciones de tapadillo. Con lo cual no es tan raro, lamento decirlo.

"Hoy en día, si quieres que tu película se vea fuera, rodarla en inglés es un error fatal. No les interesa. Hay un mercado de cine en castellano que está creciendo, y se está perdiendo el miedo al subtítulo"

—¿No provoca cierta sensación de desamparo el trato de nuestra industria hacia sus talentos emergentes?

—No me gusta ir de profeta que no lo es en su tierra, no me gusta esa actitud, pero desde siempre he sentido la tendencia de acercarme a los Estados Unidos. Yo creo que nadie en España hubiera dado un duro porque mi corto hubiese estado nominado al Oscar (ni yo tampoco, que quede constancia). Esa aprobación por parte de ellos, el interés que ha habido por parte de la industria de allí es muy superior a lo que tengo aquí en España, eso hay que decirlo. Allí, si saben lo que haces, te ofrecen trabajo, te piden que hagas cosas en relación con lo que has demostrado. Aquí en España no hay canales en ese sentido, para que alguien se interese por ti y te ofrezca guiones y proyectos. Es todo mucho más deslavazado.

© Miguel Balbuena. Kane 3
© Miguel Balbuena. Kane 3

—Hablemos de la película en sí. He notado que el humor, que es algo que siempre ha estado presente en tu obra, es algo subterráneo en Los Cronocrímenes, está más escondido.

—Sí, aunque ha habido muchísimas risas en algunos pases. Por ejemplo en el de Texas, que fue el primer pase de la película, se estuvieron partiendo el culo durante toda la proyección, y yo no sabía cómo entenderlo. Descubres que no has controlado del todo tu tendencia a La comedia. Yo nunca he escrito chistes, excepto para La hora Chanante y Muchachada nui, pero me gusta filmar comedia. Me gusta utilizar el encuadre, el ritmo, la interpretación y diversos códigos para que haya comedia donde no la hay. Sobre el papel, mis dos cortometrajes no son comedia, pero puedes entender que ciertas cosas tiendan al ridículo, a una especie de "comedia de la desolación" que tanto me interesa. En ese sentido, reconozco que todas las oportunidades que he tenido de ridiculizar la película, la propia historia, y de someter al personaje de Karra a una humillación abierta, las he aprovechado.

—Es una película muy seca, muy áspera.

—A mí me gusta ver cómo la película genera un tono de risa nerviosa, de "qué esta pasando y por qué", y en los últimos 30 minutos todo se sume en el silencio. De repente, todo adquiere una densidad mucho más grave y vemos que la broma ocultaba algo mucho más terrible. Hay que ser muy valiente para intentar lo contrario, hacer una película muy seria y muy grave, y hacer que al final sea un descojono. Creo que eso requiere mucho más talento, se hace muy poco. Ahora sólo se me ocurre Pozos de ambición como ejemplo de película que lo haga. Yo bromeo con eso: muchas películas tienden al drama, pero ¿cuántas pueden presumir de lo contrario? Cuando me haga mayor, cuando sea mejor, lo haré.

© Miguel Balbuena. Kane 3
© Miguel Balbuena. Kane 3

—Como cineasta, abogas por un cine que no sea referencial, que sea independiente de géneros o películas concretas. Aun así, es fácil encontrar en Los Cronocrímenes cierta similitud de forma y fondo con el cine americano de los setenta. ¿Qué paralelismo encuentras entre tu generación y aquella?

—Ten en cuenta que gente como Koldo Serra o toda mi generación vivimos hechizados por los ochenta. En aquella época, la cinefilia reinante despreciaba todo lo hecho anteriormente. Sucede en el cine, en la música, en todas las artes del mundo: la crítica suele obviar lo inmediatamente anterior, y los setenta fueron una época bastante desprestigiada durante todos los ochenta y gran parte de los noventa. Hasta que, de repente, nos tocó descubrirlos. Y era una forma de hacer cine que era comercial, y a la vez era estremecedora. En vez de seguir los códigos de ahora, de sometimiento al público, lo desafiaban. Películas como Harry el sucio, French Connection o el cine de Frankenheimer son películas que tienen esa condición popular, pero a la vez son muy oscuras y complejas. Descubrir ese cine por nosotros mismos, a la vez que la crítica lo redescubre, te crea una empatía muy grande con ese tipo de propuestas y te incita a imitarlas, en cierta manera. Sí creo que la película es muy setentera en eso, pero cuando yo hablo de alejarme de un estilo referencial hablo de que la película no sea explícita en ese sentido. Pero hay cosas que han venido de Hitchcock, te podría decir hasta qué punto el giallo está presente en la película, me fascina Mario Bava y está ahí. O los seriales ingleses, El día de los Trífidos o Thriller, de Brian Clemens. Lo que no he querido ha sido hacer una película totalmente referencial. Si alguien quiere buscar referencias puede encontrarlas, pero no he querido someter la película a ese tipo de cine.

—No se trata tanto de homenajear películas concretas como el lenguaje que emplean.

—Creo que no lo haría bien. No tengo ningún problema con el cine referencial, pero no me saldría bien. Prefiero ser más árido en ese sentido.

"En Estados Unidos, si saben lo que haces, te ofrecen trabajo, te piden que hagas cosas en relación con lo que has demostrado. Aquí en España no hay canales en ese sentido, para que alguien se interese por ti y te ofrezca guiones y proyectos"

—Me gustaría que hablásemos de la dirección artística. ¿Qué tal el trabajo con dos grandes nombres como Arri y Biaffra?

—Es increíble cómo están tan presentes en la película, sin estar imponiendo por completo su sello. Creo que su trabajo en esta película no se parece a nada que hayan hecho antes, no podrías decir que es de Arri y Biaffra. Son increíbles, han hecho un trabajo exquisito, han facilitado el trabajo por completo. En ningún momento han pretendido que el arte brille por encima, me parece fascinante. Diseñaron un set para la máquina del tiempo desde el que podías rodar desde cualquier ángulo, en cualquier posición de cámara, podías desmontarlo como quisieras. De hecho, mucha gente me pregunta qué es ese sitio, están seguros de que hemos reciclado un lugar real, tiene la solidez de lo real. No es un escenario fantástico e irreal como los de Terry Gilliam, no es un esfuerzo abarrotado de arte, sino que es algo que parece auténtico. Y a la vez parece de ciencia ficción clásica, me parece prodigioso lo que han hecho.

© Miguel Balbuena. Kane 3
© Miguel Balbuena. Kane 3

—Menos mal que ese aspecto fue cómodo, porque tengo entendido que el rodaje fue complicado, cuando no infernal.

—Bueno, no es tan infernal cuando tengo tanto mono de rodar, yo disfruto mucho rodando. Hubo de todo. Fue una especie de Apocalipsis Now de bolsillo, una especie de cúmulo de pequeñas tragedias que íbamos solventando. Fue una aventura, la verdad, una aventura en la que el gran clímax fue un huracán que casi nos mata a todos, pero no puedo negar que repetiría mañana. Eso sí, una vez acabado el rodaje estuve 15 días catatónico, literalmente, tumbado en la cama mirando el techo. Aparte está el esfuerzo de la gente detrás de la cámara, y hay que hablar también del esfuerzo de Bárbara o de Karra, que realmente hicieron papeles muy sacrificados que requerían una paciencia extraordinaria.

—El de Karra Elejalde es un personaje que requiere mucho trabajo, tiene una evolución muy compleja.

—Creo que la transformación de Karra es prodigiosa, él es la película. Él la lleva sobre los hombros, y hace que la película vaya cambiando con él, lo cual es un regalo para un director.

—Hablemos del juego, que además de estar siendo un éxito ha creado un precedente en lo que se refiere a la promoción de una película en España.

—Sí, ahora mismo ha superado las 100.000 visitas, andamos por los dos mil jugadores. Es la primera vez que se hace esto, con lo cual tampoco sabemos si está bien o mal, pero debe estar bien porque las cifras de participación son superiores a las de la campaña de, por ejemplo, Minority Report. También es la primera vez que se dan premios reales.

© Miguel Balbuena. Kane 3
© Miguel Balbuena. Kane 3

—Es reconocible la influencia de The Lost Experience [el juego en internet de la serie Perdidos].

—Sí, pero Lost Experience hace algo que no nos podemos permitir nosotros, que es ofrecer información acerca de la película; Lost es un género de masas y juega con el enigma constante. En nuestro caso, dar datos acerca de la película no iba a ser un estímulo suficiente. Es muy curioso ver cómo hemos juntado en un solo punto dos tradiciones como la del concurso con premios tipo "mande tres códigos de barras" y un juego en internet. Vamos a ver qué tal funciona, la verdad es que si la película va bien va a ser un paso adelante a la hora de entender internet como un hecho promocional. Todavía está terminando de definirse la importancia de internet en la promoción.

"Lo que hace Koldo Serra, Luiso Berdejo, lo que hace Sánchez Arévalo, Cobeaga, Velasco Broca, Juanjo Ramírez... Son irremplazables, ninguno cubre el hueco de los demás, es muy curioso"

—Lo de que el premio sea un verdadero viaje en el tiempo es buenísimo.

—El viaje a Canarias, no sé cómo va a ser eso. Creo que va a ser una experiencia que va a marcar un antes y un después en mi vida. Va a ser un viaje delirante.

© Miguel Balbuena. Kane 3
© Miguel Balbuena. Kane 3

—Casi diría que pensar en ti es pensar en internet. La promoción de tus cortos y de tu película siempre ha estado ligada a este medio.

—Internet es un gran aliado, aunque supuestamente también es un gran rival. Pero sin internet yo no estaría aquí hablando con vosotros. La película consiguió saltar a un festival como el de Texas gracias a internet, la gente que fue vital para eso conoce mi obra a través de internet. Lo que me ha hecho saltar a los Estados Unidos ha sido que mi corto nominado al Oscar estuviese colgado en la red, que alguien lo viese y me preguntase: "oye, ¿estás interesado en...?" Es así, si te paras a pensarlo es escalofriante.

—Sería interesante hablar sobre el salto al largo. Antes, para todos los aspirantes a introducirse en el mundillo, existía una serie de pasos muy definidos: hacer un corto, la consabida ronda por los festivales, buscarse un padrino. Ahora que internet ha facilitado enormemente la comunicación, por fin parece que ya sólo basta con el talento para llegar a algo.

—¡Ojalá! Falta una película hecha para internet, una película hecha en vídeo, hecha de las piedras, que sea un acontecimiento. Creo que las fronteras definitivas no las marcan las tecnologías, sino los productos. No es la tecnología, sino películas específicas las que marcan un antes y un después. Yo no recomendaría jamás a un cortometrajista intentar entrar por la vía tradicional, a día de hoy me parece absurdo. Ahora hay una transformación, el mundillo se está desintegrando, se está desplazando. Todavía tiene que llegar esa película hecha por un don nadie, esa película hecha en vídeo que sea maravillosa. Cuando llegue, ése va a ser el cambio real.

© Miguel Balbuena. Kane 3
© Miguel Balbuena. Kane 3

—Que no tarde.

—A ver, a ver. A veces te metes en internet, en foros de gente que hace cortos, y notas una preocupación excesiva por los píxeles que coge la cámara en cada frame, por la calidad de las altas luces, por exquisiteces técnicas, mientras que falta un debate sobre qué contar, y cómo. Qué toca ahora, de qué hablar, qué lenguaje utilizar. Y lo más importante, por qué. Creo que esas dudas son vitales para que todo avance. La calidad de las cámaras ha ido creciendo sin parar, y seguirá creciendo, es una constante. Se pueden hacer largos de calidad con cámaras domésticas desde hace bastante tiempo, lo que falta es lo otro.

—En tu caso concreto, has hecho algunas cosas con (muy) escasos medios, consiguiendo resultados muy interesantes. Como el corto Cambiar el mundo, rodado con un móvil.

—Después de hacer un corto de esos, cuando te planteas un largo te das cuenta de que no vas a alcanzar esa pureza que logran cosas como Cambiar el mundo. No lo pongo ni un centímetro por debajo de lo que haga en cine, creo que me define igual de bien, o mejor incluso.

"La película consiguió saltar a un festival como el de Texas gracias a internet, la gente que fue vital para eso conoce mi obra a través de internet"

—Se tendría que perder esa distinción cualitativa entre la factura bien hecha, por así decirlo, y algo más basto.

—Sí, yo creo que mantener esa disyuntiva en la cabeza es perder el tren.

© Miguel Balbuena. Kane 3
© Miguel Balbuena. Kane 3

—Decíamos que ahora es más fácil que nunca hacer llegar tu producto a cualquier parte del mundo. A la hora de ver cine, ¿perderá importancia el concepto de nacionalidad?

—La barrera del lenguaje está desintegrándose. Hace muy pocos años te aconsejaban rodar en inglés para que tu película se pudiera ver fuera. Pero hoy en día, si quieres que tu película se vea fuera, rodarla en inglés es un error fatal. No les interesa. Hay un mercado de cine en castellano que está creciendo, y se está perdiendo el miedo al subtítulo. Cada vez la gente conoce más idiomas, ya no vivimos en una burbuja, como aquí hasta hace unos años, en la que todo lo que nos llegaba era doblado. Creo que es a raíz de películas como El laberinto del fauno (volvemos a lo de la película como acontecimiento) que se genera un cambio. Películas como ésta han roto las barreras del lenguaje español hacia el resto del mundo. La gente ya lee subtítulos, cualquier chaval que se baja películas de internet lee subtítulos como no ha hecho en toda su vida. Ya no hay miedo a los lenguajes extranjeros.


—Estamos viviendo la eclosión de una hornada de cineastas españoles muy estimulantes y bastante alejados de los parámetros de la industria: tú, Koldo Serra, Borja Cobeaga, Velasco Broca, Juanjo Ramírez... ¿Existen denominadores comunes para esta generación?

—Creo que en esta generación hay muy pocos denominadores comunes reales. Hay cierta tendencia al cine fantástico, a géneros que habitualmente no son españoles, y sí que une un grado de inconformismo, de ganas de replantear los moldes en los que nos colocan cuando nos presentamos como cineastas españoles. Todos vivimos el trauma de pasar de hacer cortos y ser un cortometrajista, a de repente hacer cine y ser un director español. Notas que te consideran de una manera distinta, un poco bajo sospecha, parece que ya formas parte del club y eres juzgado. Al hacer cortos no es así, y creo que todos estamos luchando o reconvirtiendo esa imagen del cineasta español. Creo que eso es lo que nos une, porque luego somos de escuelas opuestas y cada uno viene de su padre y de su madre. Lo que, por otro lado, para mí es un síntoma de calidad y de proyección en el tiempo: son los miembros de una generación que se parecen demasiado entre sí los que acaban cayendo como moscas con el paso del tiempo. Lo que hace Koldo, lo que hace Luiso Berdejo, lo que hace Sánchez Arévalo, Cobeaga, Velasco Broca, Juanjo... Son irremplazables, ninguno cubre el hueco de los demás, es muy curioso.

© Miguel Balbuena. Kane 3
© Miguel Balbuena. Kane 3

—Para terminar, un viaje en el tiempo. ¿Qué te depara el futuro?

—Lo siguiente no sé si será una película con un presupuesto desorbitado en Los Ángeles, con un casting impresionante y unos medios insospechados, o una peli hecha para internet que me cueste 300.000 euros, y que haga con dos actores en un piso. En lo que sí veo dificultades es en seguir los planes ortodoxos para hacer la película en España. Veo una resistencia a hacer eso, porque ya les he dado a muchos la oportunidad de demostrar que no les gusta nada lo que hago, así que voy a intentar no darme cabezazos contra la misma pared una y otra vez. No es nada grave que a la gente no le guste lo que haces, las películas están hechas para gustar y para no gustar. Pero cuando a la gente a la que no le gusta lo que haces forma parte de la industria, se levantan barreras, es inevitable. Cuando se levantan barreras, lo que hay que hacer es saltar por encima o pasar por debajo. Y eso es lo que quiero hacer.

Blog de Nacho Vigalondo.

30/05/2008

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