En 1975 Rene Allio dirigió Moi, Pierre Rivière, ayant égorgé ma mère, ma soeur et mon frère... Entre sus ayudantes se encontraba un joven de 24 años, con escasa experiencia en el mundo del cine. Aquel joven se llama Nicolas Philibert (Nancy, 1951), y en la actualidad es un nombre de referencia dentro del cine documental. Su anterior película, Ser y tener, fue un éxito mundial que dio a conocer la obra de este director francés. Ahora, más de 30 años después de la iniciática aventura que le llevó a Normandía, regresa para hablar con los protagonistas de aquella fascinante aventura, que tanta huella dejó en sus participantes. El resultado, su última película, que ahora se estrena en nuestro país: Regreso a Normandía.
Por Manuel Barrero. Fotografías Karma Films.

—En primer lugar, me gustaría que me hablara de lo que supuso para usted el rodaje de la película Moi, Pierre Rivière, ayant égorgé ma mère, ma soeur et mon frère...
—Fue la experiencia más fuerte que he tenido en mi vida como ayudante de dirección. Primero porque se me confió una gran responsabilidad. Yo tenía apenas 24 años, y no tenía mucha experiencia en este trabajo. Era una película muy importante, con muchísimas escenas, muchos personajes; se trabajaba con niños, con animales... En segundo lugar, porque Allio decidió confiar gran parte de los personajes a campesinos normandos, y yo fui el encargado de contratarlos. Lo cual supuso una gran aventura para mí, con una serie de encuentros muy interesantes de inmersión en el mundo rural. Tuve que desplegar un gran poder de convicción para que hicieran la película. No tenían ninguna preparación, tenían que encontrar sustitutos para que ordeñaran a sus vacas... Era un riesgo enorme para ellos, ya que se exponían a las miradas de los demás. Fue una aventura muy difícil, pero muy importante y apasionante.
"En mis películas soy yo el que encuadro, el que sujeto la cámara, el que hace el montaje..."
—¿Por qué motivo ha decidido volver tanto tiempo después?
—Ya digo que fue una aventura muy importante en mi carrera, y creo que tenía ganas de rendir homenaje a René Allio. Fue un cineasta muy importante del que ya nadie habla. También tenía ganas de rendir homenaje a estos agricultores, con los que tanto aprendí. Y quería abordar la cuestión del después. Qué pasa cuando te has ido, tras trabajar en una película con no profesionales a los que has sacado de su vida normal para vivir una aventura cinematográfica. Creo que es un momento difícil para los que dejas atrás. Cuando me planteé hacer esta película, no analicé todos los motivos, sólo que tenía ganas de hacerla, y eso me bastaba. No siempre hay que buscar la explicación, o la respuesta a cada cosa. Creo que después es cuando puedes comprender por qué has elegido hacer esta película y no otra. Yo quería hacer una película sobre el presente, no quería una película nostálgica. Hablar sobre la importancia de la memoria. Cómo la memoria nos permite vivir, construir el presente, y forjar el futuro. Quería hablar del pasado, pero no en sí mismo; si no como esa experiencia que había influido en estas personas que no eran profesionales del cine. Ayudándoles a reflexionar sobre ellos mismo, y sobre otras muchas cuestiones, y cómo les ayudó a crecer; al igual que me ayudó a mí.
"Yo no hablaría de dirigir cuando haces un documental. Haces un trabajo junto a ellos. No son tus subordinados, ni tus empelados. En el documental puedes sugerir, pero no dirigir"

—Da la sensación de que en sus películas la parte humana tiene un papel primordial, frente a las cuestiones más técnicas.
—Creo que mis películas se basan en encuentros, y esos encuentros son con seres humanos. No es que no me interese la técnica. Evidentemente, la técnica en estado puro no me interesa. Pero no creo que exista una forma pura, sin ninguna vinculación con el contenido. No se pueden separar forma y fondo. En cualquier película estás continuamente tomando decisiones técnicas. Dónde vas a poner la cámara, si la vas a mover o no... quizás son decisiones que llevan demasiado tiempo, pero te las tienes que plantear continuamente. Como decía Godard, la estética es una cuestión de moral. Además, en mis películas soy yo el que encuadro, el que sujeto la cámara, el que hace el montaje... lo que quiere decir que las cuestiones técnicas sí que me interesan bastante.
—Sí, pero la percepción es que disfruta más con las relaciones humanas que con cuestiones como los encuadres...
—No creo que me guste más una cosa que la otra, todo forma parte de un conjunto. Por ejemplo, el momento de la película más intenso para mí, es el montaje. Y es algo en lo que tardo cinco o seis meses, en los que trabajo totalmente en solitario.

—En la película de Allio, trabajó con actores no profesionales, y su carrera posterior ha estado enfocada al documental; ¿encuentra más estimulante dirigir a no actores?
—Yo no hablaría de dirigir cuando haces un documental. Haces un trabajo junto a ellos. No son tus subordinados, ni tus empelados. No tienes derecho a dirigir, como cuando haces ficción, y contratas alguien para que haga un papel. En el documental puedes sugerir, pero no dirigir.
—Una última curiosidad, ¿por qué decidió incluir la secuencia de la matanza del cerdo?
—Me haces esta pregunta porque es una secuencia de una extrema violencia. Y mucha gente me pregunta qué tiene que ver esta secuencia con el resto de la película. Pero esto forma parte del trabajo cotidiano de Roger, que es criador de cerdos. Él se enfrenta diariamente al nacimiento, engorde y muerte de los cerdos. Por tanto, no quería ocultar este acto cotidiano.
28/03/2008
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