No sólo el DVD ofrece la posibilidad de recuperar la obra de un cineasta. En el caso de Orson Welles, una serie de compact-discs nos permiten también evocar sus mejores películas.
Por Roberto Cueto
Cuando Orson Welles llegó a CBS para realizar su programa radiofónico Mercury Theatre on the Air conoció al compositor y director musical Bernard Herrmann (1911-1975). Fue el principio de una colaboración legendaria. Herrmann puso música a los programas como Macbeth, Drácula, Rebeca o la mítica retransmisión de La guerra de los mundos de 1938. Al dar el salto al cine, Welles se llevó consigo a sus colaboradores, lo que supuso también la entrada de Herrmann en Hollywood. La música de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) era un atrevido ensayo sonoro que, según el propio Herrmann, buscaba "una subterránea, extraña atmósfera de muerte y futilidad".
El sello The Soundtrack Factory editó una selección en CD de las pistas originales con diálogos y efectos de sonido, pero para disfrutar de una audición en condiciones son más recomendables las regrabaciones editadas por Preamble o Varèse Sarabande (más lograda). Los amantes de las grabaciones históricas no pueden olvidar la suite incluida en el álbum Citizen Kane: The Classic Film Scores of Bernard Herrmann (RCA), ya que en ella Kiri Te Kanawa interpreta el aria que Herrmann escribió para la escena de la ópera.

Welles quedó tan satisfecho de la música de Ciudadno Kane que contrató a Herrmann para El cuarto mandamiento (The Magnificent Andersons, 1942). Herrmann tiñó al filme de una conmovedora nostalgia, especialmente gracias a sus valses y bellísimos nocturnos. Pero en el brutal remontaje que sufrió la película, la música fue también alterada. El compositor amenazó con demandar al estudio y exigió que se retirara su nombre de los títulos de crédito, aunque el score íntegro se puede apreciar en una regrabación del sello Preamble.
Welles aceptó después protagonizar Alma rebelde (Jane Eyre, 1943), y una de sus imposiciones fue que Herrmann escribiera la música. Es una banda sonora de desgarrada potencia wagneriana donde el compositor reutilizó parte de su música para la versión radiofónica de Rebeca. Una regrabación de la partitura íntegra fue editada por Marco Polo.
La fructífera colaboración entre Welles y Herrmann no tuvo continuidad debido a las visicitudes que atravesó el director en los años siguientes para sacar adelante sus proyectos. Welles eligió para Macbeth (1948) al francés Jacques Ibert (1890-1962), reputado autor de obras de concierto. La suya es una sombría, árida y atractiva partitura que puede apreciarse en una suite incluida en el CD Jacques Ibert: Film Music (Marco Polo).
Sólo tres bandas sonoras de las posteriores películas de Welles han sido editadas en CD. La restauración de Otelo (Othello, 1952) en 1992 permitió una regrabación de la partitura de Angelo Francesco Lavagnino (1909-1987) y Alberto Barberis (?) originalmente creada para el filme, un extraño y siniestro universo sonoro de resonancias orientales y africanas. Fue editada en CD por Varèse Sarabande.
En su libro de memorias Did They Mention the Music?, Henry Mancini recuerda que, siendo él todavía un joven compositor en nómina de la Universal, recibió el encargo de poner música a Sed de mal (Touch of Evil, 1958). Al parecer Welles había especificado de forma muy precisa el insólito acompañamiento musical de su película. Mancini escribió un rico catálogo de sudoroso jazz con ritmos latinos, editado por Movie Sound Records.
La última banda sonora de un film de Welles con edición discográfica fue Campanadas a medianoche (Chimes at Midnight, 1965), editada por CAM como Falstaff. Welles contó de nuevo con Lavagnino, quien recreó la Edad Media desde una melancólica perspectiva anti-épica, con tintes picarescos y festivos o con estremecedores plantos y elegías que evocan la música de la época.
Artículo publicado en el número 1 de KANE 3 (octubre 2005)
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