Un fantasmagórico tren, el Oviedo Express, llega en la noche a la ciudad. En él, viajan los actores que representarán la adaptación teatral de La Regenta, clásico emblemático y crítico de la vida en el Oviedo de 1885.
Pero, en los tiempos actuales, la irrupción de los cómicos irá más allá de las tablas del escenario alterando el devenir cotidiano. La joven mujer del alcalde caerá en brazos del actor principal, o de su personaje, y las pasiones y delirios, más o menos encubiertos hasta entonces, aflorarán con todas sus consecuencias.
Un actor deprimido, una actriz furiosa, un director petulante, una periodista local, una madre pizpireta y un ángel que merodea por la ciudad, desencadenan divertidos y dramáticos acontecimientos hasta la brusca e inesperada caída de telón.
| Carmelo Gómez | Benjamín Olmo |
| Aitana Sánchez-Gijón | Mariola Mayo |
| Maribel Verdú | Mina |
| Bárbara Goneaga | Emma |
| Najwa Nimri | Bárbara |
| Jorge Sanz | Álvaro Mesía |
| Alberto Jiménez | Ernesto de Villamarín |
| Víctor Clavijo | Leopoldo |
| Silvia Marty | Petra |
| Rulo Pardo | Pirindolo |
| Abel Vitón | Víctor |
| Tino Díaz | Ángel |
| Dirección y guión | Gonzalo Suárez |
| Producción | Juan Gona |
| Fotografía | Carlos Suárez |
| Montaje | Celia Cervero |
| Música | Carles Cases |

En una profesión de valoraciones subjetivas, donde el Tiempo, efímero, suele correr en contra, existen unos cuantos creadores cuyo nuevo trabajo se espera con más expectación que curiosidad, sobre todo si entre una película y otra han transcurrido muchos años. Gonzalo Suárez pertenece a esa élite de magos de la ficción que se toman su tiempo para desarrollar proyectos, aunque luego se pierdan en la indefinición de su propia idea.
Tras El Portero (2000) y El genio tranquilo (2005), aquel trabajo cinemaliterario sobre el Tiempo (un concepto que repite de manera insistente en su filmografía), el director de Remando al viento se inspira lejana y libremente en el relato Angustia, que el austriaco Stefan Zweig (1881-1942) escribiera en 1920, y crea su muy personal Oviedo Express, una historia coral, que el guión mueve entre lo racional y lo impetuoso, en torno a una atmósfera cargada de algunas luces y muchas sombras. Humor, drama y misterio convergen en una película que, como el tren espectral que traslada a sus protagonistas, avanza y se detiene al compás de ese equilibrio narrativo tan exclusivo de su director.

Acompañado de una partitura elocuente (Carles Cases, el músico de cabecera de Ventura Pons), un ángel fisgón revolotea sobre una trama que se desdobla en un juego de verdades y mentiras hasta (con)fundirlas, mientras la ciudad de Oviedo es el testigo mudo de lo que va a ocurrir, en el momento en que los integrantes de una compañía de teatro profesional contratada por el Ayuntamiento hagan su aparición a bordo de un tren de vapor, anacronismo que el director no pretende justificar cuando afirma que las películas tienen sus propias leyes, lo contrario es una falsificación.
Con la llegada de la ruidosa troupe, la objetividad de unos personajes realistas, los de la calle, los de carne y hueso, se mezcla con la fantasía de los otros, los actores, embutidos en los disfraces de las ficciones que representan ("todos hablamos por boca de nuestros personajes", dice uno de ellos) hasta tambalearse por precipicios infinitos.
"Narrada en algunos momentos como vodevil, en otros utilizando el tono de la alta comedia, a veces incluso abusando del lenguaje teatral para acercarse más a la tragedia, en Oviedo Express los encuentros y desencuentros de sus protagonistas circunvalan lo rocambolesco"

Emma, la joven mujer del alcalde escruta La Regenta, la obra que se va a representar. Su madre, Mina, casi tan joven como ella, es una soñadora inoportuna y casamentera. Sin pretenderlo, la inocente Emma cae en los brazos de Benjamín Olmo (o del magistral), el actor arrogante de la compañía, casado con Mariola Mayo, la actriz principal (y Ana Ozores), una mujer soberbia, celosa y vengativa, a la que acosa el deprimido y alcoholizado actor que, como su personaje, Alvaro Mesía, no acepta el rechazo de la amada. Entre ellos, Leopoldo, el director de una puesta en escena tan arriesgada como él mismo, y Bárbara, la cronista social, una femme fatale sacada de otra época, entran y salen de la historia y se destruyen ante sus propios anhelos. Sugestiva resulta la visión grotesca que el personaje del don Juan (Jorge Sanz) hace de la muerte cuando en una funeraria pide probar la comodidad de un ataúd, para después mostrarse derrotado junto a la estatua de Woody Allen (¿era necesario tirar del neoyorquino dos veces?)
Y La Regenta. Y Oviedo y el Teatro Campoamor. Y Carmelo Gómez y Aitana Sánchez-Gijón repitiendo los personajes de Clarín (Fernando Méndez-Leite, 1995) y Maribel Verdú y Bárbara Goenaga y Víctor Clavijo y Najwa Nimri. Interpretaciones estrambóticas, que bordean el fino límite entre lo verdadero y lo falso, el misterio y la evidencia. Narrada en algunos momentos como vodevil, en otros utilizando el tono de la alta comedia, a veces incluso abusando del lenguaje teatral para acercarse más a la tragedia, en Oviedo Express los encuentros y desencuentros de sus protagonistas circunvalan lo rocambolesco. Para Gonzalo Suárez la mezcla de géneros en el cine es una antigua obsesión, para mí, el resultado, una gran decepción.
Por Nuria Dufour
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