Patrick Doyle - cine | Kane 3

Patrick Doyle

Cuando Kenneth Branagh saltó a la fama de la noche a la mañana con su espectacular adaptación del Enrique V de Shakespeare arrastró consigo a un viejo colega de los escenarios. El escocés Patrick Doyle formaba parte de su compañía como actor, pero era, sobre todo, el hombre que ponía música a sus montajes teatrales. La partitura que Doyle escribió para el filme de Branagh pronto se ganó un lugar de honor en el olimpo de los indiscutibles clásicos de la música de cine y lo propulsó a una brillante carrera que ya ronda los 40 títulos. Doyle no sólo ha puesto música a prácticamente toda la filmografía de Branagh (Morir todavía, Frankenstein, Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet, Trabajos de amor perdidos) sino que es también el autor de memorables bandas sonoras como Atrapado por su pasado, Indochina, Donnie Brasco o Sentido y sensibilidad. Ahora se ha enfrentado a su último gran reto, acompañar con su música la cuarta aventura de Harry Potter. El pasado mes de diciembre Doyle pasó por Madrid para ofrecer una brillante master class en el Taller de Sonido y Música para Cine organizado por Fundación Autor, y aprovechamos para conversar con él sobre sus últimos trabajos.



Por Roberto Cueto. Fotografía: Marisa W. Ringer



—¿Cómo te decidiste a componer la música de Harry Potter y el cáliz de fuego después de que John Williams hubiera escrito las anteriores entregas de la saga?

—La película llegó a mí por el director Mike Newell, con el que ya había trabajado en Into the West y Donnie Brasco. Williams no podía hacer la música porque estaba con otros proyectos y Mike me llamó pidiéndome que la hiciera yo. Yo era bien consciente de que se trataba de una franquicia y que habría que usar algunos de los temas de Williams, para que se mantuviera cierta coherencia con el resto. Pero no me importaba, pensé que era un trabajo más y me reuní con Mike y dos de los productores, David Barron y David Heyman. Discutimos la posibilidad de emplear los temas de Williams, especialmente el tema de Hedwig. Realmente creo que John es un compositor maravilloso y la verdad es que me siento honrado de seguir sus pasos, aunque es evidente que mi manera de trabajar es muy diferente a la suya, así que yo tenía que desarrollar mi propio estilo. Pero esta película era también muy diferente a las otras, es mucho más oscura y aparecen nuevos personajes que exigen nuevos desarrollos temáticos, así que creo que había mucho campo para hacerla mía.

—Pero al verte involucrado en una producción de tales dimensiones, ¿no encontraste algún tipo de presión por parte de los productores para componer de determinada manera o para someterte a determinadas exigencias que ellos tuvieran para la música?

—No, en absoluto. Fue una relación directa entre Mike y yo, sin interferencias por parte de los productores. Teníamos reuniones ocasionales con Barron y Heyman para discutir algunos aspectos, pero ellos eran auténticos caballeros y me dejaron absoluta libertad para tomar mis propias decisiones. Todo fue muy amable, profesional y organizado. Sé que es muy raro en este tipo de películas, pero honestamente he de decir que no hubo ni la más mínima presión.

"Tienes que hacer lo que se te pide, es la regla de esta profesión"

—Como has dicho antes, esta nueva entrega de Harry Potter es mucho más siniestra. ¿Condicionó esto tu acercamiento, tu escritura y elección de la paleta orquestal?

—Claro, la película tiene una atmósfera mucho más oscura gracias a esa magnífica fotografía de Roger Pratt. Hay pesadillas, flash-backs sobre un asesinato, esa introducción con una serpiente en un cementerio, el personaje de Voldemort... Pero Mike tenía claro que no se podía perder el sentido mágico de toda la saga, así que incluso cuando usábamos las armonías más extrañas y oscuras, había otros elementos en la textura de la orquesta que ayudaban a mantener ese aura de magia. El score es siniestro a veces, pero también tiene momentos muy luminosos y dinámicos: valses, escenas de acción... Pero había que enfatizar lo que la película tenía de thriller y por eso empleé una música retorcida, como si estuviera rota, con aristas, para el personaje de Voldemort. Es una especie de paráfrasis musical de esa lengua de serpiente que tiene, y enseguida decidí emplear ciertos instrumentos de viento porque tienen esa cualidad de movimiento serpenteante. Para Harry recurrí a la trompeta en un registro grave, porque creo que transmitía muy bien esa soledad del personaje. Conseguí que la tocara Maurice Murphy, que es el solista de la Orquesta Sinfónica de Londres y un maravilloso ejecutante. Cuando escribía la música, pensaba en él para interpretarla.

—¿No crees que has enfatizado los orígenes británicos de Harry? Hay pasajes que recuerdan a toda la escuela del Postromanticismo inglés y ese himno de la escuela Hogwarth tiene el aire de piezas como el célebre I vow to thee, my country de Gustav Holst...

—Sí, es cierto. Pensaba que la escuela Hogwarth necesitaba un tema propio, y también el personaje de Cedric. En la escena de la muerte de Cedric empleé una elegía para cuerda, pero representa la perspectiva de Harry ante la muerte de su amigo, una tristeza que debía transmitirse al público. En cambio, el tema de Cedric tiene ese optimismo, esa solemnidad que es muy británica, porque para mí Cedric es un personaje muy, muy inglés, es la quintaesencia de lo inglés. Hogwarth puede parecer que está en Escocia, pero a mí me recuerda más a las escuelas públicas inglesas.

—Hay también ciertos aires folclóricos, quizá de música escocesa...

—En las escenas acuáticas hice un pequeño homenaje a la música vocal de las Islas Hébridas, pero también hay pequeñas citas a música de India o Irlanda. Pero está toda mezclada y puede resultar inapreciable.

—El actual cine de Hollywood prefiere las narraciones rápidas, con muchos puntos álgidos, y un montaje frenético. ¿No es esto un obstáculo para el compositor, no le impide un desarrollo musical mejor estructurado y más coherente?

—No veo la diferencia, francamente. Tienes que hacer lo que se te pide, es la regla de esta profesión. Se trata de acelerar los tempos. Encuentro tan creativo y agradable escribir música para una frenética escena de acción que para una elegía. Pero claro que me gustan los desarrollos libres, lánguidos: por ejemplo, hay un corte en el CD de esta banda sonora titulado Harry in Winter que en realidad es más largo que en la película: para el álbum decidí desarrollarlo como una pieza que tuviera cierta autonomía.

—Has compuesto recientemente la música de otros proyectos que parecen bastante similares a la saga de Harry Potter, Nanny McPhee y Eragon. ¿Quizá están recurriendo a ti como compositor "oficial" de esta clase de historias de fantasía?

—No lo creo, lo que pasa es que ahora se están poniendo de moda películas de este tipo. Por ejemplo, Nanny McPhee era un proyecto que se estaba intentando hacer desde cinco o seis años, antes incluso de la primera entrega de Harry Potter. También hice una película de terror muy barata, Jekyll + Hyde, pero fue por hacerle un favor a los directores, que no tenían prácticamente presupuesto. Y también he hecho la música de Tierra de pasiones, una película histórica cuyo tema principal lo interpreta Celine Dion.

—Y has vuelto a trabajar con Kenneth Branagh en As You Like It, una nueva adaptación de Shakespeare. ¿Qué nos puedes contar de esta película y tu música?

—Creo que es la mejor película de Kenneth. Las interpretaciones son magníficas, todas las interpretaciones, algo que no pasaba en sus anteriores películas: Kevin Kline, Bryce Dallas Howard, Brian Blessed, Alfred Molina... Está ambientada en el Japón del siglo XVIII y visualmente es preciosa, porque hay en ella un sentido de la armonía y la simetría increíble. La fotografía de Roger Lanser es magnífica. Estuve tres semanas en Tokio, documentándome sobre música japonesa y descubrí que es muy similar a la música escocesa: ambas usan escalas pentatónicas o de cinco notas. Descubrí asombrado que en los parques de Tokio ponen por megafonía ¡música escocesa! Les encanta e incluso discutí con un japonés que decía que una melodía tradicional escocesa era japonesa. Para la película pensé en una formación pequeña, porque lo japonés evoca en mí inmediatamente la idea de minimalismo. Cuando leía el guión pensaba en un koto [cítara japonesa], percusión y un par de flautas japonesas, quizá combinadas con una cuarterto de cuerda. Pero cuando vi las imágenes decidí emplear también una pequeña orquesta y darle más protagonismo que nunca en mis partituras a un solo de violín, que interpreta a unas líneas melódicas muy japonesas. Recuerdo que después de empezar a trabajar vi la película de Kurosawa El trono de sangre, y al escuchar esa combinación de música occidental y oriental pensé: "¡Dios mío, han hecho lo mismo que yo!". Pero la película es maravillosa y disfruté mucho haciéndola. Y me lo pasé muy bien con los actores: Bryce Dallas Howard es cantante y muy melómana, y Kevin Kline estudió en la Julliard School of Music de Nueva York y es un gran pianista. Es una película que me emociona mucho y una de las que más me enorgullezco en toda mi carrera.

Entrevista publicada en el número 4 de Kane3 (Enero 2006)

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