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Porno Animation

Que la influencia del anime está creciendo en todo el mundo es tan evidente que incluso el propio mercado japonés se ha dado cuenta últimamente de que la puerta, que según todas las enciclopedias abrió Tezuka hace más de medio siglo, puede muy bien abrirse un poco más y salir al exterior, porque en la actualidad el mercado del anime y del manga es una de las señas de identidad más diferenciadoras de un país como Japón. Y es que los japoneses han dejado claro que la animación no es un juego de niños. Poco a poco sus mangas se han hecho un hueco más que reseñable en las tiendas de cómics del mundo occidental, los protagonistas de sus series y el merchandising que generan compiten con los héroes más célebres del universo Disney y sus grandes creadores obtienen premios en los principales festivales internacionales de cine.

Por Blanca Oria

Donburi Kazoku (2006)
Donburi Kazoku (2006)

Cada año los estudios japoneses de animación producen unas 50 nuevas series y un número similar de OVA (original video animation). Alrededor de la mitad de las entradas de cine que se venden en Japón son para películas animadas y fenómenos como La princesa Mononoke, que en 1997 fue la película más vista en Japón, lo que hizo saltar por los aires todos los récords de taquilla, y no ha hecho sino incrementar el interés por los dibujos animados japoneses. Y todo ello a pesar de que los fanáticos del género también son considerados en su propio país con el calificativo de otakus, una denominación que en su exportación a Occidente ha adquirido un tono más jocoso y bromista que en su sentido original.

Año tras año en Japón el mercado sigue creciendo y son miles los dibujantes que dedican muchas horas al día (a veces casi todas) para que el mercado editorial y el del cine mantengan ese ritmo creciente en el que no ha habido deflación. De entre todos ellos, una buena parte dedica su imaginación y su creatividad al hentai, algo así como el porno-anime o el anime para adultos, que en su país de origen constituye una parte muy importante del mercado y del negocio del manga y el anime.

Ni siquiera Tezuka se quiso privar de experimentar con una serie de temas bastante alejados de lo que se entiende como cine para toda la familia. Después de crear a Astro Boy y al león Kimba, o de hacer de la animación una forma de plantear crítica social y política, el dios del manga no pudo resistirse a la tentación de dirigir Sen'ya Ichiya Monogatari (Las mil y una noches, 1969), una versión animada y con evidente carga erótica del texto original, o Kureopatora (Cleopatra, 1970) una de las dos primeras películas de animación en recibir la calificación X en el mercado estadounidense (la otra fue Fritz the Cat). El ejemplo de Tezuka resulta difícil de extrapolar sin pensamos en célebres creadores de dibujos animados del mundo occidental.

El sueño de la esposa del pescador (1824)
El sueño de la esposa del pescador (1824)

Y es que es imposible separar la tradición histórica japonesa de lo que actualmente inunda las tiendas de cómics y de DVD en Japón. Los dibujos zen del período medieval han dejado su impronta tanto como los kibyoshi, unos libros animados con contenidos humorísticos y a menudo eróticos, o los célebres ukiyo-e que protagonizaban cortesanas, demonios, fantasmas y todo tipo de personajes. Es difícil resistir el deseo de buscar en las imágenes tradicionales de la ilustración japonesa una buena parte de la inspiración de muchos de estos textos contemporáneos. Entre El sueño de la esposa del pescador, creada por Hokusai en 1824, en la que una mujer desnuda era rodeada por los tentáculos de dos pulpos que chupaban su zona genital y su boca, y algunas de las imágenes del anime de adultos actual hay más que una conexión casual. Las imágenes grotescas y bizarras que se pueden encontrar en buena parte de los dibujos de la etapa final del Shogunado y de la época Meiji (1868-1912) están ahora presentes en el manga y en el anime. Aunque es evidente que entre aquellas imágenes y las actuales ha transcurrido un siglo de apertura al mundo occidental y sobre todo a la imaginería, entre otros, del mercado estadounidense.

"Una buena parte dedica su imaginación y su creatividad al hentai, algo así como el porno-anime o el anime para adultos, que en su país de origen constituye una parte muy importante del mercado y del negocio del manga y el anime"

En el anime actual algunos aspectos estéticos se han transformado. Los rostros se han aniñado, la historia reciente ha ido dejando sus huellas y el culto a la cultura joven no ha pasado desapercibido. Pero, a pesar de todas las variantes, lo que es evidente es que el dibujo ha seguido gozando de buena salud y mantiene su relación con la vida cotidiana. Los pictogramas forman parte inseparable de las formas de expresión de los japoneses, que utilizan el dibujo no sólo en el campo de la creación sino también en el de los negocios, en el educativo e incluso en los miles de mapas que inundan la vida corriente de un país que renuncia a poner nombres a sus calles y prefiere dibujarlas una y otra vez en el espacio.

Y los creadores de animación no viven distanciados de todo esto. Poco importa que los temas que centren su interés estén relacionados con la naturaleza, con el mundo sobrenatural, con las aventuras del pasado o del futuro o con el erotismo o la pornografía. El dibujo es omnipresente y no se detiene. De ahí que la evolución de la animación para adultos, que en las tiendas en Japón apenas está separada unos pocos metros de, por ejemplo, el universo Miyazaki, no se haya desenganchado de ninguna de las manifestaciones artísticas ni de los movimientos del mercado. Por eso cuando en 1983 el mercado de la animación descubrió en el vídeo un vehículo perfecto para su difusión y Mamoru Oshii creó una serie de ciencia ficción titulada Dallos que fue reconocida como la primera OVA. El anime para adultos aprovechó el nuevo medio. Un año más tarde, la tercera OVA era un trabajo de media hora titulado Lolita Anime I: Yuki no Kurenai Kesho * Shojo Bara Kei, compuesta por dos historias de 15 minutos sobre torturas sexuales, sadismo y asesinato de unas colegialas cuyos espíritus regresarán para vengarse. Aquél mismo año, de las 17 OVA producidas en Japón, 11 podían encasillarse en el terreno de la pornografía. Desde entonces el mercado del vídeo ha sido un espacio importante para el desarrollo del anime para adultos.

Konya No Okazu Wa Renji De Marine (videojuego hentai)
Konya No Okazu Wa Renji De Marine (videojuego hentai)

Uno de los títulos más conocidos de este porno-anime es Urotsukidoji (1987), una adaptación de las novelas ilustradas de Toshio Maeda, que habla de la invasión de la Tierra por parte de una especie de demonios supernaturales sexualmente superdotados que esclavizan a los habitantes del planeta y utilizan a las mujeres para sus juegos sexuales. Todo se complica cuando un tercer grupo entra en juego. Mezcla de unos y de otros, estos seres mitad humanos, mitad monstruos desean relacionarse con los primeros habitantes del planeta pero siguen teniendo instintos carnales difíciles de controlar. Urotsukidoji se adaptó primero al formato vídeo pero tuvo también su versión en cine.

"En el anime actual algunos aspectos estéticos se han transformado. Los rostros se han aniñado, la historia reciente ha ido dejando sus huellas y el culto a la cultura joven no ha pasado desapercibido"

De entre las numerosas variedades y tipos de anime para adultos que se pueden encontrar en cualquier tienda del sector, hay una serie de coincidencias que subyacen en buena parte del porno-anime japonés. Así, mientras las mujeres suelen adquirir el papel de objetos sexuales cuyos cuerpos son observados, violados o torturados, el cuerpo masculino ejerce fundamentalmente el papel de voyeur —con toques cómicos en muchas ocasiones o el del ser generosamente dotado— que tiene más un aspecto de demonio que de hombre. Entre los textos ya casi clásicos del género se puede recordar Yoju Toshi (Wicked City, 1987) basada en una novela de Kikuchi Hideyuki en el que se plantean dos niveles de existencia, el del mundo de los humanos y el Black World. La sinopsis se revela poco habitual en una película de este tipo, sobre todo si se tiene en cuenta que la tarea de los protagonistas será conseguir la firma de un tratado de paz entre ambos universos, lo que generará una serie de tensiones con secuestros, torturas, metamorfosis variadas y una buena dosis de sadismo incluidos. Complicado argumento para lo que en la cultura occidental se considera una película porno.

Para el mercado occidental algunos detalles hacen del hentai una singularidad estrictamente nipona. Por ejemplo, el hecho de que especialidades como el yaoi (homoerotismo) gusten a las mujeres en una proporción de diez a uno con respecto a los hombres, o que los protagonistas de buena parte de las películas o series sean demasiado aniñados para nuestros cánones habituales. Son particularidades de un género que en estos momentos constituye casi la mitad de la producción de animación japonesa, una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta la buena salud del anime contemporáneo.

Artículo publicado en el número 11 de KANE 3 (septiembre - octubre 2006)

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