Rabia

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Sinopsis

José María es albañil y Rosa empleada doméstica interna. Son inmigrantes sudamericanos, trabajan en España y desde hace pocas semanas son pareja. José María tiene una personalidad volátil y una discusión lo lleva a un enfrentamiento violento con su capataz, que culmina con la muerte accidental de este último. José María no sabe qué hacer y se refugia en la mansión donde trabaja Rosa, sin contar nada a nadie, ni siquiera a ella...

Escondido en el desván abandonado, José María comienza una vida secreta. Entre fantasma y voyeur, roba comida en las noches, siempre escondido, teniendo como única compañía a las ratas de la casa. Escucha y mira todo, consciente del riesgo constante de ser descubierto. José María descubre una segunda línea de teléfono en la casa, y llama a Rosa, sin revelar nunca donde está. Empiezan una relación a "larga distancia", esperando con anhelo el día cuando podrán estar juntos nuevamente.

  • País:España/México/Colombia
  • Año:2019
  • Estreno:26 de mayo 2010
  • Duración:1h.35min.
  • Distribuidora:Wanda Visión

Intérpretes

Gustavo Sánchez Parra José María
Martina García Rosa
Concha Velasco Mrs. Elena Torres
Xabier Elorriaga Mr. Edmundo Torres
Álex Brendemülh Álvaro Torres
Icíar Bollaín Marimar Torres

Ficha Técnica

Dirección y Guión (basado en la novela homónima de Sergio Bizzio) Sebastián Cordero
Producción Álvaro Augustin, Rodrigo Guerrero, Eneko Lizarraga, Bertha Navarro y Guillermo del Toro
Producción Ejecutiva Elena Manrique, Guadalupe Balaguer, Javier Palomo Duran, Jaime Ortiz de Artiñano, Andrés Calderón, Cristian Conti y Michel Ruben
Fotografía Enrique Chediak
Diseño de Producción Eugenio Caballero
Música Lucio Godoy
Dirección de Producción Koldo Zuazua

Crítica

Vínculos claustrofóbicos

Nuria Dufour

José María y Rosa han abandonado sus países de origen para buscar una vida mejor en España. Ella encuentra acomodo como chica de servicio en una casa de las llamadas "bien". Él se emplea en la construcción. Rosa es manejable. José María, celoso compulsivo, conserva un prurito de resentimiento hacia el mundo en general. Celos infundados y un descontrolado afán de revancha por lo que la vida le lleva negando desde que nació, rasgos que adelanta el guión a base de unos primeros planos desasosegantes, violentan su impetuosa personalidad, hasta provocar la muerte accidental del capataz de la obra.

Para evitar ser detenido y poder estar cerca de Rosa (guiado más por el deseo de posesión que por el amor), José María se encierra en el desván de la casa. Día a día, desde su escondite, observa e interviene en la vida de la chica. Ve sin ser visto, mientras la rabia que le provocan algunos de los hechos que presencia (la violación de Rosa, la soledad de Rosa, la entrega de Rosa, el embarazo de Rosa) se transforma en un delirio lacerante, en una sinrazón enmudecida, que prolonga durante varios meses.

Dos tramas simétricas, urdidas con calma en la narración y lucidez en la exposición, se cruzan sin arrollarse a lo largo de una historia encerrada entre los fríos y erosionados muros de un lóbrego caserón que atenazan a sus abúlicos moradores, amenazando en cada plano con desplomarse. Son los frágiles cimientos de una familia (padre, madre, hijo, hija), sumida en reproches y apariencias, anclada en la rutina de un tiempo que les devoró, y los de una pareja que sueña un porvenir incierto. Autismo entre los miembros del clan familiar, el mismo que flanquea a la pareja.

"Destacar las interpretaciones contenidas y equilibradas de Álex Brendemühl, Xabier Elorriaga y Concha Velasco en escenas arriesgadas desde un punto de vista actoral, también de realización, apoyadas más en diálogos, sutiles, a veces imperceptibles, y en gestos, mínimos y precisos (...). Interpretaciones que contrastan con la presencia animal del protagonista, Gustavo Sánchez Parra, cuyo trabajo, al margen de los kilos que adelgazara por exigencias del guión, es magnífico".


Basado en la novela homónima de Sergio Bizzio, autor de la notable adaptación XXY (Lucía Puenzo, 2008), Rabia es el relato concéntrico de un puñado de personajes al límite de sus fuerzas. Un drama psicológico cuyos inquilinos se exponen casi exclusivamente a través de sus voces. El marido, un hombre de reacciones sosegadas, parece no querer resignarse ante lo que el futuro lleva tiempo dibujándole. La mujer, agarrada a la bebida, presenta un comportamiento confuso y autómata. Decide, impulsiva y porque sí, atender a la criada cuando descubre que ha quedado embarazada, sentimiento que contrasta con la oposición, pertinente y distante del esposo, que deambula, como ella, como la empleada, como el intruso, como las sombras. Y entremedias, las visitas del hijo, un joven en la treintena sin oficio ni beneficio, libertino y despilfarrador, bajo el amparo de una madre protectora y la mirada derrumbada de un padre marginado, y de la hija, una mujer superficial y caprichosa.

Destacar las interpretaciones contenidas y equilibradas de Álex Brendemühl, Xabier Elorriaga y Concha Velasco en escenas arriesgadas desde un punto de vista actoral, también de realización, apoyadas más en diálogos, sutiles, a veces imperceptibles, y en gestos, mínimos y precisos (la mano del marido sobre el hombro de la esposa cuando desempolvan la cuna que un día ocuparan los hijos). Interpretaciones que contrastan con la presencia animal del protagonista, Gustavo Sánchez Parra, cuyo trabajo, al margen de los kilos que adelgazara por exigencias del guión, es magnífico. La buena realización permite al director abusar del desenfoque, llegando a tratar a los miembros de la familia como espectros, a los que emplaza en ocasiones al fondo del plano.

La elocuencia en la fotografía -Enrique Chediak planea la cámara entre las inquietantes estancias de una mansión que pareciera encantada con airosos movimientos- logra que el ritmo de la acción, contada mediante elipsis, no decaiga. De igual modo, la intensidad del texto y el desarrollo firme de una historia atrapada en espacios herméticos hacen que el relato gane en tensión, que el suspense crezca en cada plano, en cada secuencia, hasta que el incógnito okupa redima su osadía en un final con propósitos moralizantes, pretendidamente épico, en disonancia con la bizarría trazada durante toda la película.

Interesante además que el guión pase de puntillas por la trama policial, apenas apuntada, y que los personajes periféricos no se cuelen en la historia. El tema de la inmigración es irrelevante a medida que la película avanza, aunque hay una secuencia, subrayable por su enorme capacidad descriptiva, en la que la cámara recoge, a modo de denuncia, el piso patera en el que vivía José María. Señalar también a este respecto la secuencia de la fumigación por la plaga de ratas que ha invadido la casa como metáfora, si se quiere, al trato recibido a veces por los inmigrantes.

Si en Ratas, ratones, rateros (1999), el retrato áspero de un delincuente callejero en Quito, y Crónicas (2004), una radiografía amarga sobre el linchamiento de un inocente a través de un programa de noticias sensacionalistas, el director (Sebastián Cordero) partía de ideas originales, en Rabia realiza, sin duda, una difícil traslación (es autor también del guión), que no pierde en su salto a la pantalla la fuerza intrínseca de una historia de amor imposible narrada en primera persona. Una película compleja y oscura, como la novela que se disecciona.

19/05/2010

Tráiler


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