Aunque hoy parezca mentira, Madrid tuvo durante 14 años un Festival de cine imaginario (original forma de englobar en un solo término el terror, la ciencia ficción y sus derivados) que llegó a rivalizar con el hoy intocable festival de Sitges. Llevaba el nombre de IMAGFIC y su primera edición se celebró en 1980 en el Cine Princesa, convertido desde hace muchos años en una tienda de ropa. Luego pasó a un destartalado Alcalá Palace previo a su remodelación. Pero no fue hasta su mudanza al Cine Albéniz (hoy en espera de la piqueta que acabe con él para siempre) y los vecinos cines Madrid (idem) cuando el festival cogió vuelo.

Por Nacho Cabana
Gracias al IMAGFIC descubrimos a Russ Meyer y a la Troma, pudimos ver las obras completas de Alan Rudolph cuando este cineasta era el principal pope de la modernidad independiente, Shinya Tsukamoto se llevó de vuelta a Tokio fotos de la sala abarrotada durante el pase de su primer Tetsuo, vimos una versión de Nosferatu con el mismísimo Christopher Lee sentado en la fila de atrás, cantamos con los feebles y el que esto escribe consiguió un autógrafo y un apretón de manos del gran Jim Henson cuando acudió a presentar Cristal Oscuro.

En 1992 el Certamen sufrió un ataque de culturitis que le llevó a prolongarse durante tres meses y a relegar el cine fantástico a favor de un cine europeo al que el público le dio la espalda. Su última edición (en los cines Ideal) se celebró en 1993. La muerte de Jorge Lluesma y la desidia de las instituciones cerraron para siempre el evento.
IMAGFIC se celebraba siempre la semana anterior a la Semana Santa, igual que ocurre con la muestra que desde hace siete años el canal temático SyFy (Sci-fi hasta el año pasado) organiza en el Cine Palafox (que también albergó el IMAGFIC durante sus años más bajos). La muestra no tiene premios, ni invitados, no hay ciclos paralelos, ni edita catálogo y se nutre en casi su totalidad de películas ya vistas el año anterior en Sitges PERO cuando alguien es masacrado en la pantalla o una actriz enseña sus carnes, el público que abarrota la sala aúlla de placer como ocurría en el IMAGFIC.
Presentada con el surrealismo habitual por la actriz Leticia Dolera, este año la muestra se abrió con The Crazies de Breck Eisner, una película que ha tenido bastante éxito en USA y que remakea una cinta de igual título de 1973 y dirigida por George A. Romero. The Crazies parte de una premisa interesante (en un pueblo de EE.UU, gente normal y corriente comienza a convertirse en psicópata) pero pronto deriva al subgénero de amenaza bacteriológica y la cinta reduce su interés a tres secuencias lindantes con el gore, brillantes pero que no justifican que este largo fuera escogido para abrir la muestra.

El gran descubrimiento de los tres días que duró la fiesta fue, sin duda The Disappearance of Alice Creed de J. Blakeson (no se les ocurra ver el tráiler que circula por internet, parece un telefilm y nada más lejos de la realidad). Cuenta un secuestro lleno de sorpresas en apenas dos escenarios, con tres actores y mucho, mucho talento. Sus primeros cinco minutos son excelentes y luego el director y guionista va atando con soltura los cabos que el espectador creía sueltos pero que en realidad no eran más que ganchos que preparan el siguiente giro argumental. Se alarga un poco el final, pero tiene golpes de humor y un realismo escatológico a menudo ausente de los secuestros filmados.
The Descent 2 de Jon Harris protagonizó la primera de las dos sesiones golfas del festival. Durante sus 45 minutos iniciales, los protagonistas se dedican a dar vueltas sobre sí mismos en los mismos decorados cambiados de orden. Cuando aparecen los monstruos, la cosa se anima algo aunque para entonces ya estás bastante aburrido si no dormido.

Mejor fue la última película del sábado, The Children de Tom Shankland, una entretenida pero no muy original ni por supuesto profunda aportación al tema de la maldad en la infancia que se queda lejos de las excelencias de El hijo del mal de George Ratliff o del desmadre de La huérfana de Jaume Collet-Serra.
La última película inédita del certamen fue también la encargada de clausurarlo: Halloween 2 de Rob Zombie, remake de la secuela de la saga clásica y a su vez secuela del remake que el propio Zombie hizo hace ahora tres años del clásico de Carpenter. La nueva Halloween 2 contiene el mejor efecto de sonido de acuchillamiento con que pueda contar un slasher y una secuencia (la del acoso a la chica en el interior del psiquiátrico primero y en el parking de éste después) extraordinaria. El tono terrorífico se mantiene todo el metraje, pero Zombie insiste, como ya hizo en su primera parte, en dar profundidad psicológica a Michael Myers a través de unas secuencias oníricas que, estando bien situadas en el discurso, chirrían por lo tópico y relamido de su visualización.
Una loable iniciativa de Versus y de SYFY que espero algún día evolucione hacia algo parecido a lo que fue el IMAGFIC para Madrid en un tiempo en el que el ayuntamiento y la comunidad tenían dinero para algo más que para llenar las calles de agujeros y granito.
Para las otras películas del festival, Cargo, Splice y Canino, remito al lector a mis crónicas del Festival de Sitges.
1/04/2010
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