Resumen final BAFF 09 - cine | Kane 3

Resumen final BAFF 09

Como si alguien hubiera venido a pinchar con una aguja un enorme globo, sentimos que la obra de algunos de nuestros cineastas más queridos comienza a dar síntomas de desinflarse, y lo hace paradójicamente al tiempo que ellos se empeñan en empujar la válvula con obstinación, tratando de hacer entrar el aire por otra parte o bien de buscar una vía de escape que les impida caer en el agotamiento, pero la sensación final es la de eternos dejà vu en clave menor, donde el globo termina por convertirse en el mismo del principio, deja de soportar sus límites de elasticidad y acaba por explotar.

Francisco Algarín Navarro

"Now Showing" de Raya Martin

Conforme han pasado los días, Nanayo, la película de Kawase, queda en el recuerdo como un ejercicio apresurado de encuentros más bien desafortunados de la nipona con los franceses, la directora de fotografía Caroline Champetier y el actor de Claire Denis, Grégoire Colin, junto a la familia tailandesa, pero no podemos pasar por alto que todo ello acaba por resultar más bien una excusa para alcanzar los habituales estadios de altos y bajos, a través de situaciones cómicas en las que se alternan los periodos de calma e histeria, como la cadena de enfrentamientos en la que estalla la película por culpa de lenguas desconocidas frente a la apelación a los sentidos. De Nanayo recordaremos apenas unas cuantas imágenes potentes, como la llegada del tren, las extrañas elipsis nocturnas, el travelling final por el río, al tiempo que olvidaremos los subrayados flashbacks y los golpes bajos que puntúan todo el film hasta acabar en parte con él.

Si la de Kawase sigue siendo más repetición que diferencia, por mucho que se disfrace de lo segundo, un poco lo mismo sucede con la última película de Jia Zhang-ké, 24 City, que como siempre llega de la mano de su doble anterior abiertamente documental, Useless. El repliegue del chino llega por escisiones y desdoblamientos que tan sólo funcionan con potencia en algún momento puntual, cuando la actriz Joan Chen habla a cámara más de sí misma que del personaje que interpreta, reflejándose su imagen frente al espejo. A diferencia de los otros actores que, a la manera de bustos parlantes exponen a cámara los textos referentes a la desaparición de la fábrica que sirve de epicentro y base real de la crónica de la transformación china para ser remodelada en un amplio complejo residencial, el guiño de la actriz reactiva el dispositivo para aquellos poco avispados que no hubieran reconocido la marcada dramatización de la dicción profesional del resto de partenaires.

"La gran película del BAFF 09, como era previsible, fue Now Showing, de Raya Martin, situada a muchísimas millas tanto del resto de películas presente como de una grandísima parte del cine contemporáneo"

"24 City" de Jia Zhang-ké

La belleza de 24 City se encuentra al separarnos un poco de la película para verla en conjunto con la obra precedente y como crónica de urgencia alargada en el tiempo, y por eso el triunfo del chino sigue siendo el de la filmación de las ruinas, cuando cae por completo la fachada del edificio y la inmensa nube de polvo se desplaza hasta la cámara plantada invadiendo por completo el encuadre de blanco, puntuando un poema, verdadero tejido que cose los relatos, que dice: «Las cosas que hemos hecho o pensado se reexpenden forzosamente antes de desaparecer como la leche derramada sobre una piedra».

Peligrosas son las amistades, e incluso las relaciones amorosas de la malaya Tan Chui Mui. Por encargo de su pareja, el programador del Festival de Rotterdam, All My Failed Attemps es poco más que lo que indica su título y un caso literal de desinflado, cuando apenas de los siete cortos que componen el programa solo se salva el último en una variación muy menor de su largometraje Love Conquers All, si bien hemos de resaltar que las ganas de crear formas totalmente nuevas a través de relaciones de montaje primitivas mucho le deben a Weerasethakul y poco partido obtiene de la jugada. El resto de piezas, sobre todo las de la trilogía de sueños, son poco más que un divertimento pasajero y espontáneo, cualidades apriorísticas de toda obra que por una vez juegan en su contra y terminan por ser chistes fáciles a la par que sórdidos.

"Flower in the Pocket" de Liew Seng Tat

Y si decimos que no son buenas las compañías de la malaya es porque su colaborador, Liew Seng Tat parece haber aprendido la lección de Kiarostami de oídas, y más bien de segundas, por lo mucho que tiene Flower in the Pocket de las almibaradas películas de Yimou más que de las del iraní, en una enésima operación de niños huérfanos a la deriva urbana, lección de incomprendidos mal aprendida devuelta a un padre despreocupado que solo al final conseguirá redimirse domesticándolos en el parque.


El chino Yu Lik-wai, director de fotografía de Jia Zhang-ké, responsable de una buena serie de largos, da el gran salto oceánico con Plastic City, acentuando hasta el éxtasis la explosión de colores que le permitan exhibir su poderío en lo visual al tiempo que sus dotes para cruzar el thriller con el melodrama al combinar mafiosos chinos con prostitutas de lujo, todos de cuerpos tatuados, nada menos que en las favelas de Sao Paulo. Las permutaciones son infinitas, y van de los tamizados documentos del suburbio a los rings virtuales, de las nebulosas soñadas por Michael Mann en Miami Vice a los tigres en la selva de, nuevamente, Weerasethakul. Sin embargo, los ingredientes del pastel están la mayoría de las veces bien separados en compartimentos y solo funciona felizmente al final, cuando descubrimos que la cosa no tiene por qué cuajar y nada encaja.

"Plastic City" de Yu Lik-wai

La más fallida de las operaciones fue el intento conceptual de Ishii por calcar plano a plano y en color, la película en blanco y negro de Shimizu The Masseurs and a Woman, filmándola con la misma ingenuidad de aquel a finales de la década de los 30, sin conseguir por ello provocar algún tipo de desajuste o asincronía en el choque entre mentalidades o revelar alguna condición esencial del cine en el juego de lo irrepetible.

Justamente al contrario de la fe de Ishii en la calcomanía, el indonesio Nugroho, en The Blue Generation, retoma las performances de su Opera Jawa para, junto con las imágenes animadas, los videojuegos, las actuaciones musicales, las imágenes en blanco y negro y las recreaciones paródicas de las sesiones de tortura, construir una mordaz, ácida y al tiempo amarga crónica de los años de la dictadura siguiendo en todo momento la estela de las letras de una popular banda de rock, creando así un sinfín de relaciones de montaje fuerte entre imágenes, palabras, sonidos y formatos que terminan en un poliedro de gran potencia subersiva y no por ello poco didáctica, en el que toda la esperanza se desposita por tanto en la generación más joven.

"My Magic" de Eric Khoo

Como una continuación fervorosa en el poder de un cuerpo y su gravitación en torno a una película, en My Magic es el monstruo cavernícola Francis, como en Be With Me lo era Teresa Chan, el que lleva el peso de todo el film: convertido su cuerpo maltrecho en espectáculo de barracas, de faquir a mago sabrá sacarle provecho a sus dotes ocultas por encima del resto, al tiempo que terminará por desplazar con su fuerza física real toda la ficción hasta inundarla por completo en una llamada de atención a todos aquellos cineastas bastardos que convirtieron la fealdad en obscenidad, en museo de los horrores.

Ya hemos comentado algo acerca de un film menor, Serbis de Brillante Mendoza, y de otro abyecto, Breathless, película que resultó ser la ganadora. Frente a estos dos films calculados en la libreta, también encontramos la notable Achilles and the Tortoise de Kitano, un cineasta cada vez más interesado en las ideas despojadas y el modo en el que de ellas, de las formas de pensamiento, pueden surgir emociones.


Raya Martin
Raya Martin

Pero sin duda, la gran película del BAFF 09, como era previsible, fue Now Showing, de Raya Martin, situada a muchísimas millas tanto del resto de películas presente como de una grandísima parte del cine contemporáneo. Y es que Now Showing no se parece a nada porque logra algo extremadamente complicado: sincronizar el tiempo del cine con el tiempo de la vida. La película de Martin no tiene nada que ver con esos artefactos que ostentan ser capaces de registrar algo parecido al tiempo real. Escindida en dos, con variaciones de situaciones que solo se reactivan como lo hacen los mecanismos de nuestra memoria, pero de una memoria vivida mediante el despliegue en la duración en el tiempo de la película como parte de nuestro tiempo de vida, combinando los 16 mm. con el video casero, Now Showing es el más bello retrato de la infancia, de la de Rita y Tata, pero también de la infancia del cine y de la infancia del espectador.



Un tiempo se abre en Now Showing. Primero el del abandono de nuestro tiempo cotidiano, de nuestro tiempo histórico, para luego retomarlo sincronizado con el de los desplazamientos nunca anunciados o enunciados de los personajes. Poco a poco despertamos hasta alcanzar una suerte de verdadero éxtasis, mientras curiosamente, en la pantalla, los personajes se quedan dormidos.

10/06/2009

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