Retorno a Hansala

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Sinopsis

Martín (José Luís García Pérez), un empresario funerario con problemas económicos, que encuentra en el cadáver de uno de los muchachos muertos en el Estrecho un número de teléfono. Así entrará en contacto con Leila (Farah Hamed), la hermana del fallecido, una joven inmigrante que tratará de repatriar el cadáver de su hermano.


Martín, viendo las posibilidades de negocio, partirá con ella hacia su aldea con la idea de obtener el máximo beneficio de otras familias que reconozcan a sus muertos a través de sus pertenencias, topándose con la realidad del Atlas marroquí.

Audio rueda de prensa en la Seminci 2008. AQUÍ.

  • País:España
  • Año:2008
  • Estreno:27 de marzo 2009
  • Duración:1h.35min.
  • Distribuidora:Wanda Visión

Intérpretes

José Luis García Pérez Martín
Farah Hamed Leila
Antonio de la Torre Antonio
Adam Bounaga Said
Antonio Dechent Manolo
Cuca Escribano Carmen
Sebastián Haro Jesús
César Vea Cirilo

Ficha Técnica

Dirección Chus Gutiérrez
Guión Chus Gutiérrez y Juan Carlos Rubio
Producción Chus Gutiérrez, Antonio P. Pérez y Carlos Santurio
Fotografía Kiko de la Rica
Montaje Fernando Pardo
Música Tao Gutiérrez

Crítica

Sueño(s) ahogado(s)

Nuria Dufour

"Una patera llega en plena ola de frío con un muerto" (El Mundo, 10-1-09), "Interceptadas dos pateras en Almería con 19 inmigrantes a bordo" (La Vanguardia, 18-1-09), "La tragedia de la inmigración se cobra 21 vidas" (El País, 17-2-09), "Interceptado un cayuco con 43 sin papeles a bordo" (Abc, 2-3-09), "Muere un subsahariano al intentar cruzar la valla de Ceuta" (El País, 6-3-09)... Palabras sobre papel. Un ínfimo muestrario de los titulares que se repiten casi a diario desde hace demasiados años y el punto de partida, y el epílogo, de la palpitante película (séptima en su filmografía) de Chus Gutiérrez (el guión lo firman la directora y Juan Carlos Rubio): una historia sencilla, valiente y desgarradora, sin espacio para idealismos y demagogias.

El drama de la inmigración se nos ha enquistado. Desde la primera barcaza de madera que alcanzó las Islas Canarias en 1988, el flujo de embarcaciones llenas de proyectos anegados suma cifras desoladoras, fríos números tras los que hay vidas humanas desesperadas, con sueños tan legítimos como inalcanzables.

Un expresivo plano subjetivo de un océano negro y embravecido, en el que durante unos segundos el espectador también siente la agonía de los que allí se quedan, abre Retorno a Hansala. Después, la acción se localiza en una playa de Algeciras. Un lugareño se topa con varios cuerpos inertes que el mar ha escupido hasta la orilla. De inmediato, las fuerzas policiales se mezclan con las sanitarias, las ONGs con los curiosos y las autoridades judiciales con Martín (José Luis García Pérez), el dueño del tanatorio más próximo, el del municipio de Los Barrios. Hasta aquí, la historia está basada en los hechos reales que ocurrieron el 25 de octubre de 2003 en la playa de Rota, cuando una lancha neumática que pretendía alcanzar la costa gaditana naufragó. En ella viajaban 50 marroquíes. Fallecieron 37 y otros tantos desaparecieron. 12 procedían de la misma aldea: Hansala.

A partir de aquella lamentable tragedia, la directora construye una película imprescindible, con interpretaciones austeras, y pequeños detalles que la engrandecen (la relación que los dos protagonistas mantienen con sus respectivas familias). El relato fluye, diáfano, empujado por la potencia de la propia historia. Un preci(o)so viaje de vuelta, en el que uno de los cadáveres, el identificado, simboliza el frecuente destino de sus anónimos compatriotas, aunque no todos corren la misma suerte. En las cámaras del tanatorio de Los Barrios, el que retrata la cinta, los cadáveres de 9 inmigrantes (7 anónimos y 2 identificados) llevan un año esperando a ser repatriados.

"Una película imprescindible, con interpretaciones austeras, y pequeños detalles que la engrandecen"


Martín, en bancarrota financiera y sentimental, se embarca con Laila (Farah Hamed), la hermana de Rachid, en la aventura de conducir el cuerpo del joven hasta la sepultura. El primer escollo, el dinero necesario para el traslado, una cantidad difícil de conseguir. Después, dificultades burocráticas y locales, no exentas de algún diálogo chispeante que ayuda a digerir la dureza de la crónica, hasta que la furgoneta coche fúnebre llega al pequeño pueblo beréber en el Medio Atlas marroquí, donde familiares y vecinos esperan recibir al hijo muerto. Una fatalidad a la que los resignados habitantes de Hansala, actores de sus propias desgracias por arte y magia del cine, están tristemente acostumbrados.

Retorno a Hansala no provoca lágrimas, sino rabia, incomodidad, desvelo. Lo que en la película ocurre es una verdad incómoda a la que asistimos insensibles desde este lado del mundo. Escribía Diego Galán, tras la proyección de la película en la Sección Oficial del Festival de Cine de Valladolid, "sería lamentable que [Retorno a Hansala] pasara sin pena ni gloria cuando se estrene" y evocaba a los dioses para que "iluminen al Jurado y repartan suerte" (en Valladolid obtuvo el Premio Especial del Jurado, en la 32 edición del Festival Internacional de Cine de El Cairo fue reconocida con el de Mejor Película y el Premio Fipresci y en la pasada edición de los Premios Goya se hizo con tres candidaturas). ¡Ojalá los "dioses" de Diego Galán iluminen con la misma puntería la taquilla! No es habitual encontrar películas comprometidas que inviten a la reflexión desde el sosiego.

07/03/2009

Tráiler


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