Rodrigo Plá: "Los políticos han olvidado su función de gobernar para la gente" - cine | Kane 3

Rodrigo Plá: "Los políticos han olvidado su función de gobernar para la gente"

Rodrigo Plá (Montevideo, 1968) es un director afincado en México desde los nueve años, y que ha deslumbrado con su primer largometraje. Ganadora del Premio de la Crítica en el Festival de Toronto, y elegida como la Mejor Ópera Prima en Venecia, la película se estrena en nuestro país, tras su paso por el Festival de Valladolid, fuera de concurso. Su segunda película (aunque rodada antes), Desierto adentro, está ya en su última fase de postproducción. Veremos si se confirman las buenas sensaciones que deja con La zona, una magnífica película, que nos habla sobre temas como el miedo, las abismales diferencias económicas o la injusticia de este mundo en el que vivimos.

Por Manuel Barrero. Fotografía: Jesús Palop.

—Tu debut en el largometraje ha sido un proyecto de gran complejidad temática, ¿cómo te has sentido dirigiendo esta película?

—Bueno, yo previamente ya había dirigido cortometrajes. Tanto Novia mía como El ojo en la nuca tienen estructura, un poco, de largometraje. Son cortos de 20-25 minutos, en los que había un principio, un desarrollo y un final. Había secuencias paralelas, flashbacks... Intenté construir historias que fueran un poquito más largas, y que no se quedaran en el gag o la pequeña vuelta de tuerca. Eso me facilitó hacer esta primera película. Bueno, en realidad, tengo dos proyectos que son como una gran ópera prima. Primero escribimos el guión de Desierto adentro. No lo logramos levantar, y entonces escribimos La zona. Cuando parecía que la íbamos a hacer primero, Columbia Pictures se echó para atrás, y terminó saliendo antes Desierto adentro. Entonces, filmamos la acción viva de esta última. Y mientras estábamos en el proceso de animación, que nos llevó un año, filmé La zona. Los procesos de postproducción se superpusieron, pero como ya venía de rodar varias semanas otro largometraje, eso me tenía ya entrenado para La zona.

—¿Desierto adentro sigue la misma línea que La zona?

—En realidad, no. Es otra temática totalmente diferente. Lo que intentamos mi mujer y yo es movernos de lugar y probar nuevas cosas.

—¿Y cómo es trabajar con ella? ¿Es más fácil o más difícil trabajar junto a tu pareja?

—Mi mujer es una gran escritora, y una persona con muchísima imaginación. Y, por si fuera poco, compartimos la vida. Nuestros puntos de vistas y nuestras preocupaciones son similares. Entonces es muy fácil. Claro que hay discusiones y discrepamos. Pero hay muchas coincidencias.

—La película ha tenido muy buena acogida, pero ¿qué opinión tienes tú? ¿estás satisfecho con el resultado?

—Sí. Yo, en general, estoy contento. Aunque soy una persona bastante obsesiva, y si fuera por mí, la seguiría corrigiendo. Por supuesto, veo cosas podrían haber quedado mejor. Pero, en esencia, claro que estoy contento.

"Nos parecía bien llamar la atención sobre un tema que está aconteciendo hoy día en México, y en todo el mundo. La polarización se está extendiendo, también en los países ricos, como en Estados Unidos, donde mucha gente está perdiendo su Seguridad Social, o el ejemplo de lo sucedido tras el huracán Katrina"

—Voy a hacerte una pequeña crítica. La secuencias en las que hay muertes violentas me resultaron menos creíbles. Quería saber si era la primera vez que te enfrentabas a este tipo de secuencias, y qué opinión tienes de cómo quedaron.

—En la secuencia del linchamiento hubo una discrepancia con el productor, con respecto a si debía llevar música o no. Yo no quería que tuviera, y al final se la tuve que poner. Y creo que eso suaviza la escena, que hubiese sido más violenta sin música.

—Los intérpretes están muy bien, especialmente, los adolescentes. ¿Cómo has afrontado la dirección de estos actores?

—Para empezar tenía a Alan Chávez, el que hace de delincuente, y con quien ya había trabajado en Desierto adentro. Es un actor que ya tenía experiencia en un par de películas. Había trabajado con Mandoki en Voces inocentes.... y tener a alguien con experiencia me ayudaba con el otro adolescente. Lo difícil fue encontrar al otro, porque teníamos a los padres, y queríamos que tuviera alguna característica parecida en su fisonomía. Daniel Tovar nos pareció el ideal, porque es un adolescente muy sensible, que entendía muy bien el guión y que entendía de lo que estábamos hablando cuando hacíamos la lectura. Y aparte, con la capacidad de emocionarse y de mostrarlo. Era su primera película, lo que tenía su riesgo. Pero era un tipo muy visceral y muy entusiasta. Lo más difícil del reparto fue armar el grupo, ya que los demás adolescentes también eran nuevos. Y con respecto a la forma de trabajar con ellos, hacíamos mucho análisis de texto. Si te fijas, construimos las secuencias de forma bastante elíptica. Entonces, lo que hacemos es probar con improvisaciones de lo que no aparece en la película, para que ellos conozcan a su personaje y se conozcan más. Por poner un ejemplo, en el principio de la película aparece el adolescente con su novia, besándose. Hay que construir esa historia antes, y son ellos mismos, a través de improvisaciones, los que llegan a esa historia del romance. Con algunos parámetros, les hacíamos vivir las situaciones, aunque luego eso no se filmara. Pero siempre ayuda a que estén más sueltos.

—Precisamente, uno de los adolescentes es el que representa la esperanza en esta película que presenta una visión bastante pesimista del problema de la diferencia entre ricos y pobres. ¿Tú crees que esa esperanza puede existir en la realidad?

—Me deprime responder esa pregunta. Creo que fue Saramago el que dijo: no es que sea pesimista, soy un optimista bien informado. La sensación es que mientras continúen las políticas económicas actuales, la situación no va a parar. Al revés, cada vez se tiende a polarizar más. Aunque uno, desde su pequeño lugar, puede hacer un poquito de fuerza, y aunque no consiga nivelar la balanza, al menos se puede conseguir alguna cosa. Por algo hay que empezar. Por lo pronto, nos parecía bien llamar la atención sobre un tema que está aconteciendo hoy día en México, y en todo el mundo. La polarización se está extendiendo, también en los países ricos, como en Estados Unidos, donde mucha gente está perdiendo su Seguridad Social, o el ejemplo de lo sucedido tras el huracán Katrina.

—¿Crees que hay algún político actual que haga algo por mejorar la situación?

—Bueno, para mí los políticos son los que menos crédito tienen. Han olvidado su función de gobernar para la gente. Para mí, han perdido toda su credibilidad. Siempre es todo confuso, con sus arreglos políticos, sus promesas... Por lo menos, en el panorama mexicano, y creo que también en el mundial. Por ninguno pondría la mano en el fuego, y no hay ninguno con el que realmente simpatice. Llegan al poder y se olvidan de la gente.

—Naciste en Uruguay, ¿cómo fue tu emigración a México?

—Mis padres salieron del país cuando yo tenía nueve años, ya que en Uruguay había una dictadura militar.

—¿Conoces algo de la situación cinematográfica en Uruguay?

—No conozco tanto la realidad de Uruguay, porque no vivo allí. Pero tengo la sensación de que, a pesar de que se hace cine desde hace poco tiempo, tiene buena calidad. La gente construye buenas historias, como Whisky, por ejemplo. A pesar de sus dimensiones, parece que el cine uruguayo goza de buena salud. Y creo que se debe a que es un país que ha tenido muy buena educación durante muchos años, y donde se lee mucho.

—Y hablando de México, ¿qué es lo que más te gusta de lo que se hace ahora?

—Hay mucho. Por supuesto, me gustan los tres famosos. Son muy buenos directores. Del Toro e Iñárritu me gustan especialmente. También Alfonso Cuarón. Y de los nuevos, me gusta Ernesto Contreras, un estupendo director. Francisco Vargas, que hizo El violín. Fernando Emcke, el director de Temporada de patos. Mi maestro, Ignacio Ortiz, hace cosas muy buenas, o el mismo Carlos Carrera. Creo que lo más interesante que pasa en México es su diversidad, que es como un reflejo de lo que es el país.

—¿Y en el panorama internacional?

—Me gustan especialmente Lars von Trier y Paul Thomas Anderson, me parecen muy buenos directores.

—¿De von Trier te gusta todo?

—Justamente, lo que me gusta es su diversidad. Aunque obviamente, hay motivaciones que se repiten en sus películas, él intenta hacer algo nuevo y reinventarse. Eso es algo que me parece bueno y muy saludable.

—¿Te costó mucho trabajo encontrar la finaciación para el proyecto?

—Cuando Columbia se echa para atrás, nos quedamos un poco desorientados, no sabíamos que hacer. Al ser una major, ellos ya eran los dueños de la historia, y eso estaba generando intereses cada mes. Había que encontrar a alguien rápidamente, y que tuviese el valor y las ganas de renegociar un guión, que salía más caro por las deudas que se venían acumulando. Y ese fue Álvaro Longoria, de Morena Films. Leyó el guión, le gustó muchísimo y fue para adelante. Fue a negociar con Columbia, recuperó la película, y la produjo. Así, lo que parecía una catástrofe, al final resultó bastante bueno, y se hizo muy rápido. Además, parecía que el guión generaba interés, y eso también facilitaba la entrada de los actores en el proyecto.

—¿Cómo te has sentido trabajando con los españoles?

—La verdad es que muy bien. Tanto Carlos Bardem, como Maribel tuvieron siempre muy buena disposición. Les gustaba mucho la historia, a pesar de no tener personajes enormes. Bueno, nadie tiene un gran personaje en la película, que se conforma de las diferentes voces de todos esos pequeños personajes. Maribel, quizás era la que estaba más apurada de tiempo, pero es muy buena actriz, y eso es esencial para que salga bien. Con Carlos se daba la doble complicación de tener que hablar con acento mexicano. Pero hizo un trabajo muy serio, ya que reflejar todas las emociones, y hacerlo con otro acento, es complicado.

—Ahora que parece estar de moda que los directores mexicanos rueden en inglés, ¿eso es algo que te gustaría hacer algún día?

—Primero tendría que aprender inglés... (risas). Lo que me importa es contar nuestras historias. He recibido bastantes ofertas de Estados Unidos, pero no me gustaban los guiones. Lo pensamos como una posibilidad de futuro, que escribamos nuestra historia para hacerla en USA. Si hay interés, la rodaremos allí. Y si no, la haremos en otro lugar.

—¿Qué reacción te gustaría provocar en la gente que vea La zona?

—No estaría mal provocar alguna emoción. Y que se vea también esta realidad que vivimos en México, y a ser posible que se pueda relacionar con algo más amplio, como es la polarización que está avanzando en el mundo. Pero bueno, en la película hay otras ideas, aunque sea la polarización la más visible. Se habla del totalitarismo, la justicia, incluso de la solidaridad. Así que no sé si está bien contestar tu pregunta. Que cada uno vea, y decida. Pero al menos, que provoque alguna reacción, y que emocione.

08/11/2007

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