Russ Meyer o la mirada del erotómano - cine | Kane 3

Russ Meyer o la mirada del erotómano

Quizá el mejor retrato que Russ Meyer pudo haber hecho de sí mismo es el de su aparición en el epílogo de Más allá del valle de las Ultravixens recogiendo el testigo del hasta entonces narrador del filme, un rústico granjero cincuentón vestido con pantalones vaqueros de peto. Éste cierra su soliloquio casi al final de la trama para dar paso al cineasta que, a modo de maestro de ceremonias, hace recapitulación de las andanzas de sus personajes mientras deambula con su cámara por un agreste y desértico paisaje. Al fin y al cabo, y parafraseando el título de Trier, él es "el jefe de todo esto" y maneja a su antojo los hilos de esos delirantes seres, fruto de su invención, entregados a los placeres de la carne. Pero Meyer, lejos de una pretenciosa pose de autor se presenta como un risueño y pícaro demiurgo que gusta imaginar maliciosas e inverosímiles travesuras eróticas, aunque en su día le causaron no pocos problemas de cara a su exhibición, y a pesar de que estaban concebidas con humor, picardía y provocación a partes iguales.



"Vixen" (1968)

Por Carlos Tejeda

Para empezar, son picantes comedias corales de bajo presupuesto pobladas por pintorescos seres de la América profunda. Ellas, envueltas bajo una estética camp, son beligerantes y perspicaces depredadoras de voluminosos pechos: cocineras etíopes, indias ardientes, exuberantes mulatas, morenas insaciables, teutónicas, orientales o amazonas motorizadas caso de Faster, Pussycat Kill! Kill! (1965), también recientemente editada en DVD.

Russ Meyer en
Russ Meyer en "Más allá del valle de las ultravixens"

Personajes femeninos que contrastan con la vulgaridad y la simpleza que desprenden los caricaturescos varones, en su mayoría empleados de gasolineras o chatarrerías de automóviles, patrulleros de policía, camareros, conductores de camiones de la basura, rudos granjeros o toscos leñadores; cuando no, excéntricos y casposos millonarios émulos de Hitler -caso de Up!- o simplemente del nazismo -Mas allá del valle de las Ulravixens-.
Pero todos ellos con un pensamiento único: entregarse desenfrenadamente al sexo en cualquier momento y lugar.

"Su obra fue alcanzando con el tiempo carácter de culto, logrando legiones de seguidores entre los que se encuentran cineastas de la importancia de Tarantino"

Pero Russ Meyer no se recrea en los detalles del ritual como sucede con los explícitos filmes pornográficos al uso. Al contrario, su mirada tiene mucho más de voyeur: al fin y al cabo había sido fotógrafo de la revista Playboy. De hecho, sus películas están concebidas desde la perspectiva del mirón pero con la diferencia de que el cineasta crea su propia fantasía, que luego filma y muestra al público sin pudor alguno. Otra cosa es que quien las contemple se las tome en serio o no. Cierto es que apenas exhibe órganos sexuales en beneficio de la insinuación ya que, para él, es más importante el erotismo del propio acto, sus circunstancias, condiciones o lugares donde se desarrolla: lo mismo sirve un ataúd -donde lo consuma el disparatado ricachón de Más allá del valle de las Ultravixens- o una húmeda y oscura gruta, en la que el citado émulo de Hitler de Up! se somete a una variada tipología de actividades sexuales que incluyen el sadomasoquismo y las prácticas homosexuales. Pero también sirven la pedregosa orilla de un río, un viejo granero o un mugriento asiento trasero de un coche patrulla. [...]

Continuación del artículo en el Blog: La mirada de Albert Emmanuel Vogler de Carlos Tejeda.

29/12/2007

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