Samira Makhmalbaf: "Intento poner un espejo delante del espectador" - cine | Kane 3

Samira Makhmalbaf: "Intento poner un espejo delante del espectador"

No es algo común dirigir tu primera película con sólo 17 años. Aun menos, si eres mujer. Y si, además, eres iraní, la cosa se complica sobremanera. A no ser que pertenezcas a la familia Makhmalbaf. Pero Samira no es sólo la hija de uno de los directores más importantes de su país. A sus 32 años ha construido un sólido discurso compuesto ya por cuatro largometrajes tan anclados en la realidad como metafóricos. Tras su paso por el último Festival de San Sebastián, se estrena en nuestro país El caballo de dos piernas; película que se llevó (no sin polémica) el Premio Especial del Jurado. Aprovechamos la presencia de la directora en el certamen donostiarra para charlar con ella.


Manuel Barrero

—Lo primero, me gustaría saber de dónde surge la película. La idea se la propuso su padre, pero quisiera saber si realmente existen cosas así en Irán o Afganistán...

—Yo creo que mi padre se inspiró en la realidad, aunque la película no venga directamente de hechos que él haya visto. Pero tampoco vienen de la imaginación, están un poco entre las dos cosas. A la vez, es una película simbólica, y esa relación entre los niños simboliza la relación entre el hombre y el poder. No es sólo la historia de dos niños, ni tampoco la historia de Irán o Afganistán, es algo bastante más amplio.

—Una de las cosas más chocantes es que en un lugar de extrema pobreza, aquel que tiene un poco más, se convierte en alguien que lleva la diferencia de clases sociales hasta el extremo.

—Ésta es una de las claves de la película. Al principio, los dos personajes son débiles, y yo no intento decir que uno es bueno y otro es malo. Es la situación lo que les conduce a esa situación tan extrema.

—¿Por qué para el intérprete que hace de "caballo" eligieron también a un niño con discapacidad?

—No estaba buscando una persona discapacitada para ese papel. Yo no veía a este chico como una persona discapacitada, lo veía como un chico listo y muy sentimental. Pero su elección estuvo basada en su comportamiento, por su poder de convencer al público. Lo elegí por su capacidad, no por su discapacidad.

—En la película, hay violencia. Pero es una violencia más por el lado de la crueldad. ¿Es la crueldad del ser humano el tema central de la película?

—Es una violencia que existe en el comportamiento humano, y que produce una especie de presión. Pero no es como la violencia que se ve en Hollywood hoy en día, hecha para aumentar las ventas de las películas. Es una violencia que se muestra para criticar esa violencia. Da asco al público, y hace rechazar esa violencia. Cuando leí el guión, me planteé la pregunta de hasta dónde puede llegar el ser humano. En el lado positivo, puede llegar al amor, la amistad, el sacrificio... y por el negativo, llegar a explotar a un ser humano como si fuera un animal. Quería ver hasta que punto un ser humano puede tolerar esa especie de presión.

—En este sentido, es su película más violenta. Quería saber si ha sido duro rodar este tipo de secuencias con los niños, y cómo ha trabajado con ellos.

—Sí, es mi película más violenta. Pero cuando hablas del dolor, resulta doloroso. Para mí, fue doloroso hacer esta película. En cuanto a los niños, fue bastante difícil encontrar a estos dos actores. Yo buscaba niños que tuvieran en su personalidad cosas que fuera a sacar en la película. Niños que tuvieran, de alguna manera, el mismo alma que se muestra en el film. El grito doloroso que saco de los niños, es el propio grito de ellos, porque tienen esos mismos problemas. Sí, fue duro, pero es una película que muestra violencia, pero que no crea violencia. El proceso fue muy difícil. Suelo decir que fue como dar a luz. Cada noche solía preguntarme a mí misma y a mi bebé (la película) si realmente quería que naciera. También hubo un atentado durante el rodaje, y eso añadió más dificultades en el proceso.

—Nos podría contar algo más de ese atentado. ¿Sabe quién estaba detrás?

—Era el día número 40 de rodaje. Estábamos rodando la escena con las niñas mendigos. Había 200 extras, y fue con una granada de mano. Hubo 6 heridos, y uno de ellos murió dos meses después. Si no fuera por el caballo que absorbió mucha de la fuerza de la explosión, quizás yo no estaría tampoco aquí sentada haciendo esta entrevista. No sé quién fue, pero los de Naciones Unidas nos decían que, al ser una granada de mano, iba dirigida a alguien concreto. Pienso que hay gente en el mundo que no quiere que mi familia haga cine. Nos dijeron los de Naciones Unidas que no podíamos seguir en esa zona, porque era demasiado peligroso. Pero no quisimos rendirnos ante la gente que quería obstaculizarnos, así que fuimos a otra ciudad para terminar la película.

"Los medios dan las opiniones de los gobiernos, y no lo que la gente realmente piensa. Por ejemplo, la BBC da la opinión del Gobierno británico, no la del pueblo. El cine puede dar voz al pueblo, a las naciones. Pueden dar una alternativa a esas opiniones de los medios"

—¿Qué razones le han dado para no dejarle rodar en Irán? ¿Cree que algún día podra trabajar allí con normalidad?

—Envié el guión al Ministerio pertinente, y dijeron que era un guión precioso. Pero no nos iban a dejar hacer la película en Irán, por ser de la familia que soy. Es una prohibición a la familia, es el único motivo que me dieron. Llevé el guión al Ministerio, porque pensé que como mi padre está fuera, quizás me dejarían rodar en Irán. Pero no fue así. En el futuro, espero que sí. Es el sitio que mejor conozco en el mundo. Conozco bien la cultura, las raíces, y me comunico muy bien con la gente. Me encantaría volver a filmar en mi país.

—Tanto su hermana como usted han recibido el Premio del Jurado en San Sebastián, ¿cree que los premios pueden ayudar a luchar contra la censura en su país?

—Los premios no tienen importancia, ya que no cambian la realidad de la película, que ya está hecha. Yo no sé si ayudan o no. Puede que sí, porque muestran a la gente del país que hay otros que escuchan lo que mi familia y yo estamos diciendo. Puede ayudar... o puede que no.

—En sus películas, muchas veces, se critica el papel de Occidente con respecto a Oriente. ¿Quería saber que sensación tiene? ¿Cree que el papel de Occidente seguirá siendo tan perjudicial para la zona o cree que puede mejorar?

—No creo que critique a Occidente. Incluso hay quien dice que critico a Oriente con mis películas. En A las cinco de la tarde, no critico el talibanismo, o en La manzana no critico al padre por su actuación con sus hijas. Lo que intento hacer con mi cine es poner un espejo delante del espectador, y que sea él quien saque sus propias conclusiones. Y si no le gusta lo que está viendo, igual puede hacer algún esfuerzo por cambiar la situación. Si la crítica viene del amor, y no del odio... si quieres a una persona, y le enseñas lo que ves en él, de esa manera esperas que cambie las cosas que no te gustan.

—Usted dice que el papel de los medios de comunicación es expandir la ignorancia a nivel mundial. ¿Qué papel cree que cumple el cine?

—Pienso que los medios dan las opiniones de los gobiernos, y no lo que la gente realmente piensa. Por ejemplo, la BBC da la opinión del Gobierno británico, no la del pueblo. El cine puede dar voz al pueblo, a las naciones. Pueden dar una alternativa a esas opiniones de los medios.

—Empezó muy joven, siendo casi una niña. Me gustaría saber en qué ha cambiado, si ha cambiado en algo, su visión o su forma de hacer cine.

—Es difícil hablar de ello, no sé contestar realmente. Quizás se pueda ver en mis películas. Pero sí me siento más experimentada, he vivido más situaciones en la vida, he visto más cosas... y todo eso me ha conducido a estar más enamorada de la humanidad, interesada en comunicar e involucrada en mis causas.

—Acerca de las reflexiones que usted ha hecho sobre el digital, ¿de verdad piensa que va a suponer una revolución tan grande?

—Sí que va a suponer una transformación, de alguna manera. Aunque hay un lado positivo y otro negativo. Habrá muchas películas, y no sabremos si son buenas o malas, o de dónde provienen. Pero por otro lado, el cine es un arte caro, y que está en manos de los que tienen el dinero. Eso es algo que va a empezar a cambiar. Los que no tienen el dinero o medios, van a poder hacer cine. Habrá más autores.

15/05/2009

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