Salvador Santos -obeso, casi calvo y con 33 años- (Javier Gutiérrez) no parece la persona adecuada para vestirse de héroe. Pero no tiene otra opción, especialmente desde que un extraño viajero interdimensional, Antropomosco (Guillermo Toledo), le advierte que su mejor amigo, el multimillonario y guapo Arturo Antares (Leonardo Sbaraglia), es en realidad Nova, un tirano de otra dimensión que se ha ocultado durante años en el cuerpo de Arturo.
Nova tiene en sus manos el fin del mundo y aunque Salvador no quiera, tendrá que detenerlo... Después de resistirse mucho, aceptará ser entrenado y descubrirá que años dibujando y leyendo cómics no han sido en vano. Especialmente si siendo un héroe puede rescatar a Laura Luna (Elsa Pataky), el amor de toda su vida, de las manos de Nova.
| Javier Gutiérrez | Salvador Santos |
| Leonardo Sbaraglia | Arturo Antares |
| Elsa Pataky | Laura Luna |
| Guillermo Toledo | Antropomosco |
| Pablo Pinedo | Gigaman |
| Dirección y guión | Nicolás López |
| Producción | José Manuel Lorenzo y Eduardo Campoy |
| Producción Ejecutiva | Miguel Asensio |
| Fotografía | Chechu Graf |
| Dirección Artística | Nelson Daniel |
| Montaje | Diego Macho Gómez |
| Música | Manuel Riveiro |
| Efectos Especiales | Juan Pablo Aliaga |

A veces pasa con las críticas negativas (no sólo las cinematográficas) que, a fuerza de vapulear sin clemencia al objeto de crítica, se termina logrando el efecto contrario en el lector: éste empatiza con la víctima en vez de con el verdugo en que se ha convertido el crítico, y a partir de ese momento, por muy fundamentadas que estén sus razones, éste acaba perdiendo la partida por exceso de saña.

A veces el crítico se da cuenta y puede llegar a sentir una simpatía por el débil que le lleve a mitigar sus golpes, e incluso a detenerlos, para dar paso a un turno de caricias y palmaditas en la espalda, producto de la lastimica que da poner tan a caldo el trabajo de mucha gente que seguramente ha hecho lo mejor que ha podido (lo parezca luego o no).
A veces hay películas fallidas. Y a veces hay críticos que no se enteran. Pero a veces pasan cosas como Santos.
La premisa no es mala, aunque tampoco nueva: un loser dibujante de cómics (Gutiérrez) descubre ser el salvador del universo, a la vez que su socio y mejor amigo (Sbaraglia) se revela como el responsable del inminente fin del mundo. Ayudado -a su pesar- por una especie de maestro proveniente de una dimensión paralela que habla como un locutor de El informal (Toledo), Salvador deberá asumir el papel que su nombre sugiere, vencer al malo y quedarse con la chica (Pataky). Todo ello aderezado con chistes frikis, homenajes, referencias, salidas de tono y humor escatológico verbenero.
"Si se le quita el frikerío, ¿qué queda de Santos? Desgraciadamente, nada. Eso es lo que la hace imperdonable: que detrás de toda esa actitud no hay absolutamente nada"

Lo cual no tiene por qué ser necesariamente malo: ahí está el cine que hizo Kevin Smith en los noventa. Sus retratos de inadaptados comiqueros en sus trifulcas amorosas/sociales/divinas fueron en su momento una sorpresa muy agradable (que terminaría convirtiéndose en germen de la aceptación que ha ido adquiriendo el fenómeno freak en la sociedad, y por extensión en la industria del cine, hasta el día de hoy). Sin embargo el joven director Nicolás López (Santiago de Chile, 1983) parece no haber tenido en cuenta que desde Mallrats hasta hoy los inadaptados han tenido mucho tiempo para adaptarse, llegando a tener hasta su propio día oficial, dándole la vuelta al término y convirtiéndolo en una parte más del Sistema. ¿Y así qué gracia tiene? La palabra freak ha quedado tan devaluada que ya no significa nada.
Por eso el aluvión de frikismo con que nos acribilla Santos termina siendo como el ruido de los grillos en el campo: al poco rato desconectas y dejas de oírlos, se convierten en un ruido de fondo imperceptible. Si se le quita el frikerío, ¿qué queda de Santos? Desgraciadamente, nada. Eso es lo que la hace imperdonable: que detrás de toda esa actitud no hay absolutamente nada.

La dirección de actores brilla por su ausencia, dando la sensación de que cada uno ha hecho lo que ha querido con su personaje y al director le ha importado más bien poco. A Sbaraglia le tocan algunas de las frases más vergonzosas del libreto, y ni siquiera Javier Gutiérrez llega a brillar en ningún momento como suele. Sólo Elsa Pataky salva la papeleta, demostrando tener más tablas que sus compañeros en medio de tanta chorrada (Serpientes en el avión debió de ser una buena escuela). Especialmente sangrante es el caso de Guillermo Toledo, cuya interpretación de Antropomosco es indescriptible.
Tampoco es fácil describir el apartado visual. Aparte de la torpeza en los encuadres, todos los planos están rematados con efectos digitales dignos del vídeo de youtube más casposo. De hecho, probablemente hubiese sido Youtube, y no el cine, el formato idóneo para ver Santos: a ser posible, en chiquitito y por partes.

Es una lástima que alguien que cita a Guillermo del Toro, Álex de la Iglesia, Jodorowsky, Robert Rodriguez o John Waters entre sus (p)referencias haya hecho una película tan chusca, cansina y corta de miras que ni siquiera nos concede el gusto del simple entretenimiento. Quién sabe, quizá la película entusiasme a la generación del Cálico electrónico, que realmente sea un pelotazo y aquí el que escribe se esté perdiendo algo. Pero mucho me temo que esto no es cosa de abismos generacionales: Santos es un despropósito, una impostura. Está vacía por dentro y por fuera, es un Apocalipsis en sí misma.
Xavi Fortino
Enlaces relacionados¿Quieres recibir gratis nuestro boletín?
Crítica, tráiler, sinopsis, intérpretes, ficha técnica ... CINE y DVD
Ver todas las películas