Coproducción entre EE.UU. y España, rodada en Barcelona, en la que la actriz Julianne Moore está acompañada por Belén Rueda, Unax Ugalde y Elena Anaya.
Savage Grace, del director Tom Kalin (Swoon, 1992), narra la vida de Barbara Daly, una mujer que pasa a formar parte de la alta sociedad americana tras casarse con Brooks Baekeland, heredero de la fortuna de la baquelita.
Elegante y bella, Bárbara parece, sin embargo, no estar a la altura de su nuevo estatus a los ojos de su marido millonario. El nacimiento de su único hijo, Tony, desestabiliza su matrimonio. Despreciado por su padre, Tony crece acercándose cada vez más a su madre...
| Julianne Moore | Barbara Baekland |
| Stephen Dillane | Brooks Baekland |
| Eddie Redmayne | Tony Baekeland |
| Elena Anaya | Blanca |
| Unax Ugalde | Black Jake |
| Belén Rueda | Pilar Durán |
| Hugh Dancy | Sam Green |
| Abel Folk | Carlos Durán |
| Anne Reid | Nini |
| Simon Andreu | Jean Pierre Souvestre |
| Dirección | Tom Kalin |
| Guión (basado en el libro homónimo de Natalie Robins y Steven M. L. Aronson) | Howard A. Rodman |
| Producción | Iker Monfort, Katie Roumel, Pamela Koffler, Christine Vachon |
| Producción ejecutiva | John Wells, Temple Fennell, Johnathan Dorfman, Hengameh Panahi, Stephen Hays, Peter M. Graham II, Howard A. Rodman |
| Fotografía | Juanmi Azpiroz |
| Montaje | Tom Kalin, John F. Lyons, Enara Goicoetxea |
| Música | Fernando Velázquez |

Manuel Barrero
Hace 15 años que se estrenó la ópera prima de Tom Kalin (Swoon), considerada una pieza fundamental del New Queer Cinema, que apareció a principios de los 90; como contraposición al cine gay oficial que representaban películas como Philadelphia (Jonathan Demme, 1993). En todo este tiempo, ha participado en la producción de filmes como Go fish (Rose Troche, 1994) y Yo disparé a Andy Warhol (Mary Harron, 1996). Su carrera como director se ha ido mantenido a base de cortometrajes. Y entre todo esto, la persecución de un proyecto que ha tardado siete años en ver la luz.

Los delicados temas (por ejemplo, el incesto) que se tratan en Savage Grace, y la manera tan frontal de abordarlos; hizo que gran parte de la financiación norteamericana huyera como alma que lleva el diablo. Ya sabemos cómo se las gastan por allí, cuando la moralidad está en juego. Así que para conseguir terminarla, encontraron financiación española. Y es aquí donde se rodó íntegramente; y con gran parte del equipo técnico y artístico (Belén Rueda, Unax Ugalde, Elena Anaya) nacidos en España.
"Es su personaje el que nos debe fascinar, en teoría. Una mujer que irradie esplendor en la misma medida que provoca irritación. Aunque, pese a los muchos esfuerzos de la actriz, siempre se queda a medias"
La historia, basada en hechos reales, narra el patetismo atroz que muestra en su comportamiento una acomodada familia. En 1972 Barbara Baekeland fue asesinada por su hijo. Tras este suceso, se descubrieron las relaciones incestuosas que mantuvieron ambos. Kalin quiere utilizar este material de partida para poner de manifiesto la frivolidad y el vacío que se apodera de los que mucho tienen, y poco hacen. Personificado en el personaje encarnado por Juliannne Moore, una mujer que alcanzó su objetivo vital muy temprano: casarse con un millonario. La obsesión por mantener ese estatus la lleva de forma trágica hasta la autodestrucción.

Es su personaje el que nos debe fascinar, en teoría. Una mujer que irradie esplendor en la misma medida que provoca irritación. Aunque, pese a los muchos esfuerzos de la actriz, siempre se queda a medias. El relato tiene su principal baza en la enfermiza relación entre madre e hijo. El problema es que se juega de forma totalmente descompensada. Durante la mayor parte del metraje, se muestra de forma tan sutil, que resulta casi imperceptible. A decir verdad, todo lo es durante esos primeros 70 minutos.
La narración no pasa de ser una sucesión de insípidas postales, en las que nada ni nadie consigue despertar nuestro interés. Es un evidente problema intentar condensar 30 años de vida familiar en poco más de hora y media. El director fracasa con estrépito en su empresa, y es que nunca encuentra el tono adecuado. Ni el adecuado, ni el erróneo... la película resulta atonal.

Aunque en los últimos minutos por fin sabemos a qué lugar nos querían llevar. La sutileza (y el sopor) anterior deviene en escabrosa brusquedad. Lo que durante tanto tiempo se ha ido sorteando con elegancia (y sin gracia), se acaba empantanando en un clímax aparentemente rompedor, pero que juzga (y condena) a sus protagonistas de manera inmisericorde. Al autor se le olvida la necesaria distancia (moral) sobre los hechos que relata, y sobre los seres actuantes.
La deriva termina por convertirse en naufragio absoluto. Sólo pequeñas pinceladas hacen algo menos tortuoso este desaguisado, al que le falta toda la cohesión imaginable. El fácil recurso de la voz en off hace aun más evidente la incapacidad de Kalin para plasmar en imágenes esta historia. Nosotros vemos pasar las imágenes, una detrás de otra; como cuando ese amigo pesado se empeña en mostrarnos sus fotografías vacacionales sin ningún interés. Y mientras, nos va explicando todo el asunto. Aunque, al final, parece que la cosa se pone interesante. Pero es tan morboso, y la fotografía es tan inadecuada, que nos quedamos con la sensación de no necesitar haberlo visto.
25/01/2008
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