Joan Burrows (Angela Bettis) vuelve a su pueblo natal después de 16 años, cuando consiguió escapar de las garras del psicópata Ernie Bishop (Ben Cotton), el enterrador que torturaba y asesinaba adolescentes, encerrándolos en el sótano de su funeraria.
Joan se convirtió en la heroína local porque llegó a matar a Bishop en su huida, pero a su regreso alguien empieza a imitarle y varios adolescentes, entre los que se encuentra su sobrina, son secuestrados. Joan decide seguir las huellas del asesino, sin embargo, una serie de desdichadas coincidencias hace que la policía la detenga como principal sospechosa...
Film rodado íntegramente en 3-D de alta definición.
| Angela Bettis | Joan Burrows |
| Kirby Bliss Blanton | Olympia Burrows |
| Devon Graye | Paul Watts |
| Christopher Titus | Jeff Burrows |
| Brittney Wilson | Joan adolescente |
| Monika Mar-Lee | Sandra |
| Carey Feehan | Brian |
| Al Sapienza | Delgado |
| Dirección | Jed Weintrob |
| Guión | Zack Ford |
| Producción | Norman Twain, Courtney Potts y Jamie Gordon |
| Fotografía | Toshiaki Ozawa |
| Dirección Artística | Trevor Smith |
| Música | Roger Neill |

J. Palop
Tras la recién recuperada moda de exhibir cine en tres dimensiones, dejando atrás las añoradas gafas bicolores y acudiendo a la nueva y avanzada tecnología de última generación, pocas son las películas que no se rueden o directamente se transfieran digitalmente a dicho formato, que actualmente es sinónimo de garantía de éxito en taquilla.

Scar 3D no es una excepción, pero ésta además pasará a la historia no sólo por ser la primera cinta de terror rodada con las cámaras NHK Enterprises, que más tarde utilizaría James Cameron para su reciente taquillazo mundial, sino además por ser la primera de imagen real, adelantándose así a cintas como San Valentín sangriento 3D (Patrick Lussier, 2009),-la primera de terror estrenada en España con este nuevo sistema-, o la propia Avatar.
La película de Jed Weintrob, rodada en Canadá en 2007, probablemente hubiera quedado relegada al olvido de no haber utilizado tal técnica de filmación ni surgido este reciente boom tridimensional que copa las pantallas de medio planeta, ya que en Scar 3D no hay que esperar nada más allá de lo que pueda ofrecernos un argumento de terror con psicópata de por medio, -llámese también slasher-, incluyendo para ello, todos los tópicos del subgénero, pudiendo parecer- para que nos hagamos a la idea-, un cruce entre cintas de terror adolescente como Scream (Wes Craven, 1996) o la violenta Hostel (Eli Roth, 2005).
Joan regresa a su pueblo dieciséis años después de ser víctima de Ernie Bishop, el enterrador local que asesinó cruelmente a su mejor amiga e intentó hacer lo propio con ella. A su vuelta comienzan a sucederse los mismos asesinatos, por lo que ésta, que además de una cicatriz en la rostro, guarda un importante daño psicológico tras la desagradable experiencia, sospecha que Bishop ha regresado a la vida.
"El film guarda su mejor baza para el final: un festín gore que hará que te retuerzas en el asiento y que subraya su condición y espíritu de auténtica serie B, algo que ya se echaba de menos en la cartelera".

La cinta, protagonizada por una Angela Bettis, cada vez más reclamada por el género, contiene todos los elementos que pueden resultar atractivos para los entusiastas de las historias de misterio y tensión aderezada con sangre y vísceras, teniendo en cuenta que además aquí la novedad reside en su tridimensionalidad, -una pena que la sangre no salpique de verdad a la pantalla, francamente hubiera sido lo idóneo-, por lo que su visionado se convierte en todo un espectáculo.
Aunque al margen de la técnica utilizada para su rodaje, si bien es cierto que poco más ofrece Scar 3D a la historia del cine, y poco nos importa, ya que la cinta nunca oculta cual es su espíritu, el hacernos pasar un mal rato sin mayor pretensión alguna, utilizando para ello los habituales códigos del subgénero.
La cinta aún así se apunta algunos tantos: unos créditos narrativos que nos empiezan a introducir en la historia, frívolos personajes adolescentes deseosos de perder su virginidad manteniendo diálogos en los que comparan las cicatrices que tienen por el cuerpo,- todo un autohomenaje-, o uno de los grandes momentos, cuando descubrimos que dieciséis años después el psicópata Bishop se ha convertido en toda una celebridad, con una legión de fans que visitan el antiguo tanatorio donde tuvieron lugar los sangrientos crímenes, convertido ahora en museo: humor tan negro como real.

La película, cuenta las atrocidades y el calvario de su protagonista a través de repetidos flashbacks que además nos relatan el juego practicado por el demente, torturando por parejas en separadas mesas de disección, y convirtiendo por tanto el sufrimiento en algo físico y emocional. Pero sin duda el film guarda su mejor baza para el final: un festín gore que hará que te retuerzas en el asiento y que subraya su condición y espíritu de auténtica serie B, algo que ya se echaba de menos en la cartelera.
27/06/2010
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