Han pasado cinco días y, con la única excepción de The Mother, el estupendo documental ruso del que hablamos ayer, tenemos la sensación de estar viendo siempre la misma película. Como queda menos de la mitad de festival y la calidad de los films es de una pobreza alarmante, consideramos necesario dedicar unas breves líneas a hacer balance.
Francisco Algarín Navarro

En estos días no han cesado los actos paralelos al festival, que cada vez se va perfilando más como escaparate institucional, como aparato de la industria. Es la tradicional forma que adoptan aquellos que prefieren la palabra "cultura" a "arte". Así, se han proyectado las primeras imágenes de After, la película del sevillano Alberto Rodríguez (El factor Pilgrim, El bola, 7 vírgenes) que filmó este verano en la capital hispalense con Guillermo Toledo, Tristán Ulloa y Blanca Romero. También ha habido lugar para un encuentro de "Mujeres creadoras", al que han asistido Belén Macías y la presidenta de la Academia Ángeles-González Sinde y se ha otorgado un premio honorífico a José Luis Borau.

En la sección Panorama Andaluz, un británico afincado en Sevilla, Richard Jordan, ha presentado su película 4.000 euros, sesión que venía precedida por el cortometraje Los que vigilan, de Federico Casado Reina, crítico de ABC. También se ha presentado un acuerdo entre el ICAS y Renfe, que tiene por único objeto la proyección de un video promocional en los viajes en AVE. En el marco del festival se ha estrenado El libro de las aguas, la última película de Antonio Giménez Rico, que cuenta con la presencia de Lolita. Además, se ha entregado el premio RTVA a Ana Fernández.
Todos estos actos no son sino una muestra de la incongruencia de un festival centrado supuestamente en el cine europeo, que desplaza ahora la atención hacia un carácter primordialmente local del cine, donde algunas de esas obras están presentes exclusivamente por su mera condición de andaluzas. Se entiende entonces que para la temporada que comienza se ofrezca un aperitivo de la apuesta más fuerte del año que saldrá de estas tierras, After, como si se tratara de una premiere mundial de una cinta americana, algo similar a lo que sucede con El libro de las aguas. También se entiende que como San Sebastián se adelantó premiando a Banderas, se le otorgue el galardón a Ana Fernández.

Comprendemos que éste es un hecho predecible, sabiendo que éstas son las principales prioridades de Andalucia Film Comission. Pero la imagen de un festival, queramos o no, depende sobre todo de su repercusión mediática, y en Sevilla las películas europeas quedan apartadas a un segundo plano. Prueba de ello, es la posición marginal que ocupa la proyección de la película de Mia Hansen-Løve Tout est pardonné dentro de un ciclo sacado de la manga desde las últimas ediciones, El Día de la Lengua Francesa. La película de Mia, aunque llega con un año de retraso, tiene un solo pase de tarde-noche, al igual que las cintas proyectadas dentro de otro ciclo ocasional, Sarajevo en el Objetivo, una sección de nueva creación que reúne películas como Notre musique de Jean-Luc Godard o la prometedora Verso Est de Laura Angiulli, en competencia en la última Mostra de Venecia en la radical Sección Orizzonti.
A la espera de poder ver esta última, las películas de Godard y Mia son no solamente junto con The Mother lo único salvable de lo visto hasta ahora en esta edición, sino dos de las mejores películas de los últimos años. Por eso, nos resulta incomprensible el acceso restringido que el festival ofrece de forma lateral frente a las cintas andaluzas 4.000 y Los que vigilan, que se proyectan en dos sesiones de tarde-noche.

Tampoco ha sabido poner fin el festival a los problemas de organización de las ediciones anteriores. En la taquilla, se habían acabado las entradas para casi todas las sesiones por culpa de un sistema de venta que pretende asegurarse una buena cifra de asistencia. La venta de abonos para estudiantes semanas antes, con el derecho que estos ofrecen a canjear todas las entradas en un golpe, es la consecuencia directa de que el público diario deba conformarse con las pocas películas que queden disponibles.
Tradicionalmente, el Festival de Sevilla se ha preocupado bien poco de ofrecer encuentros de los cineastas invitados con el público. La regla, es que éstos presenten el film en pocas palabras, pero hoy la excepción vino marcada por un nuevo despropósito: al no haber llegado a tiempo la copia correspondiente a la película italiana Giorni e nuvole de Silvio Soldini, la sesión se suspendió quedando libre la sala para establecer un Q&A con Mijke de Jong, la cineasta holandesa de la película que se proyectaba justo antes.
Katya´s Sister, de Mijke de Jong (Sección Oficial)

Basándose en la novela de Andrés Barba La hermana de Katya, de Jong realiza el enésimo telefilm del festival. Katya´s Sister, película proveniente de un Locarno en horas bajas, sigue en todo momento a Lucia, una niña que vive con su madre y su hermana. La primera, emigrante rusa instalada en Amsterdam, ejerce la prostitución. La segunda, la hermana, encontrará trabajo en un club de striptease y ofrecerá a la pequeña un ensayo del baile que ha preparado. Ante la fascinada mirada de la niña, la invitará a que haga lo mismo jugando ella el papel de cliente.
Katya´s Sister es una de esas películas que se permiten construir una psicopatología definitiva de sus personajes en pocos minutos. Como consecuencia del ambiente en el que vive la pequeña, donde abundan las disputas, el sexo, el consumo de drogas, esta irá reproduciendo ciertos esquemas hasta culminar en la escena en la que propone una felación a un hombre de fuertes valores religiosos. A partir del desprecio y la indiferencia del mundo adulto, la conducta de Lucia se irá tornando cada vez más siniestra, en esos pasajes solitarios en los que hace preguntas en voz alta que ella misma responde o representa los papeles de la madre y la hermana.
Da la sensación de que De Jong filma con desgana, apartando aquello que pueda ser bello, tendiendo a una fealdad casi obsesiva. A la exhuberancia del cuerpo de Katya opone el de la pequeña Lucia, filmándola en primeros planos que la encierran aún más en sí misma. Al pegarse la cámara a ella, su paciente inquietud se deforma en una especie de insecto pegajoso que el encuadre trata incesantemente de atrapar sin dejar un solo segundo de respiro. Como si De Jong quisiera ir un punto más allá de ese falso e ingenuo realismo del cine "social", decide buscar experiencias bigger than life, llevando al extremo la concentración de achaques, maltratos y rechazos que recibe la niña de las personas que quiere, a las que vuelve con una sonrisa una y otra vez.
De Jong lleva lo sórdido hasta el límite cuando mezcla lo religioso con lo obsceno. Así, a cada sermón del desconocido religioso, le corresponde la dosis de conversaciones con la hermana. Lucia visitará el club, girará en la barra, conocerá a los amantes. El exhibicionismo al que asiste es tan impostado como la propia tesis que sostiene De Jong, a partir de la novela, es decir, que esos ambientes son la causa, la locura de Lucia el efecto. El mundo adulto juzgado como culpable pero, aunque de Jong filme a la niña con el objetivo de despertar compasión, lo que esconde esa mirada es más bien una increíble dosis de crueldad.
The Early Years de Jacob Thuesen (Focus Dinamarca)

Jacob Thuesen, fue el encargado del montaje de Riget de Lars von Trier y realizó una película que ya estuvo en Sevilla hace tres años titulada Accused. Ahora, llega con un nuevo proyecto, The Early Years. Erik Nietzsche Part 1, comienzo del recorrido por la vida de un joven estudiante de cine obsesionado por realizar un film sobre los árboles. El primer paso de Erik será inscribirse en una escuela, donde conocerá a unos profesores cuyo aspecto físico es un cruce entre Garrel y Wenders. Es la indumentaria del típico intelectual europeo, de carácter prepotente y firmes convicciones, pero en este caso además con una forma de entender el cine extremadamente académica.
El conflicto que establece la película es bien simple: la imposición de una gramática del cine por parte de la escuela frente a una cierta motivación de Erik por hacer las cosas de otro modo. Así se van sucediendo al modo de pequeños episodios las diferentes prácticas y ejercicios: copia una secuencia famosa, adaptar una novela... Sin embargo, hay en toda la película una especie de romanticismo vulgar al que tiende la vida del introvertido Erik: las mujeres se suceden en sus vidas, encuentra en el placer sexual un gozo similar al del cine, conoce a un hombre que viaja de rodaje en rodaje preparando los travellings, trata de poner en escena a Boccaccio y a Sade...
No conocemos muy bien ni a qué responde el histrionismo de los profesores ni la convicción de Erik para hacer un cine que no se apoye en la narrativa clásica. Adivinamos, y confirmamos cuando la película concluye, que más bien nos encontramos ante el capricho de un niño pijo que no sabe lo que quiere. Porque es precisamente aquí donde empieza la acumulación de despropósitos de The Early Years, una película de un didactismo que tiende hacia lo superficial en lo que se refiere a las nociones teóricas que dice abordar, cuando más bien lo que sugiere es un manual acelerado para poder mantener conversaciones cinéfilas.

Las citas literarias pretenden elevar un film que no cesa de retozar en la más absoluta vulgaridad, del mismo modo que los breves punteos intermitentes de material rodado en Super8 o video quieren dar caché a una película que rechaza constantemente esas imágenes, que se adscribe sin ningún pudor en lo que denuncia: una película academicista que podría haber sido filmada por algún alumno aplicado y dócil de la escuela.
Formalmente, la película discurre por el camino más anodino, siendo fácilmente identificable con una de esas comedias del cine independiente yanqui que gana premios en Sundance. Así lo demuestra su galería de personajes estereotipados hasta la saciedad, donde cada uno cumple una función delimitada dentro de la ficción. También los pequeños e insustanciales gags que puntean la película, el uso de colores vivos en la mayoría de las escenas, y sobre todo, la presencia de una voz en off que encamina la historia subrayando constantemente y sin ningún otro
propósito las propias acciones.
Que al comienzo del film veamos el rótulo de Zentropa, la productora de Lars von Trier, es una buena prueba del poco ojo del cineasta para encontrar dónde está el talento. Que una película como esta haya sido seleccionada en una sección titulada Focus Dinamarca como muestra del mejor cine danés del 2008, además de resultar poco representativa, nos hace pensar dos cosas: que los programadores han visto muy pocas películas o que el estado del cine danés es casi tan nefasto como el del andaluz.
11/11/2008
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