Sevilla Festival de Cine Europeo 2008 (crónica séptima) - cine | Kane 3

Sevilla Festival de Cine Europeo 2008 (crónica séptima)

Cuando el festival va llegando a su fin, encontramos en la Sección Oficial una película-elefante. A pesar de venir filmada por Andrzej Wanda, no encontramos apenas nada de lo que ya contamos acerca de su Trilogía de la Guerra hace algo más de un año. Katyn es una película que, a pesar de unos valientes y rotundos diez últimos minutos, se encuentra más cerca de Les femmes de l´ombre que de Kanal.

Por otro lado, la Sección Eurodoc no es el paraíso que parecía en un principio, pues después de The Mother y Puisque nous sommes nés, debemos hacer frente a un documental sin ningún peso, rigor forma o convicción. Después de Hidden Heart estábamos esperanzados en Verso Est, la película de Laura Angiulli que pasó por la Sección Orizzonti de la última Mostra de Venecia. Sin embargo, y a pesar de la valentía de la cineasta en su búsqueda formal, Angiulli no es capaz de establecer una línea de pensamiento reveladora, de trascender la superficie de las cosas, quedando engullida por la gran película de Jean-Luc Godard, Notre musique, también proyectada en este ciclo dedicado a Sarajevo.

Francisco Algarín Navarro

"Katyn" (Andrzej Wajda)

Una película como las otras

Katyn de Andrzej Wajda (Sección Oficial)

Nada queda de la Trilogía de la Guerra de Andrzej Wajda en su última película Katyn (2007), presentada en la Sección Oficial del Festival de Sevilla con un año de retraso. Lamentablemente, poco favor le hace Wajda a la memoria de los oficiales polacos asesinados por el NKWD, así como a sus familias, que son las verdaderas protagonistas de esta historia.

Son los años inmediatamente anteriores a 1940, momento a partir del cual el tiempo termina por dilatarse por completo hasta llegar al clímax final. Mientras tanto, aunque Wajda sigue un relato ramificado en cuatro familias a la espera del regreso de los oficiales, será Anna, mujer del oficial Andrzej, la que lleve a sus espaldas el peso de los avatares. Así, de la mano de su hija, recorrerá todo el país en busca de su marido en los primeros minutos del film. Cuando lo encuentre, se creará entonces el conflicto principal de la película: cuando Anna le pida que deje a la milicia y huya con ella, Andrzej se opondrá. De un lado, el juramento de amor eterno en el día de la boda. Del otro, el juramento ante el ejército polaco, que Andrzej contrapondrá a su familia.

Entonces, Anna debe rehacer su vida, manteniendo vivo el recuerdo de su esposo pero tratando de salvarse. Así, poco a poco, Wajda pasará de la cámara en mano de los primeros minutos del film, a los planos reposados ejecutados con un notable academicismo. Los diferentes pasajes, a veces propios de un thriller, se irán enlazando sin dejar que el relato marque una deriva o un punto de fuga en ningún instante.

"Katyn" (Andrzej Wajda)

Travellings y panorámicas perfectamente ejecutados, primeros planos que se alternan con generales en una planificación clásica, montaje paralelo de escenas costumbristas familiares y la vida en la milicia, rótulos que sitúan la acción en el tiempo, fotografía excesivamente saturada y límpida, iluminación con preponderancia de los blancos de estudio, gestos, muecas, miradas, tics, posturas, forma de entonar de los actores viciados por completo...


Echamos de menos esa época en la que Serge Daney nos enviaba una carta desde Polonia para hablarnos de "las Jornadas de Gandsk". Es una forma de entender la Historia, la de Wajda, bastante común a la de su compatriota Polanski, como si a una cierta edad ya no fueran capaces de hacer otra cosa que películas "cómodas", grandes films de estudio caros y bien asentados. Películas sin ningún rigor, sin miedo a sobrexponer los sentimientos, cerradas en sí misma y por lo tanto muertas.

"Katyn" (Andrzej Wajda)

En Katyn, sin embargo, se produce una quiebra en sus últimos diez minutos. No levanta la película, pero se trata de una ruptura tan grande que parece que se hubieran colado imágenes de otro film. Anna, sabiendo que su marido ha muerto, recibe en su casa a una mujer que le trae un documento. A modo de diario de guerra, Andrzej narra el horror, el asesinato paso a paso: bajada del camión, rezo, tiro, fosa. Así, el proceso se repite en varias ocasiones, y aunque Wajda no renuncia a los punteos musicales que han estado subrayando todo el film, filma con asombrosa sequedad, imponiendo, como no puede ser de otro modo, un ritmo mecánico a través de la repetición. Luego, después de pegarnos a la tierra que cae sobre los cuerpos apilados, un minuto de pantalla en negro.



Corazón tan blanco

Hidden Heart, de Cristina Karrer y Werner Schweizer (Sección Eurodoc)

Un hombre blanco: Christian Barnard. Un hombre negro: Hamilton Niki. Los dos viven en Ciudad del Cabo. El primero es cirujano. El segundo no, pero ejerce como tal, aunque muriera cobrando una pensión como jardinero. Christian Barnard fue el hombre que realizó el primer transplante de corazón, aunque solo en apariencia. Niki, en la sombra, fue el hombre que extrajo el primer corazón de la historia.

"Hidden Heart" (Cristina Karrer y Werner Schweirer)

Cristina Karrer y Werner Schweizer filman entre dos aguas, entre dos colores de piel, entre dos ambientes, entre dos estratos: de un lado, el éxito, el glamour, la fama, las fiestas de piel blanca de Barnard. Sus romances, sus congresos, sus conocidos. Del otro, Niki, nos lleva hasta las chozas, hasta la pobreza, el apartheid. Y aquí, es donde encontramos el único mérito de este film, en su mera propuesta de enlazar una película política con lo orgánico de los cuerpos humanos, lo que se encuentra más allá de la piel.

Sin embargo, como film político Hidden Heart adolece de una debilidad más que patente, en su poca ligazón con la historia. Cuando se acerca al documento, al archivo, solo muestra el noticiario de la vida sentimental (y casi sexual) del hombre famoso, Barnard. El apartheid solo aparece como imposición de unas normas que impedían a Niki llegar más allá a la hora de exigir sus méritos. Cómo a partir del corazón como órgano se puede llegar a las luchas: la población negra que temía que le extrajeran su corazón para colocárselo a un blanco. Y cómo también esos blancos impedían un contacto físico con las interioridades de su cuerpo, aunque al final debían resignarse y aceptar que las manos del éxito eran negras.

"Hidden Heart" (Cristina Karrer y Werner Schweirer)

Ni como film político, ni como relato sentimental, formalmente el valor de Hidden Heart es nulo, pero tampoco va mucho más allá en su vertiente informativa. Poco o nada tienen que decir esas cabezas parlantes que machaconamente vuelven una y otra vez sobre la misma idea. Y aún mucho más débil e inconsistente son las recreaciones del quirófano que filman los cineastas, por no hablar de los pasajes en las cabañas, adquiriendo un tono de denuncia etéreo y volátil, como si fuera un plus que hubiera que añadir para que la película tuviera su peso y no se apoyara únicamente sobre el chisme. Una vil forma de asentarse en una estética de lo pobre.



Yo me despido, Sarajevo

Verso Est de Laura Angiulli (Sarajevo en el objetivo)

De Sarajevo a Mostar. De Mostar a Srebrenica. Del documental a la ficción. De la realidad a la representación. Del cine al teatro. Laura Angiulli transita y muestra el tránsito de un lugar a otro. Experimenta y mezcla. Busca espacios híbridos e indefinidos. Imágenes de archivo, imágenes del presente, performances. Y, sin embargo, no hay mucho más allá de verdadero valor que la propia valentía de recorrer, de desplazarse, de buscar e investigar. Pero también hay que permanecer.

"Verso est" (Laura Angiulli)

El extrarradio de Sarajevo desde un autobús. La ciudad moderna, con sus edificios alzados al cielo, una fuerza ascendente. La ciudad en ruinas, una fuerza descendente. Y poco a poco el recuerdo que se deposita en cada piedra y en cada lugar en diferentes estratos. Así, del testimonio y la palabra, pasamos a la remembranza, del archivo a la representación y la primera performance teatral. Un salón a través de cuyas ventanas las llamas ascienden. La flama derritiendo el rostro de las mujeres compungidas.


Mostar. Su puente símbolo de la paz. A un lado y otro, los guetos. Mostar como reconstrucción de la memoria. Como punto de unión entre croatas, musulmanes y serbios. Como punto de convergencia en la noche. Un río de lágrimas, una imagen del presente. Segunda performance. Un joven corre por el bosque. Otro hombre le grita, le persigue, le agarra por la nuca, haciendo que su mirada se hace al cielo. Saca el arma.

Srebrenica, ciudad de las mujeres. 1995-2007. Cada 11 de julio, el entierro de los cuerpos que siguen apareciendo. Entre todas las mujeres, Hatidza Mehmedovic, hilo conductor, rostro en el que se refleja el estoicismo. El miedo es la hija de Dios.

Es inevitable pensar en Godard, quien también está presente en esta pequeña muestra que tiene a Sarajevo en el punto de mira con su magnífica Notre musique. Con respecto a él, Angiulli llega tres años antes. Godard filmó la reconstrucción, las ruinas, los tranvías, el Encuentro Europeo del Libro, los flujos de la ciudad, las palabras y una master class de cine. Filmó a Juan Goytisolo, filmó el infierno, filmó la guerra y el mar, el tiempo perdido. Es la culminación de una búsqueda que va de Je vous salue, Sarajevo (1993) a For Ever Mozart (1996). Godard siempre llegó rápido a Sarajevo y llegó lejos. Supo buscar en la profundidad de las cosas. Por eso, a Angiulli no le hace ningún bien que su película se programe junto con Notre musique.

La directora de Tatuaggi (1997), de vocación teatral, dice que hace cine porque tiene la virtud de permitir que, frente al teatro, las cosas permanezcan. Sin embargo, abandona demasiado rápido esos lugares, y por esta vez la deriva no sienta demasiado bien a un film que no llega más que a rasgar la superficie de las cosas.

Una relación del montaje demasiado simplista que no es capaz de crear esa "forma que piensa", cuya reconstrucción teatral no pasa más que por una representación escénica moderna como cualquier otra, sin permitir que la hibridación dé algún fruto, que las artes, como los tiempos, dialoguen. Una forma demasiado cerrada en sí misma. Si Godard saludaba a Sarajevo, Angiulli se despide sin que apenas quede ningún poso, allá donde las imágenes, como la memoria, se desvanecen.

13/11/2008

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