Tras una serie de brutales crímenes rituales, Holmes y Watson llegan a tiempo para salvar a la última víctima y descubrir al asesino: el impenitente Lord Blackwood. Cuando se acerca el momento de su ejecución en la horca, Blackwood (que ha aterrorizado tanto a los presos como a los carceleros con su aparente conexión con fuerzas oscuras y poderosas) advierte a Holmes de que la muerte no le importa y que, de hecho, la ejecución coincide con sus planes.
Y cuando, según todos los indicios, Blackwood lleva a cabo su promesa, su aparente resurrección siembra el pánico en Londres y desconcierta a Scotland Yard. Pero para Holmes, el juego está en marcha.
Guión basado en los personajes de Arthur Conan Doyle y en el cómic de Lionel Wigram.
| Robert Downey Jr. | Sherlock Holmes |
| Jude Law | Dr. John Watson |
| Rachel McAdams | Irene Adler |
| Mark Strong | Lord Blackwood |
| Kelly Reilly | Mary Morstan |
| Eddie Marsan | Inspector Lestrade |
| William Hope | John Standish |
| Dirección | Guy Ritchie |
| Guión (basado en los personajes de Arthur Conan Doyle y en el cómic de Lionel Wigram) | Mike Johnson, Simon Kinberg, Anthony Peckham y Guy Ritchie |
| Producción | Steve Clark-Hall, Susan Downey, Dan Lin, Joel Silver y Lionel Wigram |
| Producción Ejecutiva | Bruce Berman y Michael Tadross |
| Fotografía | Philippe Rousselot |
| Montaje | James Herbert |
| Música | Hans Zimmer |
| Diseño de Producción | Sarah Greenwood |

Nacho Cabana
El tradicional conservadurismo de Hollywood se expresa ahora a través de nuevas versiones de mitos clásicos e indiscutibles, de esos que dan a los ejecutivos la seguridad de que nadie va a dudar del contenido de su producción con sólo escuchar su título. Sherlock Holmes, Robin Hood o Alicia en el País de las Maravillas son algunos de las películas que vemos o estaremos viendo durante este recién inaugurado 2010.

Pero como hay que dar a la vez la sensación de que se está vendiendo algo nunca visto antes, los viejos mitos se actualizan con la última tecnología digital. Eso sí, que nadie se lleve a engaño, al menos con la cinta que nos ocupa. La actualización que lleva a cabo Guy Ritchie de Sherlock Holmes está en las antípodas de ser una revisión seria del mito. Estamos a años luz de La vida privada de Sherlock Holmes de Billy Wilder, por ejemplo.
"El principal acierto de la película es la visualización de las deducciones, especialmente cuando Sherlock Holmes aplica su lógica a detectar los puntos débiles a golpear de su adversario durante una pelea".
Lo que hace el director de Snatch con el personaje de Conan Doyle es poco más o menos que lo que hizo Kevin Reynolds con Robin Hood hace 19 años. Esto es, convertir a su(s) protagonista(s) en una pareja de héroes de acción que reparten mandobles mientras hacen chistes y realizan sus típicas deducciones detectivescas (aunque éstas se agolpen precipitadamente en los últimos diez minutos de película) Una operación a la que no es sin duda ajeno el productor Joel Silver, responsable, entre otros títulos de la saga Arma letal y Matrix.

El principal acierto de la película es la visualización de las deducciones, especialmente cuando Sherlock Holmes aplica su lógica a detectar los puntos débiles a golpear de su adversario durante una pelea. El ordenador ayuda enormemente a una fastuosa reconstrucción del Londres victoriano en donde no se escatiman extras ni bits. Excelente idea la de situar el clímax de la historia sobre un puente de Londres a medio construir.
Ahora bien, una vez más en una superproducción, el guión vuelve a no ser más que una excusa para concatenar las secuencias de acción. El argumento de Sherlock Holmes podría valer igual para una aventura de James Bond o de John McClane. El suspense o la intriga como tales brillan por su ausencia y el ir de un lado a otro de los personajes resulta bastante tedioso por mucho que Guy Ritchie se esmere en emplear todos los trucos visuales posibles para dar marcha a su película (entre ellos la utilización de una cámara casi tan superlenta como la empleada por Lars Von Trier en Anticristo).

Robert Downey Jr. y Jude Law se intercambian los roles protagonistas que a priori parecerían evidentes. El primero compone un Sherlock sin gorra pero con pipa que practica una curiosa mezcla de Lucha Libre y boxeo mientras el segundo es el Watson menos elemental y más activo que este cronista recuerda.
En fin, una película de apariencia, a la que se le podría pedir más de lo que da, pero que cumple más o menos su palomitera función.
15/01/2010
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