El neoyorquino Martin Scorsese dirigió la mágica El último vals (The Last Waltz, 1978) filmando para la posteridad y deleite la despedida del grupo The Band en el Winterland de San Francisco en 1976. Entre los invitados al concierto: Bob Dylan, Van Morrison, Eric Clapton, Neil Young, Dr. John...
En el 2005 Scorsese estrenó el documental sobre Bob Dylan, No Direction Home. Ahora, con Shine a Light, vuelve a la carga y rueda el concierto de los Rolling Stones celebrado en octubre del 2006 en el Beacon Theatre de Manhattan.
Entre otros encuentros musicales de Scorsese nos topamos con su trabajo como uno de los montadores de Woodstock (Michael Wadleigh, 1970), o la dirección del videoclip de Michael Jackson, Bad, en 1987.
| Mick Jagger | Mick Jagger |
| Keith Richards | Keith Richards |
| Charlie Watts | Charlie Watts |
| Ronnie Wood | Ronnie Wood |
| Christina Aguilera | Christina Aguilera |
| Buddy Guy | Buddy Guy |
| Jack White | Jack White |
| Dirección | Martin Scorsese |
| Producción | Victoria Pearman, Michael Cohl, Zane Weiner, Steve Bing |
| Producción ejecutiva | Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts, Ronnie Wood |
| Coproducción | Jane Rose |
| Fotografía | Robert Richardson |
| Montaje | David Tedeschi |

Si para algunos la llegada del sonoro trajo cierta decadencia al arte cinematográfico fue porque el sonido desvía en cierta medida la atención de la imagen, la hace menos firme y significativa, su presencia "pesa" menos. El sonido puede hacer que ciertas imágenes torpes pasen desapercibidas, crear una exterioridad que las iguale a pesar de las disonancias que puedan suponer.

En la filmación de un concierto, esto es verificable como en pocos lugares. El objetivo es registrar algo y que la fuerza del acontecimiento se transmita perfectamente. La estrategia suele ser: muchas cámaras, generalmente móviles (en el prólogo, Scorsese expresa a Jagger la necesidad de esto), y un montaje rápido que pase de plano a plano con mucha frecuencia.
Pero hay que olvidarse de la clásica equivalencia "muchos planos = mucha elaboración". La entidad de los planos queda anulada en favor de lo registrado y su articulación, el montaje, pierde todo su poder frente a lo que esté sonando en el momento, de modo que el corte queda anulado frente a la continuidad musical, que niega al montaje como acontecimiento convirtiéndolo en mero ritmo.
Así, si bien no soy amigo de usar términos como "aburrido" o "divertido" para hablar de cine o de lo que sea (pues supone convertir en propiedad del objeto lo que no es sino una percepción del sujeto, esto es: no decir nada de las obras sino, en palabras de Alain Badiou, designar "más bien la cualidad o el color del breve tiempo pasado en su compañía"), para hacerlo de Shine a light puede ser apropiado. De este modo, habría tres posibilidades:
- Si usted es fan de los Rolling Stones, la película posiblemente le resulte divertida. Los Rolling en plena forma, un buen repertorio, excelente sonido, imágenes de archivo...
- Si no lo es, se aburrirá mortalmente. Esperará como agua de mayo los interludios documentales y añorará el divertido prólogo que muestra la preparación del rodaje.

- Ahora bien, si sobre todas las cosas lo que usted ama es el cine, no podrá evitar, aunque también ame a los Stones, darse cuenta de la poca entidad cinematográfica de todo el complejo, lo que es moneda común de casi todas las filmaciones de conciertos que este cronista conoce. A pesar de que ver a Mick Jagger moviéndose sea siempre un espectáculo de primera magnitud que ya quisieran las películas de Jerry Bruckheimer, acaso los momentos más relevantes recaen sobre el primer plano, sostenido más de lo común, del rostro de un Buddy Guy silencioso que espera su turno para entrar a cantar o la cómica expresión de cansancio del batería de los Rolling al acabar el tema. Momentos que guardan una elocuencia propia, no subsidiaria de nada, y que en el caso del plano de Buddy Guy tienen una cualidad excepcional dentro del conjunto: rompen el ritmo del montaje y se oponen al de la música. Es entonces que el cine surge como excepción, como disonancia, resistencia a ser órgano de transmisión de un significante autoritario.
"Si sobre todas las cosas lo que usted ama es el cine, no podrá evitar, aunque también ame a los Stones, darse cuenta de la poca entidad cinematográfica de todo el complejo, lo que es moneda común de casi todas las filmaciones de conciertos que este cronista conoce"

Quedará entonces mirar lo que a nadie le importa: ver cómo los movimientos de cámara, al azar, van construyendo fragmentariamente la figura de un teatro que Scorsese nunca filma al completo y cuyas partes son fijadas ocasionalmente por los resquicios de la mirada de una cámara que siempre atiende a otro sitio, es decir: olvidarse de lo que se mueve y atender a lo inmóvil de la función, el techo, el decorado, las gradas, la proliferación de móviles entre el público ante los que Jagger posa como quien no quiere la cosa, intentar construir en la mente el esquema de las posiciones de las cámaras que Scorsese nunca oculta y darse cuenta de que éste no ha pensado en una forma que verdaderamente dé cuenta del acontecimiento, que solo ha pretendido un registro esclavo, un cine arrodillado, una imagen ciega. Es decir: solo queda mirar lo que la cámara no quiere mirar pero no tiene más remedio que mostrar, hacer nosotros el trabajo que el director se niega a hacer, y esto porque, no lo olvidemos, nuestra vida es más o tan móvil como el cine. Lo cual a veces se olvida.
Rubén García
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