Sicilia es una isla sorprendente y abrupta. Un espacio triangular de apenas 25.000 kilómetros cuadrados y cinco millones de habitantes, pero lleno de paisajes de ensueño, historias mitológicas, lugares trágicos, hechos gozosos y momentos cinematográficos. Cualquier viajero con un mínimo de inquietud puede sacar el máximo provecho de un litoral de 1.000 kilómetros de acantilados y playas de arena, lleno de olivares y plantaciones de almendros que bordean inmensos huertos de cítricos; a lo que se contrapone el paisaje seco y pedregoso del interior, compuesto de colinas y altiplanos áridos que conservan un especial encanto y donde dominan los campos de trigo y de habas. Y al Oeste, presidiendo de forma mágica toda la isla, cuenta con el volcán Etna (3.350 metros) todavía en actividad. La isla tiene un clima mediterráneo caracterizado por un largo periodo estival, cálido y seco, momento en que sopla el siroco, con una temperatura media en invierno de 10 grados. Todo este conjunto hace que sea fácil encontrar muchas semejanzas con ciertas zonas del Sureste español.
Por Gonzalo Wandosell Fernández de Bobadilla

¡Sus habitantes son sureños, sobre todo sureños!, aunque menos acogedores y amables de lo que estamos acostumbrados a ver en las películas. Situada al Sur de Italia, a apenas tres kilómetros, ¡pero muy lejos de Italia!, todo siciliano afirma, sin dudarlo, que su isla no puede ser recordada únicamente por las zonas turísticas y los misterios de la Cosa Nostra, que reflejan una realidad que dista mucho de resumir la diversidad cultural de la región. De hecho, la isla ha conocido a lo largo de su historia numerosas oleadas de ocupación de las que han quedado, excavadas en roca, cinco mil tumbas del final de la Edad del Bronce, 15 templos griegos (destacando el Valle de los Templos de Agrigento), 17 teatros, centenares de iglesias cristianas, restos de la España borbónica y una lengua propia... Pero toda esta bellísima arquitectura de 20 siglos pasados contrasta con la penosa, fea e inquietante Palermo, su capital. Urbe fuertemente marcada por las civilizaciones árabe y normanda, es difícil no perderse por sus callejuelas y hay que estar loco para conducir por ellas. Es una ciudad difícil con una atmósfera caótica. En definitiva, Sicilia es un gran santuario capaz de abrumar al alma más insensible... Presenciar un atardecer frente a un templo griego, como en Marinella junto a las ruinas de Selinunte, es un espectáculo sublime, único e irrepetible. Pero por desgracia, la prisa de los viajeros de hoy nos impide absorber tan desmesurado banquete de nombres, tiempos y hazañas artísticas. Por eso yo propongo un viaje a Sicilia por capas, disfrutando poco a poco y con reposo de todos sus tesoros. Y ahí es donde empieza mi aventura cinematográfica en la isla. Sucedió hace unos pocos años...
Todos los que nos consideramos cinéfilos sabemos que Sicilia es la patria de Vito Corleone (Marlon Brando/Robert de Niro), el protagonista de El Padrino y que parte de la ficción que nos narra la saga transcurre en el pueblo siciliano de Corleone, un poblado montañoso y medieval, donde en los campos de sus alrededores pacen ovejas y caballos. Pero ese carácter pacífico contrasta con la historia del lugar, llena de vinculaciones con la Cosa Nostra. También conocemos que Francis Ford Coppola no pudo rodar en Corleone, porque un asesino que había matado a un juez estaba escondido por los alrededores. Tuvo que buscar, por tanto, otros emplazamientos para rodar las escenas correspondientes a ese pueblo y eligió dos pequeños pueblos sicilianos del litoral: Forza D´Agro y Savoca.

Forza D´Agro, a 10 kilómetros al Norte de Taormina es un pueblo situado en lo alto de una colina debido a lo necesario que era protegerse en la época medieval. En este pueblo se rodaron la mayoría de las escenas de El Padrino correspondientes al episodio en que Michael Corleone (Al Pacino) se esconde después de vengar el intento de asesinato de su padre matando al Capitán de la policía Mark Mc Cluskey (Starley Hayden) y al mafioso Virgil El turco Sollozzo (Al Lettieri). En la zona de la derecha de la plaza principal del pueblo hay un inconfundible pequeño café que guarda en las paredes de su interior un pequeño tesoro fotográfico del rodaje. En el centro de la pared destaca una foto grande de Al Pacino durante el rodaje de El Padrino III. La fuente central situada en esa misma plaza fue utilizada para rodar algunas de las escenas de la boda en la primera película de la saga. Desde esa plaza, unas espectaculares escaleras y un arco quebradizo me condujeron a la iglesia llamada Madre di Forza D´Agro, que fue utilizada en El Padrino III para rodar las escenas en las que Michael Corleone le enseña su pueblo de origen a su ex mujer Kay Adams (Diane Keaton). Dando una vuelta por el pueblo encontré otra iglesia, con las ventanas en forma de ojo de buey, que aparece en El Padrino, en la escena en la que Michael Corleone va por primera vez a una iglesia acompañado por sus guardaespaldas, y en El Padrino II, en la escena en la que Vito huye a América escondido en un burro, y en la posterior visita de Vito y su familia a Corleone.

"Francis Ford Coppola no pudo rodar en Corleone, porque un asesino que había matado a un juez estaba escondido por los alrededores"
El segundo lugar escogido fue Savoca, un pueblo de unos 1.600 habitantes que se eleva a lo largo de la costa en un área montañosa a unos 303 metros sobre el nivel del mar. En el pueblo hay varias iglesias pero destaca la Iglesia de Santa Lucía, construida en 1465, con aspecto de una fortaleza. Ésta es la iglesia en la que Francis Ford Coppola rodó en 1971 la boda entre Michael Corleone y Apolonia (Simonetta Stefanelli). Allí, de rodillas, tal como hacen ellos en la película, reviví ese momento y luego recorrí el mismo camino que Michael y Apolonia hicieron con sus amigos hasta llegar al bar Vitelli, que era el bar del padre de Apolonia en El Padrino. Mi primera sorpresa fue comprobar que el bar se llamaba igual en la vida real y que sin mucha dificultad pude distinguir fácilmente la terraza en la que Michael Corleone y Calo (Franco Citti) piden la mano de Apolonia al señor Vitelli (Saro Urzi). Además, las cortinas de la puerta de acceso al bar eran exactamente las mismas que aparecen en la película. Al entrar en su interior fui recibido amablemente por la dueña del bar, la Signora María, quien me dijo con orgullo que ella estuvo presente en el rodaje y me enseñó una pared de su bar donde aparecen varias fotos de Coppola y varios actores de la saga. Todo un pequeño museo que, desde luego, merece la pena visitar. Luego, me invitó a pasar al bar y me obligó a tomar su especialidad: una típica granita de limona (granizado de limón) que según ella, hizo las delicias del director y de todo el equipo de rodaje.

Después de dejar estos dos pueblos que habían despertado en mí un impulso irrefrenable de ver de un tirón la totalidad de la saga de El Padrino, me dirigí en mi coche en busca del pueblo que Giuseppe Tornatore transformó en el mágico y querido pueblecito de Giancaldo, en su inolvidable película Cinema Paradiso. Palazzo Adriano es un pueblo del interior (a una hora en coche de Palermo en dirección a Agrigento) que tiene unos 2.700 habitantes. Se eleva en una cadena montañosa del interior de la isla a 680 metros por encima del nivel del mar, y vive de la agricultura con productos como cereales, aceitunas, uvas, almendras, cacahuetes y melocotones. Su plaza principal, grande e irregular, tiene dos iglesias del siglo XVIII enfrentadas, una católica, Chiesa Della Madonna del Lume y otra ortodoxa, Chiesa De Maria S.S. Assunta. En esta plaza encontré la mítica fuente que tanto juego da en la película y también en ella se construyó el cine, protagonista absoluto de la historia, que fue quemado de verdad en la escena del incendio. Un mosaico de azulejos nos recuerda que ese edificio que ya no existe tiene un lugar de honor en la historia del séptimo arte. Después de gozar con estos recuerdos de cine, tuve la suerte de entrar en la Trattoria Viale, a la vuelta de la esquina donde se sitúa el mosaico, y disfrutar de unos maravillosos y sabrosos macarrones caseros.

Para finalizar mi pintoresco viaje, me dirigí a Palermo, a donde llegué sobre las dos de la madrugada y me dirigí directamente al Teatro Máximo, uno de los más grandes y suntuosos de Europa, proyectado por G.B. Basile en 1875 y terminado en 1897, en cuyas escalinatas rodó Coppola, a esa misma hora, la escena final de El Padrino III en la que la hija de Michael Corleone, Mary (Sofía Coppola), muere abatida por los sicarios que trataban de matarle a él al término de la representación de la célebre ópera de Pietro Mascagni, Caballería Rusticana, basada en el drama rural de Giovanni Verga, que cuenta una historia muy similar a la que el espectador ve desarrollarse en la pantalla al visionar la tercera entrega de la saga.
Cansado y agotado me dirigí a mi hotel, contento de haber conocido una nueva Sicilia, y con muchas ganas de volver en otra ocasión para bucear en más rincones cinematográficos, quizás los de El Gatopardo o El honor de los Prizzi...

Artículo publicado en el número 10 de KANE 3 (julio - agosto 2006)
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