Sobre tres grandes films de "La utopía yanqui" (Gijón 2008) - cine | Kane 3

Sobre tres grandes films de "La utopía yanqui" (Gijón 2008)

Profit Motive and the Whispering Wind (2007) de John Gianvito, The Juche Idea (2008) de Jim Finn y el programa de cuatro trabajos del director Jem Cohen: One Bright Day, For Walter Benjamin and René Daumal (2008), Spirit (2007) y NYC Weights and Measures (2005).


"Spirit" (Jem Cohen)

Francisco Algarín Navarro

Profit Motive and the Whispering Wind de John Gianvito

John Gianvito es uno de los grandes directores norteamericanos. Su segundo film, Profit Motive and the Whispering Wind, es la mejor y más radical película de este Gijón 2008. La película se abre con una reveladora cita de Claire Spark Loeb, "The long memory is the most radical idea in America". Al poco avanza el film, vamos descubriendo el mecanismo que sigue Gianvito para contar la historia de América a través de todos aquellos que murieron en defensa de los derechos civiles. Uno de los primeros planos, deja ver el mar entre los arbustos agitados por la brisa. En los siguientes minutos, veremos las rocas en las que crece el musgo, pertenecientes a varias lápidas.

De alguna manera es la naturaleza que se va adueñando del pasado, del recuerdo, de la memoria, de la historia. De esa forma, mediante la combinación de las inscripciones de diversas tumbas y planos casi siempre solitarios de la naturaleza, buscando zonas de espesa vegetación alejados de la vida urbana donde sopla el viento con fuerza, construye un discurso sugerido mediante la lírica de la duración de los planos y el montaje por contraposición de ideas. Pero sobre todo es una lucha, la del registro del tiempo y de la memoria contra el propio tiempo que pasa. Estático versus dinámico.

En otras ocasiones, Gianvito filma las tumbas "oficiales", cercanas a grandes edificios institucionales, placas conmemorativas, estatuas y monumentos fúnebres. De una parte tenemos la historia oficial y de otra aquellos que descansan al pie de la cuneta, frente a una gasolinera o a mitad del bosque. La agitación de las hojas, los maizales movidos por el viento, el paso de las nubes y las sombras que se proyectan en el campo, sugieren el paso del tiempo, pero también llegan a mostrar cuando el viento sopla fuerte, la violencia de las batallas emprendidas en esos lugares históricos.

Sobre toda la película se posa un gran misterio, algo que yace oculto, la contemplación de lugares tan hermosos y lo que estos esconden, en depósito, a diferencia del cielo despejado, los paisajes soleados, hasta que comienza la tormenta. Entre medias, hay un pequeño montaje animado muy sencillamente, donde se muestran en garabatos dibujados a lápiz pequeñas discusiones en forma de viñetas que evocan los conflictos del pasado.

En Profit Motive resuenan los ecos de Shoah de Claude Lanzmann, donde también encontramos la extrañeza que se desprende del registro de los paisajes del horror en la actualidad, tan bellos, tan verdes, tan espesos y, a la vez, tan terribles. Del cine de Jean-Marie Straub y Danièlle Huillet hay también una cierta forma de filmar la historia y el pasado, la misma rigidez, un entorno elegido parecido al de sus adaptaciones de Pavese, como en Quei loro incontri.

En la película, hay una panorámica sobre el bosque sombreado que recuerda a las de Europa 2005 y se adivina un armazón parecido en el planteamiento estético y moral con el que Gianvito compone los planos. En la filmación de los monumentos, de las estatuas, recuerda al Oliveira ensimismado en el ojo del caballo de Juana de Arco en Belle toujours, u otras de sus películas como Viaje al inicio del mundo, con la que se puede establecer un interesante vaso comunicante; o Cristovao Colombo. O enigma, en su última parte, siguiendo las huellas más ocultas de Cristóbal Colón. También hay algo de la Chantal Akerman de D´est, con esa misma preocupación por la duración de los planos (como decía Godard, el buen cineasta sabe dónde empieza y dónde termina un plano), la composición en planos generales estáticos en grandes espacios, carreteras o zonas arboladas.

En la parte final de la película, se filma una manifestación por los derechos civiles en favor de la paz. El montaje es alterado en planos cortos, al ritmo de la música de los tambores de los manifestantes. Parece prácticamente la única ligazón con la situación política de la actualidad, indicando que aún existen quiénes luchan por los derechos de todos. Sin embargo, todo está filmando en un tiempo presente. Es aquí donde se ve mejor a Gianvito como un hombre de fuertes convicciones ideológicas (como Straub y Huillet). En esta otra idea del montaje parece querer invocar la velocidad de los cambios del presente en el que vivimos. La película concluye con un plano final en el que vemos un amplio espacio de vegetación, el viento de nuevo soplando en la pista de sonido. Declinación en puro presente.



The Juche Idea de Jim Finn

A lo largo de los encuentros con el público de Jim Finn en el Antiguo Instituto, poco a poco se fueron asentando las bases que permitirían comprender a fondo las películas que conforman la trilogía más subversiva del último cine norteamericano: Interkosmos (2006), La trinchera luminosa (2007) y The Juche Idea (2008). Si algo queda claro como punto de partida, es que los tres son films que conjugan a la perfección la ideología y la creación en sus múltiples facetas, que son películas siempre incompletas, con una gran confianza en lo inacabado, por lo que para entendernos, no puede ser más pertinente entonces volver a aquel intertítulo que coronaba La chinoise de Jean-Luc Godard: un film en train de se faire.

Siguiendo con Godard, podríamos traer a colación otro intertítulo de sus películas, esta vez de Week-end. The Juche Idea es algo así como una película perdida en el cosmos. Por eso, la labor de recuperación de todos estos films es algo tan bello, una labor tan política como la forma de concebir la vida por Jim Finn. Es una desbordante alegría la que se siente al situarse frente a una película como The Juche Idea, porque nos invita a pensar que todavía es posible hacer películas tan desbordantes, potentes, urgentes y visionarias como las del Grupo Dziga Vertov.

Entre todas aquellas, a la que más se parece esta última parte de la trilogía de Finn es a Lotte in Italia (1971). Si en ella se seguían las contradicciones entre la vida de una joven marxista italiana y el modo en el que la ideología burguesa se introducía sin quererlo en su vida, al mismo tiempo que la película examinaba las constantes variaciones en la cotidianeidad de esta rehaciéndose una y otra vez, The Juche Idea parte del canon cinematográfico establecido por Kim Il-Sung, teórico del cine (como fuente emergente de ideas, como dice Álvaro Arroba, podríamos compararlo con lo que es para Occidente André Bazin) que despliega todo ese manual del "cine juche".

Junto a los fragmentos que Finn recupera y hace ver por primera vez de películas norcoreanas, y aquí su labor de found footage es cuanto menos heroica, aparecen los lemas y las consignas de Il-Sung. Frente a ellos, una videoartista surcoreana, Yoon Jung-Lee, impregnada de los ideales de la izquierda japonesa tal y como relata a cámara, se instala en una residencia para artistas en Corean del Norte para realizar dos films juche. Es en este punto donde se atisba la recreación y la voracidad de la parodia, cuando la cineasta filma dos cursos de inglés (uno como lengua capitalista, otro como lengua socialista). Entonces el film toma una audaz dimensión reflexiva que también dialoga con la propia forma de concebir el cine en occidente (la proliferación de la residencia de artistas por parte de festivales y las directrices que marcan), la propia forma de entender la crítica (los manuales), y la caricatura como espejo.

Como el propio Finn afirma cuando se le pregunta por sus motivaciones para realizar estos films, fabricados partiendo de materiales que no le pertenecen (el found footage de nuevo en esas coreografías impregnadas en azul) y hablados en lenguas que no son la suya (el alemán en Interkosmos, el navajo en La trinchera luminosa, el coreano en The Juche Idea), sus películas son una aventura que parten siempre de una investigación, que a su vez parte siempre de la convicción en la necesidad de comprender mirando y escuchando los ecos de esas ideas proyectadas por confrontación con la posición hegemónica del imperialismo norteamericano.



One Bright Day, For Walter Benjamin and René Daumal, Spirit, NYC Weights and Measures, Programa de cuatro trabajos de Jem Cohen

Jem Cohen consigue en One Bright Day algo casi imposible: transponer todo el paisaje de una ciudad en el paisaje de un rostro. Como si de un acto político se tratara, Cohen planta su cámara en Madison Square Garden, y lo hace frente a un vagabundo que habla bajo los efectos del alcohol expulsando palabras que golpean como puñetazos. Una lucha cuerpo a cuerpo entre el hombre clavado en el suelo, desafiante, la pureza de su voz registrada y las imágenes inestables que no cesan de desvanecerse. Genial punto de partida y de fuga revelado a través de los gestos de un único rostro para pasar de él a la ciudad en NYC Weights and Measures, donde las calles, el lugar para lo impredecible, ahora se convierten en el lugar "donde la democracia se controla".

"NYC Weights and Masures"

Como si de alguna manera ambas películas funcionaran como un plano y su contraplano, en NYC se filma, con una fuerza inusual para cualquier cineasta, propia más bien de los fotógrafos y poetas que Cohen admira, esa ciudad convertida en un espacio de control a través de un desfile donde todo está calculado. Y frente a ello, rápidamente, la liberación, los lugares que Cohen ama y en donde está la vida, los puentes, el metro, los cortes fugaces, el movimiento y el tránsito de las personas entrando y saliendo de los encuadres.

En la primavera de 2008, la Fundación Cartier de París organizó una muestra de los trabajos que Cohen realizó con Patti Smith. Si en las anteriores piezas traslucía una decadencia y un desvanecimiento fantasmagórico con la guerra como telón de fondo y los reflejos de esta en la ciudad, en las dos piezas que se exhibieron dentro de este pequeño ciclo, Cohen trata de recuperar el tiempo perdido a través de lo íntimo en Spirit, la versión alargada de Smell Like Teen Spirit (2007), donde tras contar hasta cinco y citar a William Blake nos introducimos en este retrato doméstico de Patti y su hijo Jackson.

"For Walter Benjamin" (Jem Cohen)

Esta "poesía de lo ordinario", que pasa por lavar los platos, tocar la guitarra, salir a la puerta para mirar lo que sucede en la calle, es punteada con una serie de destellos propios de los rushes y los cortes a negro, como si se tratara de la captura melancólica de las fantasmagorías del tiempo privado (realzada con la escultura y la conexión con la canción que versiona de Nirvana). Es una línea que se desplaza hasta la auténtica joya de este programa, For Walter Benjamin (2008), pieza que nace del amor compartido de Smith y Cohen por el filósofo.

Desplazamiento de Nueva York a París, con la guerra latente en contraposición a la tristeza ante lo fugaz que poseen las imágenes, Cohen vuelve a clavar su cámara en la calle en una confluencia directa con la obra de Benjamin.

Así, se revela como el auténtico cineasta-paseante, le filmeur del tránsito humano, de los conductos, de las vías, de los túneles, del movimiento, mientras la voz de Patti desplaza las palabras.

04/12/2008

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