Gloria (Victoria Abril), Aurora (Ariadna Gil), su hermana Ana (Elena Anaya) y Paloma (Pilar López de Ayala), han fracasado en su intento de robo por el que Aurora es detenida y encarcelada. Mientras tanto, unos traficantes mexicanos han llegado a España y Ana, que se gana la vida como prostituta, es contratada por el jefe de la banda, Félix (José Mª Yazpik), que le ofrece casarse con él e irse a vivir a México.
Allí, Gabriel (Diego Luna), un hombre aparentemente frío, se encarga de los trabajos sucios de Félix, pero con la condición de no hacer daño, nunca, a ninguna mujer. Gloria visita a Aurora en la cárcel para despedirse: no tiene otra salida que irse a México, donde Ana le ha conseguido trabajo en los negocios que maneja Félix.
Allí, Gloria se da cuenta de los golpes que sufre Ana, aunque viva en una jaula de oro.
| Victoria Abril | Gloria |
| Ariadna Gil | Aurora |
| Pilar López de Ayala | Paloma |
| Elena Anaya | Ana |
| Diego Luna | Gabriel |
| José Mª Yazpik | Félix |
| Dirección y guión | Agustín Díaz Yanes |
| Producción | José Manuel Lorenzo, Eduardo Campoy, Pablo Cruz y Tedy Villalba |
| Fotografía | Paco Femenía |
| Dirección Artística | Salvador Parra |
| Montaje | José Salcedo |
| Música | Javier Limón |

Nuria Dufour
Algeciras. Cuatro mujeres ven fracasar el robo de un suculento botín cuando la inseguridad de una de ellas, Paloma (Pilar López de Ayala), secretaria de juzgado, hace abortar la operación. Gloria (Victoria Abril) y Ana (Elena Anaya) consiguen huir, pero Aurora (Ariadna Gil), la más -por interpretación- y menos -por guión- creíble en proporciones parejas, entra en prisión. Con el tiempo y de manera escalonada, tres se trasladan a México D.F. y la cuarta, al cumplir condena. Juntas en la capital mexicana, Gloria, Paloma y Aurora deciden vengar a Ana, en estado vegetativo, víctima de la violencia que su esposo, un mafioso lugareño (espléndido José Mª Yazpik) que controla el negocio del narcotráfico, ha ejercido sobre ella.

A grandes rasgos éste sería el argumento de Sólo quiero caminar, cuarto largometraje como director de Agustín Díaz Yanes, tras la interminable Alatriste (2006), la incoherente Sin noticias de Dios (2001) y la emocionante Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995). Precisamente es del personaje central de esta última, Gloria Duque (Victoria Abril elaboró una interpretación memorable), del que el director-guionista parte para construir, 13 años después, una ficción (que no secuela) de violencia explícita desmesurada, realizada con muchos aciertos y contada con demasiados altibajos.
De la costa gaditana a México D.F., la misma localización en la que se iniciaba su inspiradora, pero con la curiosidad de que en ésta el presupuesto ha permitido a la producción rodar en el país latinoamericano y en aquella, el México que aparecía estaba en Madrid, en los decorados que el director artístico Benjamín Fernández recreara. Los ecos flamencos y las reminiscencias al mundo taurino que ya estaban presentes en Nadie hablará...(Gloria Duque era la mujer de un banderillero en coma tras una cogida) aparecen aquí retratados en la banda sonora que firma Javier Limón y en el hijo pre-adolescente de Gloria, un personaje de relleno que aporta poco a la película y nada a la relación madre-hijo, salvo en la engañosa cabriola final, donde el niño adquiere algo de presencia.
"Si en Nadie hablará..., las desdichas de Gloria Duque sobrecogían con cada plano, en la que ahora se estrena las andanzas de las cuatro amigas se arredran hasta casi contraerse, aunque es en su última media hora cuando la historia consigue por fin envalentonarse un poco"

Las tramas se plantean al ritmo de palmas y castañuelas, para balancearse después entre la amistad a muerte (y porque sí, el guión apenas explica nada sobre ellas) de cuatro supervivientes, que tienen poco que perder. Como hilo conductor de una intriga efectista con múltiples nudos, algunos imposibles de deshacer por su enrevesado desarrollo y canalizados para que las piezas encajen en el texto, se sitúa Gabriel (Diego Luna), protagonista absoluto. La nitidez con la que el guión ha construido el personaje de un tipo frío capaz de mostrar fragilidad cuando la situación lo requiere, y la fuerza dramática que aporta el trabajo del actor, eclipsan las interpretaciones de las cuatro heroínas.
Violencia seca a lo Tarantino (de Jackie Brown a Kill Bill) en las imágenes y en un montaje rutilante, capaz de aupar unas tramas que, en algunos de sus tramos, insisten casi exclusivamente en la sofisticación. Sólo quiero caminar es una mezcla interesante de cine negro y western urbano con guiños directos al cine de Sam Peckinpah (de Grupo salvaje a La huída), que tarda un buen rato en comenzar. Tras una primera secuencia brillante en un almacén de maderas, en la que Gabriel mata a bocajarro a un tipo que no vemos, la película apenas cuenta algo en la siguiente media hora hasta que los hechos se trasladan a la capital mexicana, donde los personajes crecen, la acción crece y las historias crecen.

Si en Nadie hablará..., las desdichas de Gloria Duque sobrecogían con cada plano, en la que ahora se estrena las andanzas de las cuatro amigas se arredran hasta casi contraerse, aunque es en su última media hora cuando la historia consigue por fin envalentonarse un poco. Después todo se va congelando en un desenlace tan obvio que a una se le queda la sensación de que allí faltaba algo.
29/10/2008
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