Nada más cumplir los 16, Tommo deja de estar bajo la tutela de los servicios sociales y escapa a Londres, donde le espera una vida solitaria y llena de dificultades. En Somers Town conocerá casualmente a Marek, un fotógrafo inmigrante polaco que vive con su padre. Ambos formarán una inesperada alianza.
Sin que su padre lo sepa, Marek acoge a Tommo en su casa. Los dos chicos empiezan a ganar dinero con los proyectos de un excéntrico y emprendedor vecino. Mientras, la musa de Marek, María, una camarera francesa, se convierte en la obsesión de ambos jóvenes.
Pero cuando María regresa a París de forma inesperada, los chicos se quedan desolados. La situación empeora cuando el padre de Marek descubre a Tommo y lo echa de casa.
| Thomas Turgoose | Tomo |
| Piotr Jagiello | Marek |
| Elisa Lasowski | Maria |
| Perry Benson | Graham |
| Ireneusz Czop | Mariusz |
| Katie Dickie | Jane |
| Dirección | Shane Meadows |
| Guión | Paul Fraser |
| Producción | Barnaby Spurrie |
| Producción ejecutiva | Nick Mercer, Greg Nugent, Robert Saville |
| Fotografía | Natasha Braier |
| Montaje | Richard Graham |

Manuel Barrero
Shane Meadows vuelve a posar su mirada en la complicada etapa de la adolescencia. Si en This is England nos llevaba a la depresiva Inglaterra thatcheriana, adentrándose en las convulsiones internas del movimiento skinhead; ahora nos trae un retazo del Londres actual, centrando la atención en el barrio que da nombre al film. Y lo hace de la mano del mismo protagonista, un fascinante Thomas Turgoose, cuya capacidad para la ambivalencia resulta escalofriante. Tan pronto muestra una descarnada vulnerabilidad, como al momento es capaz de convertirse en un ser cruel y despiadado. Él es uno de los principales activos de la película, con su capacidad de despertar en el espectador sentimientos tan encontrados como la ternura y el odio.

Un espectador que se enfrenta a un inicio inquietante, un desasosiego que invade desde casi el primer segundo del film. No es para menos; un niño que abandona su ciudad para buscarse la vida en Londres, él solo. Jamás se explican los motivos de su huída, pero eso lo hace aun más terrible si cabe. No podemos evitar el sufrimiento que nos produce la soledad de un menor de edad en la gran urbe, desprotegido. Se huele la tragedia, y más aún cuando asistimos a su dantesca primera noche en la capital británica.
Minutos iniciales que auguran relato seco y duro. El blanco y negro de la fotografía (ahí está el aire Cassavettes, Jarmusch o Van sant) y la presentación paralela de los inmigrantes polacos, apuntan también en esa misma dirección. Pero Meadows fulmina todas nuestras expectativas, y se desmarca con una película de optimismo contenido, una emotiva historia de amistad adolescente.
"Su espíritu es el de la modestia, y sus armas son la sencillez y la austeridad. Es una de esas pequeñas películas agridulces, capaz de mostrar la dualidad del ser humano. Lo mejor y lo peor"

Al igual que en This is England, tenemos a un muchacho perdido que busca aceptación social y el reconocimiento de sus semejantes. Sentirse parte de algo (o de alguien). La salida es radicalmente opuesta (e incide en la importancia de la casualidad y del entorno). En aquélla, la falta de identidad encontraba solución en la pertenencia a un grupo que ejerce una poderosa fuerza de atracción, y donde los jóvenes que juegan a adultos se convierten en modelos para el niño. Mientras, en Somers Town, la soledad encuentra alivio en el encuentro con un igual, otro marginado en la gran urbe.
Aunque en el caso de su compañero, es decisiva la condición de inmigrante; así como la escasa dedicación de un padre ocupado la mayor parte del tiempo en ganar el dinero que les permita subsistir. Por un motivo u otro, ambos piden a gritos una relación que les ayude a sobrellevar la áspera vida de los solitarios en la gran ciudad. El foco está en los lazos que se establecen entre ambos, pero siempre con el contenido social de fondo. Y es que, a veces, no es necesario elevar la voz para exponer los problemas de la sociedad actual.

Hasta se puede realizar esa protesta en el marco de un trabajo lleno de sensibilidad y sin artificiosos dramatismos, como es el caso. Luego, el encanto del film depende de la complicidad de los dos protagonistas, entre los que se establece una relación de dependencia mutua. El director desentraña certeramente los sentimientos de ambos. Sin olvidar la casi imperceptible, pero potente, presencia del paisaje urbano.
No es Somers Town una gran película, en ninguno de los sentidos. Ni lo pretende. Su espíritu es el de la modestia, y sus armas son la sencillez y la austeridad. Es una de esas pequeñas películas agridulces, capaz de mostrar la dualidad del ser humano. Lo mejor y lo peor.
27/11/2008
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