SOS. Angelopoulos - cine | Kane 3

SOS. Angelopoulos

Empiezo con una anécdota que es toda una declaración de intenciones.

1962. Mientras asistía a una clase magistral en el IDHEC, el Instituto de Cinematografía de París, el joven Theodoro tuvo una acalorada discusión con su profesor sobre la composición de un plano porque pretendía incluir una toma panorámica muy compleja de 360º grados.

—Profesor: "Señores, ustedes no están aquí para eso. Intenten entonces conseguir un campo-contracampo".

—Angelopoulos: "No me apetece hacer un campo-contracampo".

—Profesor: "¡Váyase a vender su genio a Grecia!"

Este desafortunado episodio, muy comentado por todos los biógrafos del director ateniense y que precipitó su salida de Francia, aparece recogido en castellano por primera vez en un breve estudio titulado Theo ANGELOPOULOS.


Memoria custos omnium

(La memoria es el guardián de todas las cosas)

Cicerón, De Oratore (I, 5)


Guillermo Grial Vega Rodríguez



El librito está editado por la Filmoteca Española con fecha de 1977, a raíz de la gran difusión en las salas de arte y ensayo y del éxito en los festivales europeos de su obra maestra O Thiassos (El viaje de los comediantes, 1975), en mi opinión la cima de la carrera de Angelopoulos, una cinta cuya novedad (es la primera de su larga serie de películas sobre la Historia de Grecia y la Mitología) y monumentalidad (ocupa casi cuatro horas de metraje) hacen de ella un referente de obligada visión para el cinéfilo aún en las condiciones más infames (hace años tuve la oportunidad de encontrar una copia en V.O. con una imagen y un sonido muy pobres; hoy por hoy el sello Intermedio ha resuelto el problema). O Thiassos es verdaderamente el cenit de Angelopoulos pero también se trata de una obra muy temprana, su tercera película, y justo ahí es donde radica, a mi juicio, el gran dilema de este autor.


La eternidad y un día
La eternidad y un día (1998)

En su interesante recensión Al rescate de Angelopoulos (Cahiers du Cinema España, nº20, p.72-73), Eulàlia Iglesias nos advierte con justicia de la cosificación o "envaramiento" del estilo reciente del director heleno y de cómo se pueden distinguir tres etapas cronológicas, cíclicamente diferenciadas en grupos de películas de tres en tres, sobre la opinión común de la obra del mayor creador del cine griego: primero la década de los 70 que se correspondería con su descubrimiento, a continuación la década de los 80 cuando obtuvo su prestigio internacional y, finalmente, los 90 que fueron sin duda los años del reconocimiento y los premios, coronado con la Palma de Oro en Cannes en 1998 por La eternidad y un día (Mia aioniotita kai mia mera).


Sin embargo, con el advenimiento del nuevo milenio, Theo Angelopoulos se propuso acometer el ambicioso proyecto de una nueva trilogía sobre la intrahistoria de su país y del resto de Europa y estrenó Eleni (To libadi pou dakrudsei, 2004). Fue entonces cuando la crítica cinematográfica puso el grito en el cielo. ¿Otra Tríada más?. ¿Dilatación argumental sin ninguna novedad estilística significativa?. ¿Explotar la antigua fórmula hasta el paroxismo y la obsesión?. Las opiniones sobre su obra se dividieron. De repente, el idolatrado cineasta corría el peligro de convertirse en una caricatura de sí mismo y hubo quienes dudaron (todos lo hicimos un poco) de la originalidad de su fuerza poética, la composición de su visión cinematográfica, los larguísimos planos-secuencia y el colorido de sus imágenes.


Eleni (2004)
Eleni (2004)

A pesar de los innegables valores de Eleni y, según la crítica extranjera que la ha visto, de la segunda parte de la trilogía estrenada recientemente en Berlín I skoni tou hronou (The Dust of Time, 2008) (en el idioma cervantino algo así como "La polvareda del tiempo"), se dijo que su cine era una impostura y un fraude, que visualmente copiaba a los genios fallecidos que venera (como Antonioni y Tarkovski) sin aportar casi nada nuevo, que está sobrevalorado y que vive en una época digital (la posmodernidad) que ya no le pertenece. Los grandes maestros de su tiempo han desaparecido. Angelopoulos es, por ende, a ojos de muchos el último gran pope del cine europeo pero, hoy por hoy, cotiza a la baja.


Si es cierto como sin duda lo es que, de un tiempo a esta parte, la mayoría de la exégesis cinematográfica europea ha postergado al cine de Angelopoulos, el caso español es particularmente significativo y doloroso. No basta siquiera con las dificultades que tiene este gran director para hacerse visible en las carteleras de nuestros cines. La prensa especializada con su incomprensión e indiferencia se encarga de silenciar y ningunear la llegada de sus films.


"Su cine es, empero, reivindicable. Representa la memoria individual y colectiva de un gran pueblo que es, no lo olvidemos nunca, origen de la civilización occidental".


Al caso de Eleni, cuando apenas dos o tres revistas del medio se hicieron eco de sus valores, se suma ahora la desidia mostrada ante la presentación de la segunda parte de la trilogía en la 59ª edición de la Berlinale. En su crónica diaria (El País, 13/02/09) el controvertido Carlos Boyero, que se encargaba de cubrir (sic) el evento, tacha la película, y cito literalmente, de "pretenciosa", "opulenta" y "plúmbea", comparando su visionado con el acto de ir a misa y confesando sus esfuerzos "por contener un irreprimible bostezo". Y en un epílogo absolutamente delirante manifiesta su total incapacidad e ignorancia para comprender las verdaderas pretensiones del director griego: "Y me esfuerzo por captar tantas presumibles esencias- dice sobre The Dust of Time -, pero no hay manera. Mi embrutecimiento estético y moral sólo anhela que el trascendente discurso se acabe cuanto antes. Que los iniciados sigan disfrutando de los rituales, la conciencia, la sabiduría y la fuerza expresiva del gran sacerdote durante mucho tiempo. Ser frívolo y un ignorante como el que firma esto también es compatible con los buenos sentimientos hacia los feligreses ancestrales. Cada uno puede elegir a sus dioses y divertirse como quiera". En mi modesta opinión, un absoluto fracaso crítico que es también un paradigma del abúlico recibimiento que se le dispensa al realizador de La mirada de Ulises por parte de los periodistas patrios.


Mi reflexión es la siguiente pregunta retórica: ¿Cuántos exhibidores estarán realmente interesados en programar The Dust of Time para sus salas de cine después de leer semejantes barbaridades en el periódico más vendido de España?.


En una reciente e iluminadora entrevista, Angelopoulos confesaba que todavía no tiene distribuidora para su última película en nuestro país, aunque finalmente la ha presentado en la pasada Seminci. Es obvio que ya no encuentra fácilmente la financiación para expresar su sed artística. Todos sus films más recientes son coproducciones de Grecia con diferentes países europeos. Se asemeja más bien a un errabundo Ulises moderno que no encuentra quien lo acoja. Es un xénos que tiene que echar mano del mecenazgo para sacar adelante sus proyectos. Hasta tal punto está desplazado de su Ítaca que incluso confunde la barrera idiomática. Vean, si no, cómo entremezcla balbuceante el griego, el francés y el inglés en el video de la conferencia de prensa berlinesa. Y con su inseparable guionista Tonino Guerra ya sólo habla por teléfono porque, según sus palabras, "ha envejecido mucho".


The Dust of Time (2008)
The Dust of Time (2008)

Su cine es, empero, reivindicable. Representa la memoria individual y colectiva de un gran pueblo que es, no lo olvidemos nunca, origen de la civilización occidental. Es asimismo el adalid de la Memoria Histórica de la izquierda europea del siglo XX, que vive ahora momentos difíciles cuando la integridad y la moral están seriamente comprometidas y es sencillo comprar el silencio y olvidar. Por todo ello, oportuno es lanzar de inmediato un mensaje de advertencia. Pues el cine de Theo Angelopoulos vive inmerso en un auténtico paisaje en la niebla que tiene mucho de fin de época y del que parece no poder salir. Memory is Sick.


The Dust of Time (tráiler)
Eleni (tráiler)

28/12/2009

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