Zinos, el joven dueño de un restaurante, está de mala suerte. Su novia Nadine se ha mudado a Shanghái por trabajo, tiene una hernia discal y sus clientes habituales le han abandonado desde que contrató a un nuevo cocinero. Pero cuando se corre la voz de su nuevo concepto de restaurante, la gente enrollada hace cola para comer en el "Soul Kitchen".
Esto no cura el corazón roto de Zinos, que decide subir a un avión para reunirse con Nadine en China, y confía el restaurante a su hermano Illias, un ex convicto. Zinos acaba de tomar dos decisiones totalmente equivocadas. Illias apuesta el restaurante y debe entregarlo a un dudoso agente inmobiliario, y Nadine tiene un nuevo amante. Sin embargo, los dos hermanos aún pueden recuperar el "Soul Kitchen" si dejan de discutir y empiezan a trabajar en equipo.
| Adam Bousdoukos | Zinos Kazantsakis |
| Moritz Bleibtreu | Illias Kazantsakis |
| Birol Ünel | Shayn Weiss |
| Anna Bederke | Lucia Faust |
| Pheline Roggan | Nadine Krüger |
| Lukas Gregorowicz | Lutz |
| Dorka Gryllus | Anna Mondstein |
| Dirección | Fatih Akin |
| Guión | Fatih Akin y Adam Bousdoukos |
| Producción | Fatih Akin, Ann-Kristin Homann, Jeanette Wurl y Klaus Maeck |
| Fotografía | Rainer Klausmann |
| Montaje | Andrew Bird |
| Supervisión musical | Klaus Maeck |
| Diseño de Producción | Tamo Kunz |

Por Nacho Cabana
Dice Fatih Akin que Zinos (Adam Bousdoukos, el protagonista de su última película) es como un hámster que da vueltas y vueltas corriendo en una rueda sin llegar a ningún sitio. Y que para mantener esa rueda en movimiento, el director necesitaba que a su personaje le ocurrieran muchas cosas por lo que tuvo que recurrir a un montón de tramas. Añade Akin que quería que Soul Kitchen se pudiera entender como una metáfora del trabajo de un director de cine.

Consciente de lo poco que le suelen interesar al público medio las historias de cine dentro del cine (y la fama de gafes que éstas han ido acumulando a lo largo de los años tanto en la pantalla grande como en la pequeña) el autor de Contra la pared plantea en su nuevo relato que el oficio de hostelero sea a la vez el de empresario, cocinero y psicólogo para que pudiera entenderse como metáfora del oficio de cineasta. Todo ello, salto mortal, cambiando el registro dramático tremendista de sus dos largos anteriores por otro más ligero y cómico.
Loable intención que Akin resuelve satisfactoriamente durante el primer tercio de película, en el que asistimos a un agradable, simpático y levemente cómico ejemplo de largometraje europeo que busca al gran público en lugar de esquivarle. Durante esa media hora inicial, los acontecimientos que encadena resultan creíbles y precisamente por eso un personaje más exagerado que los demás (el cocinero interpretado por Birol Ünel) encaja y dinamiza la comedia sin que chirríen los mecanismos de ésta. Dicho de otra manera, consigue que los dos fundamentos claves de la comedia, verdad más dolor, vertebren la odisea personal del protagonista.
Lamentablemente, todo se va al garete en el momento en que Akin comete el error de considerar que en la comedia todo vale y que no hay por qué aplicar a la construcción dramática de su guión el mismo rigor que demostró saber manejar en sus dramones anteriores.
"Queda una excelente banda sonora, unos actores que no pierden el carisma a pesar de las estupideces que su director les obliga a hacer y un amor por la ciudad de Hamburgo que Akin sí que es capaz de transmitir al espectador"

De esta forma, a partir del episodio afrodisíaco, buena parte de lo que ocurre en la pantalla deja de ser creíble y por tanto deja de ser divertido. Las tramas que Akin utiliza para que el hámster siga girando en su rueda son las mismas que esto escribe lleva años catalogando como "tramas repugnantes", a saber, esas que se pueden encontrar en cualquier teleserie española y que conforman el fondo de catálogo del más vago (o inexperto) de los guionistas: la inspectora que le exige al restaurante ser lo que no es, el robo que sale bien de puro disparate, el curandero cruel pero eficaz, la sobredosis de un condimento que provoca conductas absurdas en los personajes... Todo ello, por ende, enlazado mediante causalidades tan vergonzantes como la herencia que llega en el momento justo de solucionar todos los problemas o la que obliga a encontrarse a Adam con su novia en el aeropuerto acompañada por su nuevo novio ¡chino! (jajaja).
Queda, eso sí, una excelente banda sonora, unos actores que no pierden el carisma a pesar de las estupideces que su director les obliga a hacer y un amor por la ciudad de Hamburgo que Akin sí que es capaz de transmitir al espectador.
04/04/2010
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