Stephen Warbeck - cine | Kane 3

Stephen Warbeck

En 1999 un desconocido compositor británico se hacía con el Oscar a la mejor música original por Shakespeare in Love. En realidad, Stephen Warbeck llevaba casi 10 años en la brecha escribiendo música para televisión, pero aquella película le dio el espaldarazo definitivo a su carrera. Películas como Billy Elliot (2000), Quills (2000), La mandolina del capitán Corelli (2001), Charlotte Gray (2001) o Proof (2005) son algunos de los títulos más populares de una filmografía que ya supera los 50 trabajos para cine y la pequeña pantalla. En 2002, Warbeck viajó hasta España para poner música al filme de Gerardo Vera Deseo y así comenzó un idilio con nuestro país que ha vuelto a reafirmarse ahora con Cargo, una coproducción hispano-británica que llega este mes a nuestras pantallas. Warbeck ha escrito su música en colaboración con el compositor gallego Sergio Mouré.

Por Roberto Cueto. Ilustración y fotografía: Marisa W. Ringer

―Puede que sea complejo nuestro, pero nos sigue sorprendiendo que un compositor que ha ganado un Oscar y ha trabajado en producciones de Hollywood se venga aquí, a trabajar en una película española. ¿Cómo llegaste a Cargo?

―Pasaron tres cosas que me involucraron en esta película. La primera fue que coincidí en la entrega de los premios del cine europeo, que se celebraban en Barcelona, con Paul Laverty, el guionista de Cargo. Estaba escribiendo la película y me la contó, pero me dijo que apenas tenían presupuesto para la música y ahí terminó la cosa. Después resultó que uno de los productores del filme, Andrea Calderwood, había hecho antes Su Majestad Mrs. Brown (1997), para la que yo compuse la música, y me llamó para ofrecerme Cargo. Finalmente me reuní con el director, Clive Gordon y le conté las ideas que tenía para la música tras leer el guión. Se entusiasmó con mi manera de ver las cosas, pero había un problema. Se trataba de una coproducción con Galicia y había que contar con un compositor gallego, así que tenía que ser un trabajo en colaboración. Al principio me lo pensé, no sabía si iba a ser una buena manera de componer, pero luego me dije que era también una oportunidad de estar aquí, de comer marisco y pasar un tiempo en España, que me encanta. Finalmente la colaboración con Sergio Mouré ha sido estupenda.

―Pero no es muy habitual que dos compositores escriban una banda sonora. ¿Os repartisteis el trabajo, componíais los temas a cuatro manos o cómo fue...?

―Sí, es verdad, esta forma de trabajar no es nada frecuente, yo nunca lo había hecho. Hubo varias fases a la hora de plantear nuestra colaboración. Primero se pensó en que compusiéramos juntos, después en que cada uno se hiciera cargo de una mitad del filme y más tarde que cada uno escribiera su música y la fuéramos distribuyendo a lo largo de la película. No fue fácil al principio llegar a un acuerdo, pero finalmente decidimos que cada uno escribiera sus temas. Yo lo orquesté todo para darle una mayor coherencia e incorporé algunos de los motivos de Sergio en mis bloques, de manera que ambas escrituras quedaran bien integradas. Mi mayor preocupación era que no se notara en ningún momento que eran músicas diferentes, de dos autores distintos. Fue un poco complicado, pero al final resultó una grata experiencia porque conocí a gente con la que nunca había trabajado antes.

―¿Cómo describirías tu acercamiento musical a la película?

―Salvo por una triste melodía para cuerdas que compuse para el final de la película, el resto de mi música está más basada en colores orquestales y efectos sonoros, no se puede hablar de temas propiamente dichos. Es más una cuestión de texturas muy integradas en el paisaje sonoro de la película, ambientes que generan una atmósfera muy desasosegante a lo largo de todo el metraje: la liberación emocional no llega hasta el final. Para conseguir una percusión precisa que necesitaba llegué a emplear archivadores metálicos, de ésos de tres cajones, que golpeábamos con macillos metálicos, y también puertas de automóviles. Lográbamos un sonido metálico y duro muy interesante.

―Por lo que dices parece un score más cercano al diseño de sonido que a la música propiamente dicha...

―Siempre he intentado encontrar para cada película el sonido único e individual que necesitaba, algo especial para cada historia. Puede que sea un banjo desafinado o una guitarra con las cuerdas manipuladas o un archivador como en Cargo. Son timbres que a veces están entre el ruido y la música y me interesa mucho trabajar con ellos.

―La música de Cargo se ha grabado en Galicia, algo que tampoco es habitual en el cine español, más interesado en grabar en los países de Europa del Este...

―Sí, se grabó toda en Galicia. Hice venir de Inglaterra a tres músicos con los que trato de colaborar siempre que puedo: el guitarrista John Paricelli, el percusionista Paul Clarvis y el chelista Nick Cooper. Grabaron durante dos días en A Coruña y luego hicimos el trabajo con el resto de la orquesta. Fue una buena experiencia, porque la orquesta era buena y el estudio de grabación nuevo, así que todo salió muy bien.

―Es tu segunda película española, después de Deseo...

―Bueno, acabo de hacer también La fiesta del chivo, que es otra coproducción con España. La verdad es que me encanta España, no sólo por la manera de trabajar, sino también en un plano social. Me gusta el idioma y el país. He trabajado en otros países europeos, pero aquí es donde estoy más a gusto. Por otra parte no estoy muy contento con mi país, con la situación política en que se encuentra en este momento. Me avergüenzo mucho del papel que Gran Bretaña está realizando en el mundo.

―Después de saltar a la fama con Shakespeare in Love has hecho mucho drama romántico y películas de época. ¿Se os encasilla a los músicos igual que a los actores?

―Creo que sí, que tienes razón. Nuestro trabajo consiste en adaptar nuestra imaginación artística a proyectos concretos que te exigen variadas soluciones. Como un actor quizá tengas que reflejar una emoción que no sientes realmente, el director te puede exigir cosas que están más allá de lo que consideras correcto. A lo mejor te pide un tema para cuerda y tú sabes que basta con un solo de piano, te cuesta hacer eso, pero tienes que ceder y puede ser muy doloroso porque se crea una tensión insoportable. Pero, por ejemplo, Cargo es un proyecto muy diferente que me ha permitido trabajar con otro estilo, no tan melódico ni convencional.

Entrevista publicada en el número 6 de KANE 3 (marzo 2006)

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