Sud Express es un cruce de vidas. Seis historias de gente anónima se entrecruzan a lo largo del recorrido del tren que va desde París hasta Lisboa. A través de los protagonistas de este viaje por el suroeste de Europa, se exploran sus similitudes y sus todavía grandes diferencias, en este momento crítico que atraviesa el Viejo Continente.
Rodada en castellano, francés, portugués, árabe y euskera, Sud Express también habla de la soledad de sus viajeros y de la incomunicación. "Paradójicamente, en esta sociedad de la información es donde más solos estamos. Todos los protagonistas de la película son seres solitarios que buscan a través del Sud Express (que recorre el suroeste de una Europa económicamente unida pero humanamente aún muy distante) una salida a su soledad, una deliberada alteración de ese estado donde uno ya no recuerda como expresar las emociones más básicas".-Chema de la Peña.
| Gerarld Morales | Samuel |
| Tino Guimaraes | Tino |
| German A. Joao | Mili |
| Lidia Pinville | Lucía |
| Javier Delgado | Rober |
| Pilar Borrego | Isa |
| Juanma Hernández | Julián |
| Miguel Martín | Luis Antonio |
| Dirección, guión y producción ejecutiva | Chema de la Peña y Gabriel Velázquez |
| Fotografía | David Azcano |
| Música | José Ángel Lorente |
| Montaje | Antonio Lara y María Lara |
| Dirección Artística | Rebeca Ces |
| Sonido | Eva Valiño |

Alfonso Mazarro
Cuando el viejo portugués le dice a la camarera de su pueblo "la soledad es una cosa muy mala, señora Julia", está definiendo en una sola frase el espíritu de esta película. Los directores Gabriel Velázquez y Chema de la Peña (éste último da un giro de 180º respecto de su anterior trabajo, la exitosa y facilona Isi/Disi) retratan a lo largo de seis historias una galería de personajes atrapados para siempre en el infierno de la soledad.

El Sud express es una línea de tren que recorre el sur de Europa para conectar París con Lisboa. Pues bien, los autores nos proponen un viaje a través de estas vías que nos llevará a conocer a un taxista parisino, fiel retrato de un votante de Le Pen, machista, xenófobo y fanfarrón, casado con una mujer portuguesa con la que hace mucho tiempo que no tiene nada de qué hablar (probablemente nunca tuvieron nada que decirse), a un marroquí cegado por un amor que no existe, a un hombre de campo atormentado por un patrón de la vieja escuela, a un chico en silla de ruedas que recoge firmas con su amiga para que cambien las vías del tren, a dos hermanos portugueses que llevan cinco años viviendo juntos sin decirse ni una palabra y a un angoleño, con la cabeza llena de sueños imposibles, que sobrevive con la venta de relojes en las calles de Lisboa.
Sud express es deudora de la maravillosa Historias mínimas, del argentino Carlos Sorín. Como en aquella, asistimos a la cotidianidad de una forma pausada, sin necesidad de recurrir a encuadres imposibles o movimientos de cámara fascinantes. Simplemente a través de una cámara casi siempre fija y discreta, hasta el punto de quedarse fuera del cuarto cuando muestra la intimidad de algún personaje (atención al maravilloso baile que uno de los viejos hermanos portugueses realiza con su antiguo amor de juventud).

En un momento en que el cine está cada vez más plagado de películas de héroes y villanos se agradece que alguien tenga el valor de ofrecer algo diferente, que emociona, no por las hazañas o fechorías de sus personajes, sino por su cercanía. Esto permite que la frustración de los personajes sea también la nuestra, o que cada vez que uno de ellos se mira al espejo comprendamos la desesperación silenciosa que pueden ver en sus caras. No es una película en que los personajes lloren, y motivos no les faltan, no, aquí la procesión va por dentro. Y lo verdaderamente desasosegante de todo esto es que no hay margen de mejora.
Lo que nos enseña Sud express es que si algo tienen en común todos estos personajes, aparte de su soledad, es que sus vidas no van a cambiar, todo va a seguir igual sin que ellos puedan hacer nada para remediarlo.
"Sud express es deudora de la maravillosa Historias mínimas, del argentino Carlos Sorín. Como en aquella, asistimos a la cotidianidad de una forma pausada, sin necesidad de recurrir a encuadres imposibles o movimientos de cámara fascinantes"

Dentro de la estructura de seis historias diferentes en que se apoya la película, cada una de ellas está relacionada con otra, de tal forma, que al final, podría decirse que la película son tres historias subdivididas cada una de ellas en dos partes. Quizá sea ésta la parte que más cojea de Sud express, ya que da la sensación de que esta relación entre las historias, como por otra parte suele suceder con las películas con este tipo de estructura, está cogida con alfileres. Aun así, encontramos la excepción en la forma en que quedan hiladas la historia de los hermanos portugueses y la del taxista parisino, en la que todo queda mucho mejor resuelto, ya que no se apoya, como las otras, ni en la arbitrariedad de una, ni en la casualidad de la otra.
La película, injustamente olvidada en el palmarés del Festival de San Sebastián´05, supone también un recorrido por las pequeñas miserias que asolan Europa a comienzos de este siglo. Cada vez que la realidad se encrudece, está pidiendo a gritos ser retratada sin tapujos, sin envoltorios. La historia del cine está llena de ejemplos, la posguerra en Italia, la guerra de Vietnam en EE.UU., los años más negros del Thatcherismo en Gran Bretaña, etc.
No conviene perder de vista la carrera de estos dos directores.
Crítica publicada en enero del 2006 (nº 4 de Kane3)
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