Syriana

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Sinopsis

El guionista de Traffic, Stephen Gaghan, dirige y escribe el guión basado en el libro que recoge las memorias del ex-agente de la CIA Robert Baer y sus experiencias en Oriente Medio. Con el fin de documentarse para la película, Gaghan viajó acompañado de Baer a Oriente Medio, donde conoció a comerciantes de petróleo, agentes de la CIA, traficantes de armas y al líder del movimiento islámico Hezbollah.

La película, rodada en Los Ángeles, Nueva York, Londres, El Cairo, Bahrein, Dubai, Kuwait y Damasco, con más de 70 actores con diálogo, presenta un conjunto de tramas que reflejan la complejidad de intereses de poder y corrupción en varios niveles. Como en Traffic, existen varios hilos argumentales que aportan distintos puntos de vista sobre la dependencia, esta vez, al petróleo.

  • País:EE.UU.
  • Año:2005
  • Estreno:3 de marzo 2006
  • Duración:2h.6min.
  • Distribuidora:Warner Bros
  • Web oficial: www.syriana-es.com

Intérpretes

George Clooney Bob Barnes
Matt Damon Bryan Woodman
Christopher Plummer Dean Whiting
Jeffrey Wright Bennett Holiday
Chris Cooper Jimmy Pope
William Hurt Stan
Kayvan Novak Arash

Ficha Técnica

Dirección y guión (basado en el lirbro "See no Evil" de Robert Baer) Stephen Gaghan
Producción Jennifer Fox, Michael Nozik, Georgia Kacandes
Fotografía Robert Elswit
Montaje Tim Squyres
Música Alexandre Desplat

Crítica

El puzzle que no encaja

Roberto Cueto

En un hermoso cuento de Ray Bradbury titulado El sonido de un trueno (destrozado, por cierto, en una olvidable versión cinematográfica) se planteaba una interesante especulación: si un viajero en el tiempo pisara una simple hoja de la Era Mesozoica, ¿qué efectos tendría en la posterior evolución de la Tierra? Syriana nos propone algo parecido, aunque sustituyendo la temporalidad por la espacialidad: en un mundo globalizado, ¿puede una secreta decisión tomada en el despacho de un ejecutivo del petróleo tener directas consecuencias sobre la existencia de un habitante de Oriente Medio o sobre la de un ciudadano occidental que termina siendo víctima de un ataque islamista?

Stephen Gaghan, guionista de Traffic, aspira a demostrarlo en Syriana utilizando similares estrategias a las desplegadas en aquella película de Steven Soderbergh. Un relato caleidoscópico donde se entrecruzan las peripecias de varios personajes que ni se encuentran ni se conocen, pero cuyos destinos están irremediablemente entrelazados y cuyos actos tienen profundas resonancias en las existencias de los otros. Si en Traffic lo que se trataba de desenredar era la madeja del narcotráfico, ahora sale a la luz un universo aún más oculto y seguramente más terrible: las operaciones encubiertas de la CIA y los intereses de las grandes multinacionales en Oriente Medio, capaces de invocar, como si fueran los jinetes del Apocalipsis, guerras, atentados, matanzas, golpes de estado y conversiones de los más desprotegidos en absurdos fanáticos dispuestos a morir matando.

En cierta manera, el territorio descrito en Traffic era más comprensible, más abarcable y lineal, porque el daño y el dolor estaban constantemente focalizados. Tal vez por ello aquella película se cerraba con una nota de cándida y utópica esperanza que decía que, paso a paso, quizá la madeja pudiera ser desbaratada y destruida. En Syriana no existe ese consuelo, porque la superficie en que nos movemos nos ofusca y confunde constantemente. Sus piezas son las de un puzzle que nunca termina de encajar. Carecemos de brújula para movernos por esas salas de reuniones en las que se habla un críptico lenguaje empresarial, por esas fantasmagóricas ciudades cimentadas en petrodólares que emergen en medio del desierto, por esos rincones donde la tortura es la forma más lógica de obtener información.

"Y quizá ese cine español que tanto se queja debería fijarse en esta Syriana y reconocer que, empeñado como está en contarnos una y otra vez lo terrible que fue la posguerra y lo bonita que fue la Transición, no se está coscando de nada de lo que pasa en el mundo de hoy. Que es, precisamente, de lo que nos habla esta admirable película"

El espectador tendrá siempre la sensación de que le faltan datos, de que no llega a comprender por completo los diálogos ni las cartas en juego. Pero, por otra parte, ¿por qué habría de saberlo? Syriana pone al público frente al espejo de su desconcierto a la hora de descifrar la política actual, le hace ver su incapacidad para posicionarse. Lejos de las viejas tramas de espías donde el conflicto ideológico era la clave, asistimos aquí a una serie de estrategias empresariales que terminan siendo la raíz profunda de toda decisión política. El panorama es bien aterrador, pero Gaghan no recurre a golpes de efecto para amedrentarnos. Le basta la fría divulgación y la procelosa exposición de datos para construir su didáctico curso de iniciación al horror.

Producido, entre otros, por Steven Soderbergh y George Clooney, el filme tiene una modélica hechura que demuestra que el actor y el director, al frente de su compañía Section Eight, están recuperando una tradición de productores ilustrados muy habitual en el cine americano. Autores capaces de apostar por guionistas y director con inquietudes y de generar productos coherentes, personales y terriblemente creativos aunque su nombre no figure necesariamente en los créditos bajo el apartado de dirección. Y quizá ese cine español que tanto se queja debería fijarse en esta Syriana y reconocer que, empeñado como está en contarnos una y otra vez lo terrible que fue la posguerra y lo bonita que fue la Transición, no se está coscando de nada de lo que pasa en el mundo de hoy. Que es, precisamente, de lo que nos habla esta admirable película.

Crítica publicada en el número 6 de Kane3 (marzo 2006)

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