A mediados de los años sesenta en Washington D. C., la vibrante música soul y una situación social explosiva se combinaron creando un efecto único y poderoso. Fue el lugar y el momento de Petey, Greene Jr. reformado exconvicto, reconvertido en un inigualable locutor de radio que con la ayuda de su irrestible novia Vernell Watson, conmocionaría a toda una nación.
Gracias a Dewey, director de programas de la WOL-AM, Petey podrá salvar sus problemas iniciales en la cadena y convertirse rápidamente en un icono de la radio, superando en popularidad a sus compañeros disc-jockeys, Nighthawk y Sunny Jim. Los ácidos comentarios sociales de Petey pronto pondrán en aprietos legales al dueño de la emisora E.G. Sonderling.
Petey fue una figura determinante como voz de la comunidad afroamericana durante este turbulento periodo de la historia americana.
| Don Cheadle | Petey Greene |
| Chiwetel Ejiofor | Dewey Hughes |
| Taraji P. Henson | Vernell Watson |
| Martin Sheen | E. G. Sonderling |
| Mike Epps | Milo Hughes |
| Dirección | Kasi Lemmons |
| Guión | Michael Genet, Rick Famuyiwa |
| Producción | Joe Fries, Mark Gordon, Sidney Kimmel, Josh McLaughlin |
| Producción ejecutiva | Don Cheadle, J. Miles Dale, William Horberg, Joseph Rappa, Bruce Toll |
| Fotografía | Stéphane Fontaine |
| Montaje | Terilyn A. Shropshire |
| Música | Terence Blanchard |

Los agitados sesenta y setenta en el sur de los Estados Unidos, una época convulsa en la que la lucha por los derechos civiles alcanzaba su apogeo, es el telón de fondo sobre el que se estructura la biografía de Ralph Waldo Greene jr (1931-1984), conocido popularmente como Petey Greene, un líder afroamericano de las ondas nacido en uno de los barrios más humildes de la ciudad de Washington y un absoluto desconocido a este lado del mundo. En unos años de protestas y concentraciones masivas contra la segregación racial, su verborrea ácida, hilarante en algún momento y sobre todo descarada hicieron de él y de su programa Rapping with Petey Greene un icono de la libertad entre la comunidad negra de la capital norteamericana. Al menos esa es la leyenda vertida en torno a un tipo carismático que expresaba con un muy personal estilo verbal los temas más comprometidos, aunque ello pusiera en aprieto a la emisora que le catapultó.

La historia arranca en 1966 cuando Petey (Don Cheadle) tenía 35 años y, aunque llega hasta 1982, el comienzo de su declive (muere en 1984), se centra principalmente en sus años de gloria y en la relación de amor-odio que durante ese tiempo mantuvo con su protector y representante Dewey Hughes (Chiwetel Ejiofor), el hombre hecho a sí mismo, para el que el irreverente locutor era lo que a él le habría gustado ser si sus complejos de inferioridad y su abultado aburguesamiento se lo hubiesen permitido (patético resulta a este respecto su revelador proceder al entrar en el plató del Tonight Show de Johnny Carson).
Condenado en 1960 a 10 años de prisión por un atraco, Petey descubre en la cárcel su enorme potencial radiofónico y gracias precisamente a una labia tan deslenguada como natural, el convicto consigue una reducción de condena. Con la libertad a cuestas y el empuje de Vernell (Taraji P. Henson), su estrambótica y decidida novia, Petey lucha por ser contratado en una emisora local de radio. Será su particular tesón el que convenza a Dewey Hughes, el director de programas, para que le de su oportunidad. Allí, entre los sonidos de Sam Cooke, James Brown o las Supremes, Petey da rienda suelta a sus exclusivas disquisiciones.
"Lo realmente destacable de esta nueva biopic es el apropiado ritmo que su directora Kasi Lemmons ha dado a la cinta, la claridad con la que está narrada"

Al principio su exagerado apasionamiento no convence a los responsables de la emisora -el dueño (Martín Sheen) teme ante todo por las consecuencias comerciales-, pero la audiencia manda y cuando convierte a Petey en el rey de las ondas las cosas cambian. A propósito de este extremo, la película reseña un episodio clave que explica de alguna manera la tremenda popularidad y devoción que despertaba el disc jockey entre su legión de seguidores: en la noche del 4 de abril de 1968, el día del asesinato en Memphis de Martín Luther King, las palabras de Petey consiguieron aplacar los ánimos de una ciudad, Washington, que ardía entre grandes disturbios. Pero ¿cuánto de ficción y cuánto de realidad en un guión escrito por el hijo del propio Hughes?
En verdad, vista la película poco importa si Talk to me es un tributo idealizado o una biografía contrastada porque la historia de Petey Greene daba sin duda para una recreación cinematográfica. Sin embargo, el relato es localista y bastante frío y a pesar de la sobresaliente interpretación de Don Cheadle (y de la del resto del reparto) no se llega a sentir al personaje en casi ningún momento. Tal vez por lejanía, quizá porque el cine está lleno de personalidades y producciones similares.

Lo realmente destacable de esta nueva biopic es el apropiado ritmo que su directora Kasi Lemmons (Eve’s Bayou, 1997; Muerte de un ángel, 2001) ha dado a la cinta (sus dos horas de duración se puede decir que vuelan), la claridad con la que está narrada, centrándose la trama sólo en el protagonista, sin sub-tramas sobre otros personajes que normalmente ensombrecen al principal, y el limpio retrato de los vergonzosos acontecimientos de una época donde el asesinato de ciudadanos de color por parte de los blancos era tan frecuente como inmune. Talk to me es la destructiva conducta de un sujeto, cuyo exagerado histrionismo termina anegando su futuro.
Nuria Dufour
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