Tehilim

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Sinopsis

En el Jerusalén de hoy en día, una familia de judíos lleva una vida ordinaria. Pero después de un accidente de coche, el padre desaparece misteriosamente.
Llevan todos su ausencia y los problemas del día al día de la mejor manera posible. Mientras los adultos se refugian en el silencio o las tradiciones, los dos hijos, Menachem y David intentan por su cuenta encontrar a su padre...

Tehilim, the Psalms, son poemas, canciones, lecciones y meditaciones atribuidas al Rey David. Tehilim acompaña a los judíos en su vida cotidiana: bodas, nacimientos, tristeza, dolor y desesperación. Es un texto para humildes y para poderosos. Es la historia de una lucha humana compleja y terrible, así como una forma de redención ejemplar que hay que leer y cuestionar como si fuese una inspiración, una esperanza, una referencia.

  • País:Francia/ Israel
  • Año:2007
  • Estreno:4 de enero 2008
  • Duración:1h.36min.
  • Distribuidora:Barton Films

Intérpretes

Michel Moshonov Menachen
Limor Godstein Alma
Yonathan Alster David
Shmuel Vilojni Eli
Ilan Dar Shmuel
Yoav Hait Aarón
Reut Lev Dvora
Dov Berkovitz El rabino
Illanit Ben Yaakov Oma
Naomi Tzvick La abuela
Robert Hoenig Inspector Kaufman

Ficha Técnica

Dirección Raphaël Nadjari
Guión Raphaël Nadjari, Vicent Poymiro
Producción Geoffroy Grison, Fred Bellaïche, Marek Rozenbaum, Itai Tamir
Coproducción Noah Harlan
Fotografía Laurent Brunet
Montaje Sean Foley
Música Nathaniel Mechaly

Crítica

Filmar el presente

La dificultad de filmar el presente es la de saber atisbar los cambios que se producen a diferentes distancias de nuestro entorno y cómo esas multirrelaciones afectan a una sociedad en todos sus niveles. Puesto que la responsabilidad del cineasta es la de establecer espacios de reflexión a través de la dialéctica, la pregunta que se hace Raphaël Nadjari en su film Tehilim (2007) es la de cómo filmar la problemática de toda una sociedad. El planteamiento es que para filmar lo colectivo, primero hay que comprender lo particular, estudiar lo que sucede en los núcleos más pequeños como es el caso de la familia, reflejo especular de una sociedad polarizada.

En las películas de Nadjari, surgen los conflictos a los pocos minutos. En el caso de su anterior film, Avanim (2004) el conflicto tarda bastante en estallar, pero en el transcurso va tomando diferentes aristas. En Tehilim, los polos opuestos se ven materializados desde casi el comienzo. De hecho, son significativas las primeras imágenes con la lectura del Libro de los Salmos que da título a la película. Hay que establecer una relación dialógica entre estas secuencias de palabras y el instante de la desaparición del padre: pocas veces se ha filmado un accidente de forma tan ligera como la caída de una hoja, un simple deslizamiento distanciado que apenas hace ruido, frente a la pesadez de las voces que leen, superponiéndose entre sí. Entonces, podríamos ver la desaparición del padre en el intervalo en el que el hijo va en busca de ayuda como una evasión, la huída del infierno de la cotidianeidad polarizado. Es tan silenciosa la desaparición que pasa desapercibida como hipótesis para toda la familia.

"La posición de Nadjari es honesta y sincera, nada pretenciosa en su planteamiento. El conflicto surge con naturalidad, donde solo interviene la lógica del sentido común del que mira como testigo"

El aprovechamiento de esta ocasión de escape queda fuera de campo, permitiendo otra lectura más arriesgada: podemos verlo desde un punto de vista histórico, con las desapariciones de los judíos en el Holocausto. En cualquier caso, lo interesante es observar el lúcido seguimiento de Nadjari a su protagonista, un chico en plena adolescencia que busca incansablemente referentes a los que asirse. Menachem ya no puede tomar la mano de su padre, pero tampoco va a encontrar estabilidad en su novia, su madre, su tío o su abuelo. Su problema es de orden ideológico, su familia se parte en dos casi a un nivel político y moral además de religioso. En esos instantes, en los que al dolor se une la tensión, la imposibilidad de establecer relaciones de empatía entre los miembros de la familia, Menachem tiene que afrontar el dolor de la pérdida y actuar como nexo de las partes.

Es entonces cuando el problema del padre se convierte en caleidoscopio donde en el violento movimiento que supone el binomio esperanza de vida- posibilidad de la muerte (la película es la filmación de un misterio, el de la ausencia, como en Shara de Naomi Kawase) y las diversas formas de enfrentarse a la incertidumbre revela las inclinaciones de cada sector: Tehilim trata pues muchas problemáticas, la mayoría de ellas estudiadas por la sociología y la psicología. Sin embargo, no están abordadas desde el punto de vista del sociólogo ni del psicólogo. Cuestiones como las regresiones machistas en torno al papel de la mujer como madre, diferentes posturas ante las prácticas religiosas y la idea del colectivo, las variadas formas de aceptar las adversidades, configuran un potente reflejo del país.

La posición de Nadjari es honesta y sincera, nada pretenciosa en su planteamiento. El conflicto surge con naturalidad, donde solo interviene la lógica del sentido común del que mira como testigo. La distancia a la que filma a los personajes es corta, pero deja que se muevan con ligereza, sin dejar a los actores atrapados en el encuadre. Por otra parte, el trabajo de Laurent Brunet en la fotografía (que también comparte con otros cineastas del reciente cine israelí como Amos Gitai, Keren Yedaya o Karin Albou, y esto prueba su versatilidad) es espléndido. Asombra la destreza a la hora de filmar la ciudad de Jerusalén (tan ausente de tópicos como Tel Aviv en Avanim), los planos nocturnos y sobre todo la forma de filmar en la calle -en algunos casos a una gran distancia de los personajes-, dejando a los transeúntes (¿seguro que son extras?) y el tráfico que ocupen el plano y sean los personajes los que se cuelen en los huecos.

Menachem, debe ser adulto en sus decisiones y responsabilidades en un entorno que no se comporta como tal, encontrando la complicidad en su hermano pequeño. En cualquier caso, consigue ser él quién toma a los demás de la mano y sigue haciéndose preguntas por muy desorientado que nos deje este presente.

Por Francisco Algarín Navarro.

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