Año 2018. Despúes del Apocalipsis. John Connor (Christian Bale) es un hombre destinado a liderar la resistencia humana frente a Skynet y a su ejército de Terminators. Pero el futuro para el que Connor ha sido preparado y en el que cree es alterado en parte por la aparición de Marcus Wright (Sam Worthington), un extranjero que tiene como último recuerdo el haber estado en el corredor de la muerte.
Connor tiene que decidir si Marcus ha sido enviado desde el futuro o rescatado del pasado. Al mismo tiempo que Skynet prepara su ataque final, Connor y Marcus se embarcan en una odisea que los lleva al centro de operaciones de Skynet, donde descubren el terrible secreto que se esconde detrás de la posible aniquilación de la raza humana.
| Christian Bale | John Connor |
| Sam Worthington | Marcus Wright |
| Anton Yelchin | Kyle Reese |
| Bryce Dallas Howard | Kate Connor |
| Moon Bloodgood | Blair Williams |
| Dirección | McG |
| Guión (basado en los personajes deJames Cameron y Gale Anne Hurd) | Michael Ferris y John Brancato |
| Producción | Moritz Borman, Derek Anderson, Victor Kubicek y Jeffrey Silver |
| Producción Ejecutiva | Peter D. Graves, Bahman Naraghi, Mario F. Kassar, Andrew G. Vajna, Joel B. Michaels, Dan Lin y Jeanne Allgood |
| Fotografía | Shane Hurlbut |
| Montaje | Conrad Buff |
| Música | Danny Elfman |

Rubén García López
Hay hacia el primer cuarto de hora de Terminator Salvation un plano llamativo si bien no especialmente espectacular: la cámara sigue desde fuera el ascenso del helicóptero pilotado por John Connor (Christian Bale) mientras la arena y tierra dispersada por las bombas lo rodean. La cámara, flotante en el exterior, avanza hasta entrar y detenerse, siempre con esa sensación de estar flotando suspendida en un punto del espacio, detrás de los asientos donde Connor intenta hacerse con el control de los mandos. El detallado sonido de los innumerables granos de tierra que chocan contra el aparato domina la banda sonora y al otro lado de los cristales solo se percibe la más absoluta tormenta. Enseguida resulta obvio que Connor no puede controlar la máquina, y ésta cae. La cámara, como un fantasma ingrávido, no se mueve de su sitio. El motor se detiene. Connor se quita el cinturón... y cae hacia arriba. El helicóptero está boca abajo.

Este es un plano único en un film que hace uso de manual en todas sus escenas de acción, tanto al menos como en la caracterización dramática de sus personajes. Su espectacularidad es reducida, no ostenta su presupuesto tanto como las grandes panorámicas o explosiones, y sin embargo en él se encuentra quizás el quid de lo que este cine (comercial, espectacular, de gran presupuesto, "de acción"... como quieran llamarlo) podría ofrecer: la experiencia de algo así como un "imposible cinematográfico", de lo que es imposible que no tanto la realidad filmada, como la propia realidad que ejecuta el acto de filmar, pueda realizar.
Este plano imposible, en el casi inicio de una película, sienta la esperanza de algo que empero nunca acontece. Terminator Salvation nunca va más allá de la introducción en la mitología iniciada por James Cameron de un prototipo de cyborg inesperado hasta para el mismo implicado, que nada añade en sentido alguno a la saga, que se decide finalmente a entrar en los terrenos del cine futurista iniciando una nueva serie destinada a glosar la inacabable- ¿apuestan algo?- guerra del hombre contra la máquina.
"El único modo de significar este film de algún modo en la memoria es precisamente mediante su vinculación a la saga de Terminator. Y la única gracia al respecto, tal vez, sea solo la afirmación de que, en el futuro, los Guns´n´roses seguirán sonando (yeah!). O no..."

El caso es que en planos como el citado ésta ya estaría en parte resuelta, si no fuese porque el resto de la película no escucha. Se suele hacer mal al quejarse de la vacuidad del cine comercial, o por lo menos no se suele ser constructivo; acaso habría que empezar más bien a criticar que no se entregue con el entusiasmo - y rigor, por favor- debido a lo excesivo de sus posibilidades y prefiera en cambio acabar siempre abrazando la convencionalidad sentimental de una humanidad decadente que solo quiere ver las mismas historias y conflictos personales repetidos una y otra vez en todas las épocas y espacios. No se trataría tanto de deshumanizar como de mostrar otra humanidad distinta a la que empaña vergüenzas como el Star Trek (2009) de J. J. Abrams.
Prácticamente solo el cine espectáculo, el cine eufemísticamente llamado "de acción" y de alto presupuesto puede ofrecer escenas así, un plano imposible que desbarata no tanto la verosimilitud de lo que acontece tanto como del modo en que se lo muestra. Lo sorprendente no es la caída del helicóptero, sino el modo en que la cámara se mantiene flotando en el mismo punto a pesar de todo lo que pasa, sin hacerse la enterada, indiferente a la acción si no fuese porque su inmovilidad llama más aún la atención sobre el caos de la escena constituyéndose en una pura experiencia sensorial de éste, finalmente confirmado gracias a la imperturbabilidad de la toma frente a la realidad del helicóptero boca abajo.

Ahí radica lo único interesante de esta película (y dura demasiado poco), no en sus personajes y situaciones, las dudas de los héroes, las peleas de los líderes, las preguntas sobre la humanidad de seres de ambigua naturaleza, todo visto ya en innumerables obras a las cuales ninguna novedad aportan. El único modo de significar este film de algún modo en la memoria es precisamente mediante su vinculación a la saga de Terminator. Y la única gracia al respecto, tal vez, sea solo la afirmación de que, en el futuro, los Guns´n´roses seguirán sonando (yeah!). O no...
03/05/2009
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