Bennie (Alden Ehrenreich), de 17 años, un adolescente inexperto e ingenuo llega a Buenos Aires para buscar a su hermano mayor, desaparecido desde hace más de diez años, el cual antes de desaparecer juró que jamás volvería a tener contacto con nadie de su familia. Procedían de una familia de inmigrantes italianos afincada en Argentina, pero debido al gran éxito musical de su autoritario padre, Carlo (Klaus María Brandauer), reconocido director de orquesta, se trasladan a Nueva York.
Cuando Bennie encuentra a su hermano, el brillante y melancólico escritor Tetro (Vincent Gallo), éste no le recibe precisamente con los brazos abiertos. Ya no es el ídolo de su infancia, el Tetro de ahora es distante y autodestructivo que cambió su nombre y ya no escribe. Anda con muletas después de un accidente en el que se quedó hipnotizado con los faros de un autobús que venía hacia él. Rechazado por su hermano, Bennie busca consuelo en la novia de Tetro, Miranda (Maribel Verdú).
| Vincent Gallo | Tetro |
| Maribel Verdú | Miranda |
| Alden Ehrenreich | Bennie |
| Klaus Maria Brandauer | Carlo |
| Carmen Maura | Alone |
| Rodrigo De la Serna | José |
| Leticia Brédice | Josefina |
| Mike Amigorena | Abelardo |
| Dirección, Guión y Producción | Francis Ford Coppola |
| Diseño de Producción | Sebastián Orgambide |
| Montaje | Osvaldo Golijov |
| Producción Ejecutiva | Anahid Nazarian y Fred Roos |
| Fotografía | Mihai Malaimare Jr. |
| Montaje | Walter Murch |
| Dirección Artística | Ferico G. Camperro |

Nuria Dufour
La familia y su desintegración se cuelan de nuevo en la filmografía del director norteamericano y lo hacen a través de una historia de rivalidades y egos, de la que Francis Ford Coppola es autor absoluto (no había filmado un guión propio desde que en 1974 dirigiera La conversación, cuya versión televisiva se rumorea prepara la cadena de cable AMC). Siguiendo al dedillo el esquema del melodrama, el guión se retuerce hasta el desconcierto y casi la incomprensión. Y coloca, como detonante y motor de la cuestión principal, y en el centro de ella, otra trama paralela, flashbacks en color desteñido, a la que acompañan los acordes de una ópera (Los cuentos de Hoffmann) y las imágenes de su versión fílmica (Michael Powell y Emeric Pressburger, 1951). En El Padrino III la representación de otra ópera, Cavalleria rusticana, escoltaba también la tragedia.

Buenos Aires, blanco y negro, dos hermanos de padre se reencuentran por la necesidad, o el ímpetu, de Bennie, el más pequeño. El mayor (Vincent Gallo), escritor frustrado, huyó tiempo atrás de la familia, con un secreto, y el deseo de una ruptura definitiva, estableciéndose en la capital argentina, la de sus antepasados. El recuerdo de un padre autoritario (Klaus María Brandauer, filmado con desmesura y en colores difuminados), prestigioso músico, que se sabe único, ha marcado la vida de Tetro hasta atomizarla. "Solo puede haber un genio en la familia", le dice en una ocasión, reprimiendo con ello las aspiraciones artísticas del muchacho.
Los minutos iniciales, soberbios, animan a seguir mirando, con muchas ganas, lo que acaba de empezar a sugerirse: un joven, con atuendo marinero, recorre a paso decidido unas calles solitarias. La cámara, prácticamente estática, le acompaña en su camino. De fondo, una pintada callejera, "no sueltes la soga que me ata a tu alma", explica mucho de lo que va a suceder. El joven continúa andando. Llega al piso de su hermano Tetro, pero le recibe Miranda (Maribel Verdú), una mujer que conoce muy bien los mundos del huraño protagonista y que mediará entre ellos. Comienza entonces a trenzarse un drama tan caudaloso que, en algún momento, empuja a que la obra se disfrace de mala comedia.
"Lo que hace recomendable esta película es su carácter especial, su naturaleza atípica y su voluntad personal. De hecho, Coppola ha reconocido en la ficción elementos familiares"

Si en la maestra La ley de la calle (Rumble Fish, 1983), a la que evocan las primeras imágenes de ésta, la relación de Rusty James y su hermano, el chico de la moto, crecía fotograma a fotograma, aquí el vínculo argumental entre Tetro y Bennie se volatiliza en cuanto se plantea. Vaga sin rumbo. Y lo peor es que a medida que la intriga se acerca el desenlace, el espectador ya hace rato que resolvió la incógnita, una incógnita, además, demasiado endeble.
In crescendo, se apodera de una la sensación de estar viendo todo aquello bajo el efecto de una lupa (aunque seguro que algo tuvo que ver la incómoda proyección en digital del pase). Es tal la exageración desplegada en la crónica de este (in)esperado reencuentro, que las interpretaciones (fantástico el trío protagonista), embuchadas en personajes desorbitados, se deforman hasta emborronarse. Y el teatro, a través de un texto que el pequeño roba al grande, se cuela en el abstracto infortunio de los Tetrocini (como abstracta era también la anterior producción del director, Youth Without Youth, una propuesta al margen del circuito comercial), provocando el extravagante desencadentante del acto final. Una excusa dramática desproporcionada que conduce una crítica literaria (Carmen Maura) más excéntrica, si cabe, que la historia.

Lo que hace recomendable esta película es su carácter especial, su naturaleza atípica y su voluntad personal. De hecho, Coppola ha reconocido en la ficción elementos familiares. Gran cineasta "de autor", como le gusta definirse al director, al servicio de un relato que lamentablemente se despedaza en el último tramo, dejando al descubierto un guión débil, vacío e improvisado. Un guión que, quizá intencionadamente, se olvida de los personajes antes de que el telón de por finalizada la función. Sin embargo, me atrevería a decir que Tetro es de esos títulos a los que el paso del tiempo no juega en contra.
23/06/2009
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