
Un festival de cine no se redume, como muchos pudieran pensar, a una selección de largometrajes que se programan dentro de una única y exclusiva sección de cine. Un festival de cine es lo que dice su nombre, una gran fiesta cinematográfica. Pero hay fiestas y fiestas, es decir, secciones y secciones, y he de reconocer que desde 1996, primer año en que asistí asombrado y emocionado a esta semana de cine, mi interés cada vez ha ido decantándose más y más por una de las secciones del festival. Me refiero a "Tiempo de Historia", una amalgama de documentales que me hacen vibrar desde la butaca, bien mediante risas desproporcionadas, gestos mohínos o cabreos monumentales. Es, sin duda, una caja de sorpresas.
Por Rafael Arias Carrión

Y sin duda lo es, porque la primera película de esta sección a la que asistí era la para mí, esperadísima, Argentina latente, de Fernando Pino Solanas. Tercera parte de su tetralogía sobre la Argentina post diciembre 2001, momento del pucherazo en que muchos bancos se largaron del país con el dinero de los ciudadanos de a pie, Argentina latente es, tras la maravillosa Memorias del saqueo y la imprescindible y emocionante La dignidad de los nadies, un completo fracaso, una película que solo se puede comprender desde la perspectiva de conocer las anteriores, pero cuya perspectiva se desvirtua si se ve como película autónoma, pues no es más que un enorme y plúmbeo catálogo de los recuros que posee la gran Argentina, desde petróleo y su central nuclear hasta mares, hielos, enormes bosques y un enorme catálogo de riqueza minera. Es decir, mezclarlo todo para afirmar que son los demás los que no han dejado a la gran Argentina desarrollarse.

En cambio Regreso a Normandía de Nicolas Philibert, conocido por aquí por esa pequeña maravilla titulada Ser y tener (2002), aunque yo admiré igualmente Le pays du sourds (1992), ha acertado plenamente al realizar una visita a los actores no profesionales que participaron en la película de René Allio Yo, Pierre Riviere (1976). Con todos sus defectos, desde una premisa no satisfactoria, principalmente porque los protagonistas de la película apenas recuedan otra cosa que anécdotas, hasta un final tan emotivo como falso, la película de Philibert sí tiene dosis de emoción y se vertebra en un abanico de posibilidades inmensas, desde la propia percepción de los protagonistas sobre el tiempo pasado hasta la percepción de un director que en 1976 fue ayudante de dirección de la película de Allio. Sin duda, una pequeña pero emocionante película que la emparenta con películas como Innisfree (1990) de José Luis Guerín.

Los ladrones viejos. Las leyendas de Artegio de Everardo González recorre las apasionantes y apasionadas vidas de los ladrones de guante blanco en el México de finales de los 60 y la década de los 70. Mezcla imágenes de archivo con imágenes de los protagonistas, personas con un férreo código de honor en donde el robo era una cuestión de principios, en donde la violencia era inexistente, en donde el robo consistía en una lucha de inteligencias. Sin duda, como sucede casi siempre, la parte en donde los ya casi ancianos protagonistas de los robos recuerdan sus fechorías son las más emocionantes, sobre todo por dos anécdotas, la primera de las cuales retrata cómo uno de ellos le levantó la cartera al mismísimo presidente de la república mexicana Luis Echevarría (1970-1976) y cómo a este mismo presidente le levantaron joyas y dinero sin saber los ladrones en qué casa entraban.
Un lugar en el cine de Alberto Morais Foruria pretende ser un retrato de una época, el neorrealismo, y un personaje, Pier Paolo Pasolini, visto a través de las miradas del director griego Theo Angelopoulos y del español Víctor Erice. El mayor escollo con el que se encuentra el joven director es la fuerte personalidad de los directores que vertebran el relato, por mucho que éstos puedan aportar información y reflexión sobre ese espacio del pasado en el que muchos pretenden mirarse, y sobre la figura icónica e impagable de Pier Paolo Pasolini, representante de un cierto cine de barricada, cine de lucha y denuncia. Si bien el conjunto queda desestructurado, no es así en muchos momentos emotivos e inteligentes, como el recorrido por las calles romanas mostrando los lugares por donde medio siglo antes Rossellini, De Sica, Visconti rodaban sus películas. Igualmente es admirable la coherencia del dicurso tanto de Erice como de Angelopoulos, aunque tratar de mostrarlos como dos dos directores de resistencia se quede en la palabra.

El paraíso de Hafner de Günter Schwaiger es el retrato, una vez más, de un nazi refugiado en la España franquista tras la derrota de Alemania en 1945. España, en aquellos años, fue nido de alemanes que encontraron en el régimen franquista a un protector. Lo mejor de este documental es el discurso de un nazi que, todavía hoy niega el Holocausto, y justifica los campos de concentración como lugares creados para que los judíos no sufrieran los bombardeos que padecieron los alemanes a manos aliadas. Verlo para creerlo. Pero sin duda, hay una imagen perdurable, como bien comenta mi amigo Marcos Méndez en Kane3, en donde junto a una mesa y un bol de cereales descansa la imagen de Esperanza Aguirre. Sin duda, el personaje es el documental.
En plural, es decir los personajes son el documental puede apreciarse en Mentalidad americana de Paul van den Boom, retrato de la era Bush post 11S, en donde la voz la tienen las personas. Una hora de documental, una hora de voces diversas, unos defendiendo la política de Bush, otros acusándole de ser un genocida. Es muy interesante que el discurso tenga sus capítulos, pues es dentro de ellos como discurren las declaraciones.

Personalmente me pareció esclarecedor las numerosas afirmaciones sobre cómo Bush había tejido una red religiosa en la que la moral y la religión van unidas de la mano, de tal forma que la separación entre Iglesia y Estado, uno de los más importantes ejes de las democracias occidentales, queda completamente roto. Admirable por su sencillez lo son algunas de las personas que hablan con voz propia en una película que muestra al pueblo estadounidense como desconcertado, descoordinado y sin capacidad de reacción sobre qué bases sustentar el american way of life.
Si comentábamos más arriba que los personajes son el documental, en Memorias de una guerrillera, retrato de la guerrillera Remedios Montero -una de las protagonistas de la novela La voz dormida de Dulce Chacón -, en donde los personajes desde el presente recuerdan toda una dura vida de película. El lastre acontece cuando se recrean escenas del pasado. Actores que declaman diálogos imposibles, escenas impensables y fallos históricos se dan la mano lastrando un documento tan emotivo como memorable.

Hecho en Los Ángeles de Almudena Carracedo y Robert Bahar es, en sus 70 minutos de duración, un excelente ejemplo de concisión. En sus historias, que abarcan la toma de conciencia de las mujeres inmigrantes y trabajadoras en grandes empresas de la costura, en un país del que desconocen sus derechos laborales mínimos y en donde son explotadas, Almudena y Robert se centran en tres de estas mujeres y sus luchas laborales a lo largo de nada menos que tres años. Modélica por su enorme labor de montaje y porque consigue trascender el trabajo de costurera, el hecho de ser inmigrante y el de ser además mujer, para abarcar la necesidad de que los trabajadores conozcan que, aunque mínimos, tienen derechos en Estados Unidos y que los consumidores, una vez más, exijamos conocer todos los procesos y lugares de fabricación de los productos que compramos.
3/11/2007
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