Leonard (Joaquin Phoenix), es un apuesto aunque trastornado joven que regresa al hogar de su infancia tras fracasar en su intento de suicidio. Mientras se recupera ante la atenta mirada de sus preocupados padres, incapaces de entenderle, se cruza con dos mujeres.
Una de ellas es Michelle (Gwyneth Paltrow), una bella vecina con halo misterioso y exótico, alguien fuera de lugar en un contexto como el del aburrido vecindario de Brighton Beach (Brooklyn) donde Leonard tiene las raíces. No obstante, no va a tardar en descubrir que también ella es alguien con serios problemas.
Entretanto, sus padres tratan de establecer una relación entre él y Sandra (Vinessa Shaw), la encantadora y bondadosa hija del hombre de negocios suburbano que está comprando el negocio familiar de limpieza en seco. Resistiéndose inicialmente al atractivo de ella (y a la presión ejercida por su propia familia), Leonard descubrirá gradualmente la oculta profundidad de Sandra.
| Joaquin Phoenix | Leonard Kraditor |
| Gwyneth Paltrow | Michelle Rausch |
| Vinessa Shaw | Sandra Cohen |
| Moni Moshonov | Reuben Kraditor |
| Isabella Rossellini | Ruth Kraditor |
| John Ortiz | José Cordero |
| Bob Ari | Michael Cohen |
| Julie Budd | Carol Cohen |
| Dirección | James Gray |
| Guión | James Gray y Ric Menello |
| Producción | Donna Gigliotti, James Gray y Anthony Katagas |
| Producción Ejecutiva | Marc Butan, Mark Cuban, Agnès Mentre y Todd Wagner |
| Fotografía | Joaquín Baca-Asay |
| Montaje | John Axelrad |
| Diseño de Producción | Happy Massee |

Nacho Cabana
No resulta demasiado complicado repensar Two Lovers como una comedia romántica. Habría que cambiar algunas cosas, evidentemente, pero no demasiadas. No en vano, tenemos a un hombre (Leonard Kraditor interpretado por Joaquin Phoenix) entrando en la cuarentena que se tiene que decidir entre dos mujeres: Sandra Cohen (Vinesa Shaw) y Michelle Raush (Gwyneth Paltrow). La primera es la elegida por su familia y la segunda es de quién él se encuentra realmente enamorado. El devenir del protagonista entre uno y otro amor constituirían el grueso de la hipotética comedia en la que, al final, veríamos triunfar al amor verdadero: Leonard correría contra reloj en busca de su amada que sonreiría al verle llegar al aeropuerto con un anillo de compromiso en la mano.

Pero... ¿Y si no es así? ¿Y si en la vida no puedes tener a la mujer a la que amas realmente y te tienes que conformar con la que tu familia ha elegido para ti? ¿Y si esta opción no es necesariamente negativa? ¿Y si el pasado pesa tanto en tu vida que un amor acomodado puede darte un futuro más feliz que un presente anclado en una juventud eterna y caducada?
Esta son básicamente los interrogantes que se plantea James Gray en su último largometraje que llega a nuestras pantallas justo dos años después de su presentación en el festival de Cannes. Una historia de amor a dos bandas en la que el protagonista no tiene todas las opciones al alcance de su mano, en la que el amor no lo puede conquistar todo, en la que no existe el destino si no sólo un hombre marcado por un fracaso sentimental que vive el espejismo de poder elegir su amor futuro pero que al final ve como su única opción es abrazar lo posible o la nada. Y esta elección final no es presentada, en ningún caso, como una resignación o un fracaso. Quizás Leonard sea con Sandra mucho más feliz que lo que hubiera sido con Michelle, aunque sólo su madre (estupenda una Isabella Rossellini, físicamente lista para un remake de Sonata de otoño) sepa realmente lo que ha ocurrido de verdad en el transcurso de la fiesta/clímax.
"Una película algo triste, fotografiada en preciosos tonos gris azulados, muy bien dirigida y sobre todo desacostumbradamente adulta para lo que cine estadounidense con estrellas nos tiene acostumbrados".

Gray incorpora al personaje principal de su relato (inspirado en la novela de Dostoyevski, Noches blancas) un trastorno bipolar que refleja y justifica la dicotomía de su vida amorosa al tiempo que hace sobrevolar sobre toda la película la amenaza de una catástrofe que nunca llega a producirse (o, más bien, acaece nada más comenzada la proyección) tiñendo de un cierto fatalismo cada una de las acciones de su protagonista.
Joaquin Phoenix, en su última interpretación antes de convertirse en su álter ego rapero (personaje con el que se ha paseado por el mundo durante un año y que felizmente acaba de abandonar) da vida a Leonard con contención, sobriedad e intensidad. A su lado, tanto Paltrow como Shaw le dan la réplica con solvencia y credibilidad si bien sus personajes se resienten de estar al servicio del conflicto de Phoenix y de no tener demasiada entidad en sí mismas.

Como ocurría con la mayoría de los amantes/novios de Samantha y compañía en Sexo en Nueva York, los dos vértices del triángulo femenino de Two Lovers actúan y se comportan en función de las necesidades dramáticas del protagonista masculino y no según las propias. Y si en el caso de Michelle/Paltrow al menos sus cambios de actitud están justificados (aunque da la impresión de que sus problemas con las drogas sintéticas se han quedado fuera en el montaje final) Sandra/ Shaw está demasiado forzadamente al margen de los movimientos pendulares del corazón y la cabeza de su novio (¿no reacciona, no se da cuenta de que Phoenix abandona su fiesta para ir en busca de la Paltrow?).
Un "pero" que, afectando al conjunto, no merma en exceso una película algo triste, fotografiada en preciosos tonos gris azulados, muy bien dirigida y sobre todo desacostumbradamente adulta para lo que cine estadounidense con estrellas nos tiene acostumbrados.
02/05/2010
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