El cartel de MATCH POINT se presenta compuesto de blancos y negros, de rostros y palabras, de luces y sombras, de miradas y silencios. Todo esto (dis)puesto sobre un lienzo de la época cubista de Mondrian, o incluso, por qué no, sobre un tablero (asimétrico) de ajedrez con tan sólo seis casillas. Cada una de ellas contiene un destino. Pero todas pertenecen al mismo juego. A la misma película.

El blanco de la sección superior crea una impresión luminosa de vacío, de positivo infinito. Allí aparece escrito Pasión, Tentación, Obsesión junto al rostro de Scarlett Johansson, perfilado sobre una luz irradiante la cual mantiene el poder del contraste entre blanco y negro.
Debajo, como bloque central de la composición y, en contraste, se extiende un tapiz negro que cubre todo el espacio. Unos nombres y un rostro entrecortado irrumpen esta superficie sombría: son los actores enumerados alfabéticamente, el director Woody Allen, y la figura de Jonathan Rhys Meyers, el protagonista. El título de la película, en mayúscula, funciona como eslabón con la tercera y última sección, que vuelve al blanco; títulos de crédito junto a una imagen que cuenta una historia por sí misma a pesar del silencio fotográfico. Su luz, de nuevo es blanca, saturada, cruda, como un océano o como la reminiscencia de la orilla del río. Aunque, al mismo tiempo, es irreal, vacía sin atmósfera, como si hubiese venido de otro litoral. Pero sabemos que es Londres, -eterno destino construido en la ribera del Támesis-, por las fortalezas del fondo, evidente evocación de la realeza inglesa.
Merece la pena detenerse y comentar la manera, tan estratégica, en la que se ha colocado MATCH POINT: dos palabras mayúsculas asignadas cada una en un campo, separadas por esa red que proclama al vencedor y al vencido. Partido, -MATCH-, aparece teñido en rojo, como única nota de color: como clave de revolución, acción, de la pasión arriba enunciada...
Desde el punto de vista cromático, aquí el blanco representa lo absoluto, la unidad, significa paz. El negro, por el contrario, pese a ser símbolo de elegancia, también encarna el error, el mal, el misterio y en ocasiones es maligno. Entre medias, está el gris. Para escribir los nombres de los actores. Gris, como el cielo de Londres. Centro de todo entre la transición del blanco y el negro. Simboliza neutralidad. El color gris es una fusión de alegrías y penas, del bien y del mal. Es "MATCH POINT".
En cuanto a la composición, vemos unos primeros planos violentamente iluminados desde el exterior que resaltan dos rostros tan expresivos que transmiten esa poderosa interioridad a la que Amélie Nothomb alude en su novela cuando menciona que ... Nada hay en el mundo más incomprensible que los rostros o, mejor dicho, algunos rostros: un conjunto de rasgos y de miradas que, de pronto se convierte en la única realidad, el enigma más importante del universo... [1] En el cartel, las expresiones de nuestros intérpretes las contemplo con hambre y sed, como si un mensaje codificado estuviera escrito en sus facciones. Sus perfiles están bañados por una luz que parece anunciar un evento inesperado: "MATCH POINT".
Para terminar este partido/a, retomo la idea de ajedrez: entendido como juego de lógica, estrategia y concentración. Concebido como remolino emocional, vértigo mental. Un muro de silencio que separa y une a los oponentes. Como en éste, nuestro cartel del mes.
Blancos y negros, rostros y palabras, luces y sombras, miradas y silencios dispuestos en un tablero donde se dispone la posibilidad de derrota, de reconocimiento, de Jaque Mate... De desbordamiento de sentimientos, ideas y emociones. 123 minutos de cinta repartidos en las casillas de un cartel.
[1] Amélie Nothomb: Cosmética del enemigo, 2003Artículo publicado en el número 3 de KANE 3 (diciembre 2005)
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